Mostrando entradas con la etiqueta Metaliteradura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Metaliteradura. Mostrar todas las entradas

6 ago 2016

Qué hacemos con la literatura (5 de 5)


Nunca hay que olvidar. Nunca hay que olvidar cuál es la función que ha realizado la literatura en su Historia para nunca dejar de comprender el rechazo que pueda provocar en ciertas culturas. En esta línea el testimonio de Rigoberta Menchú, líder indígena guatemalteca, contenido en Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia (Burgos, 1983), resulta muy trasparente. Lo primero que hay que destacar es que ella no ha escrito su autobiografía, sino que la ha realizado una periodista a partir de entrevistas. Y no la ha escrito Menchú precisamente por la desconfianza que a la indígena le produce la literatura. Porque, como dice en el libro, los indígenas americanos no quieren ir a la escuela, pues lo que enseñan en la escuela es la cultura de sus invasores. No quieren leer libros, porque lo que para nosotros es sinónimo de cultura, para ellos representa la opresión. No quieren saber nada de la literatura, porque no sólo les impone una visión del mundo que no es la propia, sino que además esa visión del mundo ha legitimado la destrucción de su mundo. ¿Qué aprecio pueden tener por un soneto de Garcilaso si con eso llega la destrucción de su vida? 

- Qué hacemos con la literatura, de David Becerra, Raquel Arias, Julio Rodríguez y Marta Sanz (Akal. Madrid: 2013).

4 ago 2016

Qué hacemos con la literatura (4 de 5)

Compañeros de Takiji Kobayashi velan su cuerpo tras ser torturado y asesinado por la policía (1933)
Sin embargo, hoy más que nunca, tenemos un problema. Resulta ciertamente complicado producir un discurso disidente en un momento histórico en el cual el capitalismo muestra su rostro más totalizador y parece haber conquistado todos los espacios para el ejercicio de la libertad. Debido a que nos encontramos en una coyuntura en que la correlación de fuerzas se presenta en su forma más asimétrica y todos estamos penetrados por la ideología capitalista -y que la metáfora se interprete como se quiera-, hay que realizar un sobresfuerzo para ser conscientes y producir un discurso contrahegemónico.

La literatura, como se ha dicho, tiene un gran poder de legitimación social y, a causa de ello, desempeñó un papel fundamental en el ascenso al poder de la burguesía. Por esta razón no sólo no hay que desmerecer su potencial, sino que además, desde la izquierda, tendremos que reivindicar la presencia en el debate social de una literatura que pretenda desenmascarar el radical funcionamiento del capitalismo y mostrar los mecanismo ideológicos que nos conducen a aceptar nuestra explotación. 

- Qué hacemos con la literatura, de David Becerra, Raquel Arias, Julio Rodríguez y Marta Sanz (Akal. Madrid: 2013).

3 ago 2016

Qué hacemos con la literatura (3 de 5)


En efecto, la integración del autor en la industria editorial -la profesionalización del escritor- volatiza la noción romántica del escritor solo, introvertido y tercamente atrincherado en sus principios estéticos. Igualmente se ha extinguido la posibilidad de comprometerse socialmente desde la literatura, como asimismo queda anulada la vertiente de la literatura pura situada en el marco de la sensibilidad trascendental. La dicotomía pureza/compromiso, en tanto que prolongación de la dialéctica romántico-kantiana de la modernidad, se ha descompuesto debido a que, como señala Juan Carlos Rodríguez, «casi todos los escritores están comprometidos hasta los tuétanos con el sistema capitalista», lo que ha provocado que «el pathos, la creencia pasional en la literatura a vida o muerte, ha desaparecido sin duda» [...] La profesionalización del autor es un fenómeno que, como señala Francisco Caudet, encuentra su causa primera en la colonización por parte del mercado del espacio reservado a a literatura.

- Qué hacemos con la literatura, de David Becerra, Raquel Arias, Julio Rodríguez y Marta Sanz (Akal. Madrid: 2013).

11 jul 2016

Qué hacemos con la literatura (2 de 5)

El texto literario, por tanto, y frente a las nociones idealistas de la literatura, contiene un «mensaje», entendido este como el intento por parte del autor de imponer o compartir un concepto del mundo a sus lectores. Porque los textos literarios están insertos en -y plantean en sí mismos- una posición de clase. Pero paradójicamente la eficacia en la transmisión del mensaje está directamente relacionada con la idea de que la literatura no contiene ningún tipo mensaje. Basta con leer en las páginas culturales de la prensa generalista actual el modo en que los autores, de manera más o menos inconsciente, definen su trabajo negando la presencia de cualquier atisbo ideológico en su obra; respuestas del tipo «yo no impongo nada a nadie, yo no transmito ningún mensaje, yo no tengo ninguna visión del mundo, yo no soy un mesías, yo no vengo a salvar a nadie; yo solamente juego con las palabras y la gente se entretiene», son prototípicas del grueso de autores que en la actualidad escriben y que creen salvar su literatura presentándola como no ideológica. Sin embargo, acaso inconscientemente, sí se está perpetuando una visión del mundo muy concreta por medio de ese artefacto, aparentemente inocente, denominado literatura. La percepción que los autores tienen de su profesión participa en esta construcción idealista de la literatura que nos oculta su función social.

- Qué hacemos con la literatura, de David Becerra, Raquel Arias, Julio Rodríguez y Marta Sanz (Akal. Madrid: 2013).

9 jul 2016

Qué hacemos con la literatura (1 de 5)

Inauguramos con este post una serie de cinco publicaciones sobre Qué hacemos con la literatura, ensayo breve sin apenas desperdicio que publicó Akal en 2013 y que firman David Becerra, Raquel Arias, Julio Rodríguez y Marta Sanz.


Leemos en la página 15:

Para dejar de comportarnos como lectores adolescentes es preciso hacernos conscientes de todo lo dicho y arrancarle el velo idealista a la literatura para tratar de acercarnos a lo que sería en realidad: el producto ideológico de unas condiciones históricas concretas o, como quieren Balibar y Macherey (1976: 44)*, un operador privilegiado en el proceso de reproducción ideológica. Aunque no es este el lugar para ofrecer un repaso histórico que visibilice cómo la literatura ha ido acompañando a la burguesía en su lucha por el poder, desde el siglo XV hasta la actualidad, resulta imprescindible subrayar que la literatura no es un objeto autónomo y radicalmente separado de la coyuntura histórica en que se produce. No existe literatura inocente. Todas las formas de discurso -independientemente de que este sea literario o no- contienen siempre ideología.

* BALIBAR, Etienne y MACHEREY, Pierre (1976): «Sobre la literatura como forma ideológica», eb Louis Althusser et al., Para una crítica del fetichismo literario, Madrid, Akal, pp. 23-46.

6 jul 2014

Walter Benjamin, sobre la novela


La propagación de la novela solo se hace posible con el descubrimiento del arte de imprimir. El mensaje oral, el patrimonio de la épica, es de otra índole que aquello que constituye lo propio de la novela. Separa a la novela, frente a todas las demás formas de la creación prosaica -el cuento, la leyenda, incluso el relato breve-, el hecho de que ni proviene ni se dirige a una tradición oral. Sobre todo, sin embargo, que es contraria al narrar mismo. El narrador toma lo que narra de la experiencia, sea la propia o una que le ha sido transmitida. Y la transmite como experiencia para aquellos que oyen su historia. El novelista, en cambio, se ha aislado. El lugar de nacimiento de la novela es el individiuo en su soledad, que ya no puede referirse, como a un ejemplo, a los hechos más importantes que le afectan; que carece de orientación y que no puede dar consejo alguno. Escribir una novela significa exponer en su forma extrema, en la exposición de la vida humana, lo inconmensurable.

- Walter Benjamin. Sobre el programa de la filosofía futura y otros ensayos. Editorial Monteávila. Venezuela, 1970. Traducción de Roberto J. Vernengo. Página 204.

3 dic 2013

Escribir

ESCRIBIR es como la segregación de las resinas, no es acto, sino lenta formación natural. Musgo, humedad, arcillas, limo, fenómenos del fondo, y no del sueño o de los sueños, sino de los barros oscuros donde las figuras de los sueños fermentan. Escribir no es hacer, sino aposentarse, estar.

José Ángel Valente

3 dic 2012

El látigo del escritor


Tener un carácter compulsivo puede acabar con alguien con la misma facilidad con que puede salvarlo. El novelista ha de ser obsesivo y a la vez ser indiferente. Van Gogh no vendió un solo cuadro en su vida. Poe cultivó la poesía y la ficción, y vendió muy poco. La obsesión solo sirve si arrastra al escritor no al suicidio, sino a la realización de espléndidas obras de arte, y si le permite, además, tomarse con indiferencia que la novela venda o no, que sea o no apreciada. La obsesión constituye un problema tanto para el novelista como para sus amigos; pero ningún novelista, creo yo, puede disfrutar sin ella. Junto al campesino que lleva dentro, en todo novelista tiene que haber un hombre con un látigo.

- Para ser novelista, de John Gardner (Talleres de Escritura Fuentetaja, 2001)

29 nov 2012

Houellebecq, Joubert, los libros y Uriarte


He pasado la semana entre libros y, nada más tomar la autopista y ver la hierba, los árboles y las vacas, he recordado una frase de Houellebecq. Es una tontería, pero por algo la recuerdo: "Quienes aman la vida no leen libros ni van al cine". Una boutade, pero cuyo significado entiendo. A la vez me ha venido a la cabeza una frase de Joubert, otra boutade: "Aquellos a quienes el mundo no basta: los santos, los conquistadores, los poetas y todos los aficcionados a los libros". Tampoco es para tanto.

- Diarios (2004-2007), de Iñaki Uriarte.

21 ene 2011

Humanismo cortaciano


Para terminar: también a mí me gustan esos capítulos de Rayuela que los críticos han coincidido en subrayar: el concierto de Berthe Trépat, la muerte de Rocamadour. Y sin embargo no creo que en ellos esté ni por asomo la justificación del libro. No puedo dejar de ver que, fatalmente, quienes elogian esos capítulos están elogiando un eslabón más dentro de la tradición novelística, dentro de un terreno familiar y ortodoxo. Me sumo a los pocos críticos que han querido ver en Rayuela la denuncia imperfecta y desesperada del establishment de las letras, a la vez espejo y pantalla del otro establishment que está haciendo de Adán cibernética y minuciosamente, lo que delata su nombre apenas se lo lee al revés: nada.

- Del primer tomo de La vuelta al día en ochenta mundos (Siglo XXI).

23 dic 2010

Literatura y cobardía


-Periódico Diagonal: ¿Cómo ves el panorama de las letras hispanas y americanas?

-Montero Glez: En España hay una generación que me precede y que yo denomino la Generación Cobarde. Una generación de aspiraciones burguesas cuyo objetivo es tan sórdido como el de tener un sillón en la Academia. Esta generación, que nace con la democracia y que nunca luchó por nada sino por el dinero, está haciendo mucho daño a la literatura pues no son literatos; están más cerca del policía que del artista. Son gente sin arte que están más pendientes de que no hablen mal de ellos que de escribir, de hacer política en las sombras cuando un autor empuja fuerte, para censurarlo. Ahora se vienen abajo, gracias a internet y a gente con savia nueva que distingue entre el policía y el verdadero artista. Pero claro, generalizar es injusto aunque hablemos de literatura y hay un autor que yo salvo de esta cuerda. Se llama Antonio Muñoz Molina y es el más valiente y el único que está aportando algo a la literatura. Es el único que va a perdurar de todos estos papafritas con presunción policial.

Pincha aquí para ir a la entrevista.

20 dic 2010

Moler a palos al lector


Mantengo un libro abierto (Vacío perfecto, de Stalislaw Lem ) con otro cerrado (La herencia del olvido, de Reyes Mate). Estoy a punto de acabarlos. He tenido suerte con las últimas lecturas del año. Os dejo un fragmento del loquísimo libro del polaco, que es el primero del que os hablo. No os atragantéis con los polvorones, que es una muerte horrible.

...

Para Seurat, la literatura es la prostitución del espíritu, puesto que escribir es servir. Hay que gustar, hacer la corte, justificarse, mostrar la musculatura del estilo, confesar, hacer del lector un confidente, entregarle la mejor parte de uno mismo, solicitar su interés, mantener viva su atención... En resumidas cuentas, hay que flirtear, suplicar, esperar... ¡Qué abyección! Al percatarnos de que el editor es un proxeneta, el escritor una prostituta y el lector el cliente del burdel de la cultura, sentimos una especie de indigestión moral. No obstante, los escritores no se atreven a negarse abiertamente a prestar esa clase de servicios y procuran salierse por la tangente: sirven, pero lo hacen como si concedieran favores, con altivez. [...] ¿Entonces? Hay que negarse a servir. ¿Y qué hay que hacer con el cliente potencial que abre el libro como si fuera la puerta del burdel y se mete dentro sin pedir permiso, seguro de ser recibido con todas las atenciones? ¿Hay que dar una bofetada al canalla, escupirle a la cara o echarle escaleras abajo? ¡Oh, no! ¡Esto sería demasiado bueno para él, demasiado fácil y sencillo! Se levantaría, se quitaría el esputo de la cara y el polvo del sombrero y se iría a la competencia. Por el contrario, hay que dejarlo entrar y, una vez dentro, molerle a palos. Entonces sí, recordará para siempre sus amoríos con la literatura.

10 dic 2010

La grieta, un libro de Javier Fernández


Y viceversa: la cultura es un creciente valor estratégico para la casta política, y, por lo mismo, el intervencionismo cultural está a la orden del día. Los conceptos de relevancia, así como la gestión de los emolumentos que de ella se derivan, han recaído en manos de ignorantes y mediocres, y la mayor parte de aquellos que ahora y aquí se autodenominan escritores no son sino impostores, convenientemente instalados en el sistema. He aquí otra verdad intolerable: la nuestra es una época de lealtades y servilismo intelectuales. Progreso, democracia, libertad son palabras incluidas en el acervo de lo adecuado, de lo correcto, y conviene andarse con ojo antes de traspasar los límites de la corrección. Disidencias aparte, se diría que hemos arribado al fin a una ansiada edad de oro en la que todos somos progresistas, demócratas y defensores de la libertad.

Nada más lejos de la realidad. Los escritores consagrados son retrógrados, clasistas y sumisos. Burócratas, imitadores y cobardes, indignos de ser considerados herederos de Cervantes, Góngora o Valle-Inclán. [...] Y en el caso de los escritores noveles -brotes nuevos que hay que cuidar porque contienen el futuro-, el grupo al que aspiran pertenecer no se define por alianzas conceptuales o afinidades estéticas. Se compondrá sencillamente de todo aquel que pueda introducir al aspirante en el mundillo literario, que abra la puerta del éxito, esto es, servirá cualquiera que haya alcanzado el estatus de integrado, que posea un sitio en el orden establecido. La mayoría de los escritores jóvenes son reaccionarios desde la base, en sintonía con nuestra sociedad.

10 nov 2010

El amor, la ira (escritos políticos sobre poesía), de Enrique Falcón

22)

Muchas cosas han acaecido en nuestro tiempo más reciente para tener que confiar la suerte y la dirección de la poesía política actual a los aparatos ideológicos "del Partido".

Los horizontes de emancipación, de resistencia y de transformación del mundo (en este orden), en los que respira la poesía política actual (pero sin poder por si sola ni liderarlos ni propiciarlos), son territorios comunes de todo un conjunto mestizo de redes colectivas y personales, más o menos organizadas, donde ya no existe una voluntad directiva superior.

En un nuevo escenario como éste, donde la contestación social se mueve de una manera tan diversa, la acusación de ser "literatura vicaria a las consignas" que algunos hacen plantear sobre la poesía política es, hoy, un absurdo tremendo.

Exijámosles, a estos algunos, alguna prueba de lo que ellos suponen que es su "propia auténtica libertad creativa".

Descarga la obra completa aquí.

3 nov 2010

Golpes. Ficciones de la crueldad social

En este ámbito lo que distingue al realismo sucio de otras versiones aledañas del género es lo que se ha denominado la psicologización de los problemas sociales, esto es, la relativización de los asuntos económicos, jerárquicos y de clase en favor de la descripción de síntomas, incapacidades emocionales y rupturas sentimentales que funcionan como ténues metáforas de un problema más extenso. Las implicaciones de esta paideia literaria y civil, tan bienintencionada como pueda ser, son evidentes: no hay problema estructural, sino problema personal; tu problema real no es que trabajes diez horas al día por cuatro putos duros, sino que te falta inteligencia emocional para negociar tus sentimientos con el Otro. Más allá de sus méritos estéticos, que no me interesa discutir, la recepción del dirty realism lo confifuró como un exitoso y rentable simulacro de realidad dirigido a una clase media fantasmal que ya sólo puede aceptar una versión estetizada de las tensiones y desigualdades contemporáneas, y que necesita de una literatura que, aun aparentando ser el testimonio jevi de la calle puta, sirva de corolario a las políticas conservadoras.

20 oct 2010

Digo vivir



Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso; airada-
mente morir, citar desde el estorbo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fue cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.

- Un poema de Blas de Otero (1916-1979)

7 jul 2010

La historia del Ciudadano X

1.

Dentro del texto. Ese lugar es el que ha elegido el Ciudadano X para esconderse. La caja texto, claro, pero también la literatura, como papel tintado para decorar las paredes de la mazmorra que ha de acogerle. En la puerta de la cárcel, el lema ARBEIT MACHT FREI. O algo parecido.

¿Qué puede hacer que un hombre busque refugio en el silencio? ¿Qué provoca la necesidad de huir con todo a cuestas? ¿Dónde se oculta el motivo que obliga a un joven -pongamos por caso el mismo Ciudadano X- a desaparecer?

-Dentro del texto -se dice- será dónde nadie podrá encontrarme.

Y eso es verdad. Se siente seguro en el centro de una obra que se niega (de momento) a ver la luz. El relato inédito como seguro de vida, país en tregua o salvoconducto. Un lugar cuyas fronteras traza a golpe de palabras. Un territorio en donde impera la ley de un solo señor: el Ciudadano X.

-Este es mi sitio. El lugar donde desaparece el mundo. Fuera de la vida.

2.

Solo que la historia no la controla ni siquiera quien la escribe, pues la obra literaria tiene vida propia y no pertenece nadie, mucho menos al autor. Y en la historia del Ciudadano X pasa algo que nos obliga a preguntarnos:

a) ¿Qué pasaría sí la obra donde se encierra el protagonista de nuestro cuento ve la luz?

b) ¿Seguiría existiendo algo parecido a eso que llamamos encierro?

Ni siquiera nosotros, que saltamos sobre el teclado como si jugáramos a las damas, sabemos la respuesta. Tan solo podemos aproximarnos a la posible contestación del Ciudadano X. Es la siguiente.

- Si el cuento viera la luz, por supuesto que seguiría existiendo eso que llamáis encierro. Pero habría una diferencia: si la historia quedase bajo la luz de los faros del viejo Mustang que es el reconocimiento, mi cárcel pasaría a ser pública.

Todos preguntamos ahora: ¡qué demonios significa eso!

-Significa que en vez de un escritor sería algo parecido a un mono de feria.

Juan Cruz López -NG-

3 jul 2010

Hago de la poesía...


hago de la reflexión
un ejercicio
estético
o
poético

manejo la poesía
en mi vida cotidiana
de
manera
enfermiza...

es el barroco
poético
vital...

soy una barroquil
de la rama de los
realvisceralistas...

Julia Cortés Campos -NG-