11 dic. 2017

Seis poemas de Pequeñas canciones para un circo mudo, de Ángel Rodríguez


Este domingo presentamos en Jaén el último libro de Ángel Rodríguez, Pequeñas canciones para un circo mudo (Piedra Papel Libros. Jaén: 2017), y hoy os adelantamos unos cuantos poemas de este bello poemario.

*

El circo,
la vida.
El circo...
El circo soy yo.

*

Cuando la vi muerta,
no parecía tan bajita.
Quizá nos alargue la muerte.

*

Al trapecista le han cortado una pierna.
Mira la cuerda y tiende
su zapato en ella.

*

Cuando acaba la función,
los abalorios de la mujer serpiente
caen bajo la cama
como la piel del fracaso.

*

Si el amor cabe en estos cuerpos,
la esperanza también.

*

Aguantar como azada olvidada al sol.

5 dic. 2017

Historias desde la cadena de montaje



Nuestro amigo José Pastor, de Libros y aguardientes, nos envía esta reseña sobre Historias desde la cadena de montaje, de Ben Hamper, publicado por Capitan Swing.

***

Ben Hamper trabajó durante once años en la cadena de montaje de la General Motors en Flint (Michigan). Fue una rata de fábrica, como lo fue su padre y el padre de su padre. Como lo fueron sus compañeros de colegio y los padres de sus compañeros de colegio, y sus vecinos y sus amigos. 

Ben Hamper pisó por primera vez una fábrica de coches con siete años, en una visita organizada por General Motors. Tras está visita decidió que nunca trabajaría en ninguna de aquellas fábricas y que nunca acabaría como su padre y la mayoría de sus vecinos. Durante años intentó y luchó por no ser una pieza más en el engranaje de General Motors, pero con veintiún años tuvo que desistir de su empeño y se tiró de cabeza a ser una verdadera rata de fábrica.

«A la mierda el viejo y sus advertencias, a la mierda las monjas y sus planes de estudio, a la mierda el archivador a reventar del orientador, a la mierda los conductores de ambulancias y los disc jockeys y los limpiadores nocturnos, a la mierda yo y a la mierda vosotros. Yo lo que quería era ser una rata incondicional».

Durante once años la vida de Ben Hamper giro alrededor y dentro de la cadena de montaje de la General Motors. Años de trabajo duro, de aprendizaje. 

«Yo estaba aún relativamente verde, pero siempre había partido de la idea de que un trato es un trato. GM nos pagaba un cuantioso sueldo y nosotros a cambio hacíamos el trabajo sucio. Nadie nos apuntaba a la cabeza con un arma. Yo no albergaba ningún odio hacia GM, mi única guerra era contra aquel asfixiante minutero». 

Años de extenuante rutina, de borracheras, de meses de paro a la espera de una llamada para reincorporarse a la cadena. Años de jefes crueles y sádicos, de compañeros de fatigas, de lucha encarnizada contra el reloj. Años de alienación y de locura. 

Historias desde la cadena de montaje es la historia de Ben Hamper y sus compañeros, aquellos ratas de fábrica. Una historia donde se nos habla de la vida de los trabajadores de la industria automovilística norteamericana, del inhumano y absurdo sistema productivo americano, de la cuota de producción, del aburrimiento, del compañerismo, del escaqueo, de los que no pudieron soportarlo más, del consumo desmesurado de alcohol para hacer más llevadero el trabajo y la vida.

«Ahí era donde cada noche se juntaba la brigada de los petos  grasientos al completo para mamarse a base de bien y seguir  erre que erre con las mismas mentiras de fracasado que ya nuestros padres se repetían para dotar de significado a su existencia».

Ben Hamper narra su experiencia, sus chanchullos, sus odios y amistades, sus enfrentamientos, sus formas de hacer más llevadero el trabajo -entre ellas, escribir una columna sobre el trabajo y la vida en una cadena de montaje para la revista La Voz de Flint (que dirigía Michael Moore)- y su determinación para sobrevivir a aquella locura.

Con un humor negro acerado y divertido, en primera persona, sin concesiones, directo a la mandíbula, sin victimismo ni lloriqueos. 

«De acuerdo, a lo mejor es cierto que las intenciones de todas estas estrellas del rock son estupendas, pero simplemente no funciona. El tema es, si nunca llamarías a un cirujano cardiovascular para que te aspire la casa, ¿por qué confiar la música blues a un grupete de blancuzcos? Lo único que yo les pido a estos camaleones caprichosos es que se piren y se lleven con ellos esa asquerosa versión del método actoral que utilizan. No necesitamos que nos den serenatas sobre lo tedioso y desprovisto de nuestras vidas, llegado el momento ya sabemos hacerlo nosotros mismos».

Historias desde la cadena de montaje es una obra maestra y necesaria sobre la vida de los obreros fabriles de los Estados Unidos de América.

«Ben y yo crecimos en Flint, Michigan, y ambos somos hijos de obreros fabriles. Se suponía que nunca deberíamos haber salido de ahí, y usted nunca debería haber oído de nosotros. Todo se reduce a un asunto de clase, de saber el lugar que nos corresponde, y de tener en cuenta que un lugar como Flint, Michigan, no existe para la prensa ni para los que toman las decisiones. [...] ¿Creéis que se paran un segundo a pensar por lo que estará pasando la persona que remacha los estribos laterales de sus coches?»

Este último párrafo procede del prólogo de Michael Moore.

4 dic. 2017

Piedra Papel Libros entrevista a Joaquín Fabrellas


Piedra Papel Libros: Buenos días, Joaquín. Iniciamos contigo esta serie de entrevistas a los autores de Piedra Papel Libros. No hay nada que huya rompió con casi diez años de silencio editorial, ¿cómo viviste ese largo periodo de creación y mutismo?
Joaquín Fabrellas: Bueno, parece una desgracia, pero en el fondo, no es tal, me dio tiempo para preparar el libro No hay nada que huya de una forma lenta y ordenada, revisando las referencias y remodelando ciertas asperezas. Incluso cuando he vuelto a releerlo había cosas que me parecían imperdonables. Además, fui preparando otros temas que se publicarían más tarde.
El silencio siempre es un buen momento para repensar tu estrategia, para definir dónde te encuentras. Nunca dejé de escribir, continué publicando artículos, reseñas y críticas literarias.
PPL: No hay nada que huya es un libro cuyo sujeto poético parece confundirse con el ecosistema natural, y también simbólico, en el que se desenvuelve el mismo. Difuminar las líneas del sujeto poético tal y como tú lo haces en esta obra nos seduce especialmente. ¿Puedes ampliarnos algo más sobre este tema?
JF: Sí, No hay nada que huya surge desde una naturaleza liminar. Hoy ya no existe la naturaleza, existe eso a lo que le ha dado a todo el mundo por ir, ahora ya son sitios visitables por todos. Yo desde pequeño siempre tuve una relación muy estrecha con lo natural, me crié en un pueblo de  la Sierra de Segura, y muchas de las imágenes del libro están sacadas de esa infancia, recuerdo cómo se acercaban los jabalíes al pueblo y cómo los ciervos nos miraban a los niños que jugábamos en el patio de la escuela, muy serios y distantes, y de ahí viene mi obsesión con los insectos, con las criaturas que habitan un submundo que de forma tan irresponsable, no damos importancia. Por  lo tanto la naturaleza de No hay nada que huya es una naturaleza olvidada, recreada por el discurso poético, es un canto de rechazo de lo urbano, una especie del beatus illehoraciano. Traté de dar una nueva significación a lo natural desde la semántica lírica.
PPL: Sergio R. Franco cierra la reseña de tu libro publicada en Paraíso diciendo que «No hay nada que huya de Joaquín Fabrellas es un libro de lectura altamente recomendable para aquellos lectores que no temen enfrentarse con un lenguaje desconcertado y desconcertante». ¿Crees que este tipo de lenguaje, desconcertado y desconcertante, al que alude Sergio, exige un lector que, aparte de valiente, sea avezado?
JF: Toda poesía requiere un lector avezado, el lector de poesía se enfrenta tarde o temprano con la necesidad de enunciar su propia realidad que se ha escindido de sus lecturas poéticas, de otra forma, no puede ser. Hay una poesía comprometida que precisa lectores conscientes, otra cosa es la poesía de superventas, pero eso ya no es poesía, se pongan como se pongan, porque la única excusa de la existencia de la poesía es que sea buena, y por lo tanto, para hacerla, debes ser fiel a ti mismo. No hablar de tópicos ni lugares manidos. La poesía por otra parte, es asombro, es desconcierto. Se hace con el tiempo y desde el tiempo.
PPL: Afortunadamente, en estos últimos años hemos visto cómo has vuelto a publicar con asiduidad. ¿Cómo has vivido este periodo de actividad, y visibilidad, ligado a la publicación de tus tres últimos libros?
JF: Ha sido producto de la casualidad y ha respondido de forma irregular a una serie de requerimientos poéticos: República del aire fue una oportunidad de publicar en una editorial grande, la plaquette Clara incertidumbre responde a mi deuda con la poesía medida y acentual, y Metal fue mi puesta de largo después de unos años trabajando el poema filosófico, fruto de mis lecturas de Cioran, Nietzsche o Daumal; además de eso he terminado una novela y he avanzado bastante en  mis estudios de tesis, publicando numerosos artículos sobre Aníbal Núñez, Ferrer Lerín, Fernández Rojano o Manuel Lombardo. Como dije antes, nunca he dejado de escribir, la publicación de lo escrito, siempre es algo secundario que entiendo en la madurez.
PPL: Sabemos cuáles son tus influencias poéticas y aquellas de las que bebiste para enfrentar la escritura de No hay nada que huya, pero nos gustaría que nos recomendaras alguna de tus últimas lecturas; no importa el género.
JF: Lo que tengo encima de la mesa, treinta y tres libros alcanzo a contar (solo leo ensayo y poesía), la novela me aburre, excepto la de determinados autores que no abundan del tipo de Salvador Elizondo, Nabokov, Vila-Matas, o Ferrer Lerín novelista. Lo demás es basura. En el escritorio tengo un ensayo sobre Antonio Machado, otro de Gil de Biedma, sus ensayos completos, El pie de la letra, siempre ha sido un referente intelectual, y Hiela sangre de Ferrer Lerín, cuyo estudio estoy terminando después de unos meses.
Recomendaría con vehemencia los Ensayos de Eliot, La aventura sin fin, son de una precisión intelectual insólita en la actualidad, no son nada pretenciosos, frente a la morralla mediática de autores de autoayuda que se las dan de intelectuales.
También recomendaría David Foster Wallace, lo leí este verano en inglés (detesto las traducciones), y tiene uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida: «Datum Centurio».
PPL: En otro orden de cosas, ¿qué opinión te merece la progresiva espectacularizaciónde los oficios literarios a raíz del boom de las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información? ¿Es posible afrontar proyectos de peso en un contexto creativo en el que el autor se ve cada vez más involucrado en la promoción de su propia obra?
JF: Basura. Las redes sociales solo nos han hecho más tontos, desesperadamente tontos y arrogantes, y además pensando que tu opinión le puede importar a los demás. Toda demostración televisiva o en las redes sociales de ciertos autores me parece denigrante; lo decía mi querido José Viñals, que siempre diferenciaba entre la poesía y la literatura, consideraba a esta última como una prostitución del arte, todo aquello que se hace en función de las ventas o de cara a la galería pierde valor. En poesía además lo íntimo, el descanso, el sosiego son fundamentales para escribir bien.
En cuanto a que el autor se promocione, parece que es la única salida con la explosión que ha habido de editoriales en los últimos años, todo lo que pueda hacer con su obra, bienvenido sea, pero tendríamos que pensar en lo que publicamos, parece que es una obligación, y nada de eso, a veces estamos mejor calladitos.
PPL: ¿En qué proyectos literarios estás trabajando actualmente?
JF: Mis estudios de tesis que cada vez se ramifican más. Y poesía, he escrito tres poemas de larga extensión desde verano, y aún los estoy trabajando en cuanto a la métrica, las sílabas, los acentos y la musicalidad de los pies métricos, creo que si sigo así los tendré en unos años. No me gusta trabajar rápido.
PPL: Finalmente, y sin ánimo de meterte en un brete, qué libro de los publicados hasta ahora en la colección Caja de Formas te ha gustado más.
JF: Joder, qué difícil. Todos tienen su aquel, me gustan mucho todos, con sus diferencias, pero, sobre todo temáticas. Diría que los de Lombardo porque es un autor consagrado y maduro, siempre nos enseña a los que vamos detrás de él. El de Ángel Rodríguez aún no lo he leído pero seguro que llegará a consolidar su voz poética.

3 dic. 2017

Dime qué nos queda


II

Dime qué nos queda, ahora,
dime cuánto nos queda de viaje
si todo está podrido bajo el manto de flores,
la escarcha rancia, las telas rotas
y desmigajadas en veinte manos diminutas
que cosen cada día veinte horas
para no saber cuánto, ni qué
les queda al final del día
ni cuándo será eso,
cuándo
si todo está podrido bajo el manto de sueños
que el tejió y tú tejiste para un viaje
y aquel rompió para enterrarlo
en el verdinegro que nunca nos otorgará paz.

Dime qué nos queda, ahora,
si para llegar al destino hemos muerto tantas veces
que ya nuestros muertos no valen nada.

Sara M. Bernard, poema perteneciente al fanzine Versos recitados. Poesía en la calle (autoedición artesanal y numerada publicada en octubre de 2017).

29 nov. 2017

La habitación de las ahogadas


Hoy os dejo con un fragmento de La habitación de las ahogadas, de Álex Portero:

Pues he de caminar sola sobre las brasas mientras suenen las campanas del fin del mundo. Escribo para detallar minuciosamente el dolor que me ha traído hasta aquí. Escribo para trazar la cartografía de mi desamparo. Escribo para remover la tierra y plantar semillas de esperanza donde solo parece haber un baldío. Escribo para darme forma. Escribo para darme un nombre. Escribo para no olvidar quién soy. Escribo para dar sentido al sufrimiento. Escribo para tener la última palabra. Y la primera.

Escribo para que nunca vuelvan a tocarme.

La habitación de la ahogadas, Álex Portero (Harpo Libros. Madrid: 2017).

28 nov. 2017

George Orwell antes sus calumniadores


No es la primera vez que hablo de Orwell en este blog ni tampoco será la última. De hecho, creo que ya he hecho mención por ahí a este librito delicioso del que hoy os copio lo que vais a leer abajo. Las cursivas provienen del original:

En realidad, como muestran las calumnias directas u oblicuas, lo que de Orwell tiende a disgustar a una domesticidad intelectual de libreas intercambiables es precisamente su capacidad para seguir siendo fiel a sí mismo, a sus principios y al puñado de verdades esenciales que había hecho suyas, al tiempo que discernía con un sentido histórico muy seguro, en unas condiciones cambiantes, las prioridades, las nuevas líneas del frente, los enemigos principales. Hay que cambiar a menudo de opinión para seguir en el mismo partido; pero no está al alcance de todo el mundo haber tomado un partido que merezca que uno le sea fiel. Obviamente, los pensadores para semanarios y dominicales preferirían convencernos de que no hay más elección que entre el oportunismo y una pureza moral impracticable. 

George Orwell antes sus calumniadores (Édictions Ivrea, Éditions de L´Encyclopédie des Nuisances. Editado en España por Ediciones El Salmón y DDT Banaketak. Madrid: 2014).

27 nov. 2017

Pequeñas canciones para un circo mudo, de Ángel Rodríguez


Cuando acaba la función,

los abalorios de la mujer serpiente
caen bajo la cama
como la piel del fracaso.

Ángel Rodríguez, Pequeñas canciones para un circo mudo

(Piedra Papel Libros. Jaén: 2017)

***
Nuestra colección de poesía, Caja de Formas, que estará compuesta de diez títulos, se hace mayor. Con Pequeñas canciones para un circo mudo, de Ángel Rodríguez, llegamos al sexto título de los diez de la serie.
Pequeñas canciones para un circo mudo es un poemario sobrio, de un simbolismo contenido y trasparente, pespunteado de metáforas muy visuales, ásperas y bellas, a través de las cuales Ángel Rodríguez compone un libro muy distinto a sus anteriores poemarios.
A partir de hoy ya se puede pedir por correo electrónico a piedrapapellibros@gmail.comComo siempre, no hay gastos de envío y se puede realizar el pago vía PayPal o ingreso/transferencia bancaria. Por otro lado, el libro irá llegando poco a poco a nuestros puntos de venta habituales.
Os pasamos algunos datos de la presente edición:
Título: Pequeñas canciones para un circo mudo.

Autor: Ángel Rodríguez López.
ISBN: 978-84-947795-2-7
Caja de Formas, nº 6
Cubierta: Plastificada mate. Cartulina estucada 240 gramos. Con solapas.
Tripa: Papel ahuesado 90 Gr.
Alzado: Fresado.
Medidas: 195 mm. x 117 mm.
Páginas: 87.
Precio: 6 €
2017

***
Ángel Rodríguez López (Jaén, 1982), actualmente desempeña su labor de logopeda dentro del campo de la neurología.
Su obra ha sido incluida en las siguientes antologías: Poetas de Jaén (UJA, 2008), Puta poesía (Luces de Gálibo, 2010), Voces del extremo (Fundación Juan Ramón Jiménez, 2011), 65 Salvocheas (Quorum, 2011), Negra flama: poesía antagonista en el estado español (CNT Jaén, 2013), Ventanas con lupa (Luneados, 2015), Homenaje a Diego Medina (Ayuntamiento de Málaga, 2016).  Sus poemas han aparecido en varias publicaciones de la editorial independiente Ediciones RaRo, en los números 24 y 25 de La hamaca de lona (2009) y en el Proyecto Genoma Poético (2014).
Su primer libro aparece en el año 2011, Poesía para perdedores (Monosabio), el se gundo vio la luz en 2014, Nombres escritos en la corteza de los árboles (La Isla de Siltolá). En 2015 publica La Gabia (Maolí).
Es colaborador del blog Nueva Gomorra, donde publica con asiduidad. También es organizador del ciclo poético La Caja de Lot junto a Juan Cruz, Sergio R. Franco y Yolanda Ortiz.

22 nov. 2017

53ª lectura del ciclo "La Caja de Lot"


El próximo viernes 24 de noviembre tendrá lugar la quincuagésima tercera lectura del ciclo de poesía “La Caja de Lot”. Este ciclo, organizado colectivamente y de periodicidad mensual, pretende ser un espacio estable donde habiten las distintas voces poéticas de Jaén y de otras provincias. Nace, en definitiva, con la intención de que exista un lugar más para el encuentro y el descubrimiento.

En este quincuagésimo tercer recital contaremos con la presencia de Elena Fernández (quien presentará su libro Sexilio voluntario, Ed. Lastura) y Nieves Muriel.
 
A las 21 horas en el Bar Tijuana (C/ María de Molina s/n), en pleno barrio de San Ildefonso (Jaén).

No te lo pierdas.

21 nov. 2017

El Diario de Palahniuk pronto de viaje


Estaba pensando en cuántas veces había prestado este libro del que he hablado tanto con los amigos. Probablemente no lo haya dejado tantas veces como pensaba, aunque sí sé que ya he hablado de él antes, por ejemplo aquí. Lo leí en el 2006 y todavía guardo un vívido recuerdo de él, de hecho, hay alguna mención al libro en «Variaciones», uno de los relatos de 50 pasos para dar el salto...

Dentro de poco se lo prestaré a una amiga. Diario. Una novela sigue siendo uno de los mejores textos que he leído sobre el mundo del trabajo y la precariedad existencial, y todo en una historia en primera persona que, a mí particularmente, es la que más me atrae de todo lo que he leído de Palahniuk.

Lo dicho, espabilo esta etiqueta con un préstamo más que agradecido.

15 nov. 2017

La peste escarlata


»Así mataba la Peste Escarlata. Cogí la maleta y huí. El aspecto de las calles era aterrador. Por todas partes se tropezaba con apestados; algunos no habían muerto todavía. Y mientras iba avanzando, veía caer a los hombres presa de la muerte. En Berkeley ardían numerosas hogueras, en tanto que Oakland y San Francisco parecía que hubiesen desaparecido en medio de bastos incendios. El humo llenaba de tal modo el firmamento, que el mediodía era como un crepúsculo triste, y en los cambios de viento, el sol, brillando a través de aquella penumbra, aparecía como un disco de un rojo sombrío. En verdad, hijos míos, que aquello parecía el fin del mundo.

Jack London, La peste escarlata (Akal. Madrid: 1985).