23 may. 2018

Cuatro poemas de Cristina Cobo


La maleta vacía

Sólo un hijo sobrevive
a mis ovarios muertos.
Me has secado por dentro.
En tu equipaje llevabas todo,
hasta lo que no ha sido.
En la línea de la orilla,
donde el mar arroja
la basura y la espuma,
se queda mi cuerpo
hueco.

Borrosa

Quiero dibujar una espiral
infinita.
No sé dónde empieza.
Negro sobre papel arrugado,
se desdibujan los bordes con el agua
que gotea desde el pelo,
desde los ojos,
hacia mi pecho.
Las líneas se ríen de mí.
Escribo en un libro cerrado.

Falso

Me habéis quitado las palabras.
No sé escribir sin las bocas de otras.
Cada letra es pisar sobre otra huella,
hasta que me quedo muda.
Cada idea un recuerdo,
hasta que no quedan historias.
Nada es original.
Soy una asesina en serie
de poemas ajenos.

El fraude

No me gusta este vestido.
La cremallera me abrocha
la boca.
Las arrugas
finas, precisas,
parecen de otra persona.
Ya no quiero sonreír
porque no las reconozco.
No mires en el espejo,
sólo de espaldas.
El perfil no es más que un lado
y no sé cerrar los ojos.
Orgullosa de mí.
MENTIRA.
Soy un fraude que se arruga.

Cristina Cobo Hervás

20 may. 2018

Aparición


APARICIÓN

A veces
            ocurre
que la literatura se aparece
de repente

y te recuerda que te hallas perdido
y te recuerda que te hallas dormido

y que tienes que despertar.

Juan Cruz López

19 may. 2018

Fafner



Es una época relativamente tranquila. También vacía. Se ha desligado de todo lo que le unía a sus semejantes. Su padre estaría orgulloso de él. Está en tierra de nadie. Es el único ejemplar de una especie medio draconiana. No siente deseo de emparejarse ni de reproducirse, aquel sentimiento murió con Blanca. No está dispuesto aún a retirar la piel y escarbar en lo profundo, a ir hacia un fin. Nunca se ha matado en busca del sentido de lo que sucede, ni ha buscado misterios que fueran más allá de por qué el agua subterránea de las cavernas está caliente. El agua es lo que bebe, lo que se le escapa entre las manos, lo que cae del cielo y baña su anatomía cuando se sumerge en ella. Solo le interesa el libro natural visual, auditivo, gustativo, olfativo y táctil del bosque, pero algo ha cambiado. Se ha imbuido de un extraño estado de contemplación que no acaba de entender del todo. Ha colocado la savia de los abetos negros donde los de las cruces emplazan su símbolo. Se siente un recién nacido torpe más que un sacerdote. No hay deseo de predicar ni de compartir. Por primera vez pesa la soledad.

- En Fafner, de Daniel Pérez Navarro (Antipersona. Madrid: 2018).

16 may. 2018

Palacio de invierno

asaltaré el palacio de invierno
masacraré a la guardia del zar
prenderé fuego a la cortinas
destrozaré los bibelots de porcelana
pronunciaré encendidos discursos
redactaré fraternales manifiestos
rubricaré cada pena de muerte
proyectaré un nuevo plan quinquenal
instauraré el paraíso en la tierra
por mí y por todos mis compañeros

pero por mí primero

De Poemas contingentes,
Sergio R. Franco
(Ediciones Imperdonables:
Málaga: 2018).

14 may. 2018

Un poema de Gerard Jacas


¡HAGAN JUEGO!

La vida es un juego
en el que resulta imposible
ganar o perder,
por más habilidad que
se muestre o más tino
que uno tenga.
Lo nuestro es puro solaz
porque al nacer ya venimos
con la partida perdida
antes de empezar a jugar.

12 may. 2018

Al hilo de una devolución cualquiera...


Tengo una montaña de libros en una de las mesas del salón. Es la montaña de los libros leídos que, por una razón u otra, he apartado para hablar de ellos en Nueva Gomorra. Este libro es uno de ellos. Me lo prestaron hace poco y no tiene ni una sola página doblada. Me lo leí muy rápido, como casi todos los diarios cortos que encuentro, y me gustó. Pero hoy no se trata de eso. Se trata, más bien, de la montaña, de las listas de cosas pendientes, de los libros que siempre quieres devolver y luego nunca envías a tus amigos. Sí, es eso lo que me importa ahora: limpiar, o depurar más bien. Ganar la sensación de que hay tiempo para todo, de que todo puede volver a comenzar. Y para ello, lo primero, mantener el orden. No importa cuánto dure... Sobra la idea de lo que permanece intacto. Empiezo por pensar que me queda un día entero por delante. ¿Queda alguien vivo en la ciudad?

9 may. 2018

Dos poemas de 'Vonlenska. Una historia finita'


YO QUERÍA...

Yo quería mirar las estrellas,
que me explicaras por quincuagésima vez
cómo se crean los cometas,
cómo se crean los planetas,

cómo cada noche
podemos llegar a fusionarnos
tú y yo
en otra galaxia
que está demasiado lejos ya.

SIDI BOU SAID

Bebo de este agua oscura sin fondo.
Desde la ventana de mi dormitorio
observo la osa mayor.

Una mujer en Sidi Bou Said
fija sus ojos en la misma constelación.
Ha olvidado el sonido del llanto.

A tantos kilómetros de distancia
nos une mucho más que unas estrellas.

- De Vonlenska. Una historia finita, Araceli Pulpillo (Piedra Papel Libros. Jaén: 2018)

27 abr. 2018

Breve apunte sobre los últimos años de Georges Palante


Palante se vuela la cabeza el 5 agosto de 1925, con sesenta y dos años y un rosario de dolencias físicas y desventuras personales que hacen de él un excelente candidato para la reivindicación póstuma como intelectual maldito.

Su carrera académica y literaria ha ido renqueando en la marginalidad hasta estancarse en la escritura de recensiones para la revista Mercure de France, que no le deja tiempo para su propia obra y, por una escalada de réplicas y contrarréplicas con un autor descontento, desemboca en un duelo con padrinos, la suspensión del duelo y, finalmente, el suicidio de Palante. Cuando se quita la vida, acaba de jubilarse anticipadamente después de una carrera dando tumbos de un instituto a otro intentando enseñar filosofía a estudiantes poco receptivos, a los que intenta disciplinar con castigos torpes e injustos, y que le distinguen con el mote de “Schopen” por su afición a citar al autor de El mundo como voluntad y representación. Palante, marcado físicamente por la acromegalia y por su desaliño vocacional, recuerda en un diario escrito en la recta final de su vida: 

Cuántas veces en el instituto me he encontrado escrito en la pizarra de mi clase, por parte de alumnos maliciosos, el dibujo de mis extremidades inferiores, que me han hecho más famoso en Saint-Brieuc que todas mis obras de filosofía social.

A su muerte, solo la han distinguido sus fracasos, como el rechazo por parte de la Sorbona a sus tesis doctorales, Les Antinomies entre l’individu et la societé y Pessimisme et individualisme. Apenas ha logrado intervenir en la lucha por el alma de la sociología francesa: Durkheim está demasiado ocupado enfrentándose a Tarde, un adversario infinitamente más poderoso, y despacha el Précis de sociologie de Palante, el primer compendio de sociología publicado en francés, con una reseña expeditiva en la Revue de Synthèse Historique.

- En Georges Palante. Una sociología de autodefensa, de Alejandro Romero (Piedra Papel Libros. Jaén: 2018). 

13 abr. 2018

A punto de caer...


SOLDADOS

Bosque de Courton, julio de 1918

Se está como
en otoño
las hojas
en los árboles

Giuseppe Ungaretti

10 abr. 2018

Un poema de Hugo Mujica


XXXVIII

             Deberíamos
                          conocer la vida
como la conocen los niños:
                                    jugando con ella
                                                           su ronda,

                                                     o como las polillas
                                            saben de la llama:
                                                            dejando que le arda
                                                                                       en las alas.

- Hugo Mujica, en  Barro desnudo (Visor. Madrid: 2016).