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23 sept 2009

Colección Errante 17/100


Era mayo, era domingo, era tarde... era antes del sofocante calor del verano... era que era y había una feria de artesanía, un chiringito y un mantel de papel impoluto sobre una larga mesa, era el parque y era que el mantel empezó a rasgarse, primero tímidamente, luego el pudor perdido comenzó una pelea sin tregua, las bolas rebotaban arrugadas sobre las cabezas de imaginarios perseguidores, ¡ay!, ¡uy!, casi le das, ¡zás!, era el ataque de la catapulta de papel, ¡cuidado, han sacado la artillería pesada!, ¡alguien te ataca por el flanco izquierdo!, te cubro el corazón, la cara seria del camarero que miraba de soslayo, las amenazas (no se juega en los sitios públicos), era que alguien tenía un bolígrafo y otro alguien un poema en la cabeza, era que en lo poco que quedaba a esas alturas de noche y de mantel ese alguien estampó el poema número 17 de 100 de la Colección Errante... otro alguien a quien le cuesta asumir las pérdidas lo recuperó guardándoselo en el bolsillo...

La Colección Errante no descansa.

25 jul 2009

La Colección Errante 18/100


El mundo es un gran útero,

según los psicocríticos,

pero yo digo

que el mundo,

en ocasiones,

es un gran saco de mierda,

y también digo,

a diferencia de Mauron,

que Baudelaire

no fue un poeta uterino,

su proyecto fue mucho más amplio:

asfaltar el camino de la poesía,

empedrarlo que diría Bolaño,

como también diría

que Rimbaud y Lautréamont

son los dos grandes poetas adolescentes,

algo que compartimos.


¡La psicocrítica sí que es

un gran saco de mierda!


Un poema de Lotario y Bramina, onubenses de postín.



Nota a la edición de la Colección Errante 18/100:

Estábamos en un buen lugar para este tipo de increpaciones poco ortodoxas contra los psicocríticos franceses. Bebíamos café. A ambos nos pareció que Charles Mauron, autor de un ensayo sobre Baudelaire en clave psicocrítica (Le dernier Baudelaire) era un auténtico cretino. El mundo es un gran útero / según los psicocríticos, dijo la mano X del antipoema, pero yo digo/que el mundo/en ocasiones/es un gran saco de mierda, respondieron raudos los dedos de la mano Y. El poema que leen es una composición a cuatro manos para un saxo tenor desesperado y harto de pamplinas. La Colección Errante es el arte de la improvisación poética. Lo demás vino solo, entre un café no demasiado bueno (bastante malo, por cierto) y las risas sordas y desparramadas junto a las colillas de los cigarrillos que X iba apagando cívicamente en el cenicero, mientras que Y apuraba el último trago de un café, ahora sí, ciertamente execrable. El que leen es el número 18 de los 100 poemas que integrarán la Colección Errante, un proyecto poético irreconciliable con la compilación o la necesidad de agarre, poesía en la calle, poesía a toda costa, poesía sobre la tapa de un sucio retrete público, poesía en la tapa de los sesos, poesía tatuada en el pubis de una mujer amable, poesía, a fin de cuentas, viva.


17 may 2009

El poema número 15 de La Colección Errante


La Colección Errante se ha desbocado. Es difícil controlar quiénes son los escritores, qué poemas están escribiendo... Puedo controlar lo que puedo recordar, no más, y lo que puedo recordar es que hace unas semanas alguien dibujo un poema en la pierna de una mujer, de una mujer que venía de la guerra, con la bandera de Cortázar algo raída, pero aún en alto, y no recuerdo qué dibujo era aquel. Controlo lo que recuerdo, me digo, y lo que sí recuerdo es que el día veinticuatro de abril, justo después de sacar del saco de los proyectos a Guy, fuimos a tomar unas cervezas a un bar, no recuerdo cuál, que estaba cerca de la plaza del Pósito y que allí alguien escribió en una servilleta el siguiente poema

IMPROVISACIÓN

Hay una mujer.
Duerme a 10.000 kilómetros
de las manos del hombre
que ahora,
en este preciso instante,
escribe que hay una mujer
con los ojos
como un pozo
donde poder beber
pero también donde poder
ahogarse.

Y sé que después alguien escribió debajo de ese poema que aquel poema era el número quince de la serie centenaria que compone La Colección Errante, ese libro que nunca podremos leer del tirón, que ni siquiera sus autores podrán leer jamás, porque, por ejemplo, dónde fue a parar aquel poema, aquella servilleta de aquel bar cercano a la plaza del Pósito que ahora no recuerdo... Imposible, lo hemos conseguido, recomponer el mapa de la colección maldita.

7 mar 2009

Instrucciones para salvar a Julia (La Colección Errante 0809)


A la deriva (instrucciones para salvar a Julia)

A mi hermana loba.


Me ato contigo al mástil,

a mí también el viento me voltea.

Nos hundimos.


Ya no hay miedo a la pérdida,
una sinceridad metálica recorre las espinas,

titubeas,

eres conscientemente inmensa.


Nunca tuvimos nada,

el azul del océano,

Italia y el amor,

la sepultura.


No te demores,

baja.


Ahora la cuerda se desata,

¿sientes la libertad en la espalda?


El dolor es un recuerdo vago.


Continúa.


Por el camino vemos mantas,
unas cuantas morenas y unos buzos.

Dices que yo también lo soy,

morena.

Sonreímos.


A tu derecha reposa,

esqueleto de un buque mercante,

otro tipo de pez.


Seguimos el descenso.


El azul de tus ojos amedrenta el océano.


Ya llegamos.


El fondo de la tierra nos devuelve el abismo

que ya tenemos dentro.



-NG-


14 ene 2009

La colección errante


La colección errante ha echado a andar. Una serie de cien poemas que van a salir volando en forma de postal, correo electrónico, sms, etc. Una colección que recorrerá los confines del mundo, descansará en los cajones de vuestros armarios, desperdigada, irredenta, también irresoluble para la mayoría de vosotros (o para todos). Poemas que se echarán a morir entre las páginas de vuestros libros, revisas, folletos de publicidad... Poemas que aguardarán su relectura prisioneros en una caja de zapatos donde probablemente guardéis vuestras cartas, vuestros pequeños juguetes viejos, vuestras recortes de prensa casi olvidados...

La colección errante. Una serie, como digo, de poemas cortos, la mayoría brevísimos, algunos haikus o caras b, minúsculas, de una producción poética de más de diez años. Poemas que irán a parar a destinatarios que ni tan siquiera podrán reconocerse alguna vez; cada uno con un puñado de poemas sueltos.

Un libro de poemas troceado, fragmentario. Un libro de poemas hecho a la medida de la biblioteca de Nueva Gomorra (que se extiende irremediablemente por vuestros propios estantes, vuestras mesitas de noche o esa repisa de la cocina donde habéis colocado los libros para aprender a guisar). Cien poemas que han levantado el vuelo, no como palomas mensajeras, sino como ovnis que quisieran abduciros en el acto, con la misión de transportaros a un planeta habitado únicamente por gomorritas diletantes que jamás de los jamases perdiesen la curiosidad.