3 dic. 2012

El látigo del escritor


Tener un carácter compulsivo puede acabar con alguien con la misma facilidad con que puede salvarlo. El novelista ha de ser obsesivo y a la vez ser indiferente. Van Gogh no vendió un solo cuadro en su vida. Poe cultivó la poesía y la ficción, y vendió muy poco. La obsesión solo sirve si arrastra al escritor no al suicidio, sino a la realización de espléndidas obras de arte, y si le permite, además, tomarse con indiferencia que la novela venda o no, que sea o no apreciada. La obsesión constituye un problema tanto para el novelista como para sus amigos; pero ningún novelista, creo yo, puede disfrutar sin ella. Junto al campesino que lleva dentro, en todo novelista tiene que haber un hombre con un látigo.

- Para ser novelista, de John Gardner (Talleres de Escritura Fuentetaja, 2001)

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