10 mar 2014
Yo François Villon, a los cincuenta y un años
Yo François Villon, a los cincuenta y un años
gordo y corpulento, de labios color ceniza
y mejillas que el vino amoratara,
a una cuerda ahorcado
lo sé todo acerca del pecado.
Yo, François Villon,
a una cuerda pendido
me balanceo lento, habiendo sido
peor que Judas, quien también murió ahorcado.
Las viejas se estremecen al oír mis hazañas
pues no tuve respeto para la vida humana.
Que el viento me mueva, ya oigo cerca las voces
de aquellos que mandé a freír monas.
Me esperan en el infierno
y alargan las manos
porque se ha corrido allí, del Leteo al Cocyto
¡que al fin Villon había muerto ahorcado!
Ya la luna aparece, e ilumina la horca
dando a mi rostro el color de la sangre
yo, que hice mal sabedor de que lo hacía
hasta que por fin he muerto ahorcado.
Ya los lobos ladran en torno al patíbulo
y los niños gritan, parecidos a ratas:
¡Villon ha muerto ahorcado!
Viejas que me insultabais en la carretera oscura:
¡sabed que el semen moja mis caderas
y es fresco y sabroso el semen del ahorcado!
Que mis dientes sirvan
de jugo en tu caldera
bruja de los límites, tú a quien admiro
sabedora de embrujos, de filtros y de hechizos
más poderosos que la fe y que los apóstoles
de quienes se burló el Mago, más apta que ellos
para conocer el dolor
¡de este que un sepulcro merece!
Y que el viento diga, al amanecer, mañana
vanamente a ranas y a gusanos
Villon se ha hecho al fin célebre
pues al fin una horca dibuja su figura
¡Villon ha muerto ahorcado!
Y que de mi mano ajada caiga la rosa
que mis dientes estrujaron
pues ella supo mis crímenes
y fue mi confidente
y dígalo ella al mundo, cayendo sobre el suelo
¡Villon ha muerto ahorcado!
Pronto vendrá la canalla
a hozar en mi tumba
y orinarán encima, y los amantes
harán seguro el amor sobre mis huesos
y será la nada mi más escueto premio
para que ella lo diga,
no sé si nada o rosa:
¡Villon ha muerto ahorcado!
Sabrán de mí los niños
de edades venideras
como de un gran pecador
y asustados correrán a esconderse
bajo las sábanas cuando sus madres
les digan: «Cuidado ahí viene».
Y esa será la fama de Villon, el Ahorcado.
Y será tal mi fama que prefiero el olvido
porque un día, mañana
de ese futuro que el hedor hace
parecerse al recuerdo, una mano
dejará caer, al oír mi nombre
el fruto del culo, el excremento
y mi vida, y mi carne, y todos mis escritos
¡promesa serán sólo para las moscas!
Leopoldo María Panero
26 sept 2013
Un viejo en Venecia
rodeado de libros, de soledad, de gatos,
el poeta Ezra Pound,
habló, en un breve, muy breve encuentro con Grazia Livi.
Le comentó, sin autocompasión y sin desprecio,
secamente, con voz entrecortada:
«Al final pienso que no sé nada.
No tengo nada que decir, nada».
Si después de tan alto ejemplo, de tan clara sentencia,
aún sigo escribiendo, arañando palabras en el humo,
no es, que la muerte me libre,
por bastardo interés o absurda vanidad,
sino tan sólo por una simple razón,
porque no conozco otro medio, a excepción del suicidio,
-innecesario es un poema como un cadáver-
para dar testimonio de nada a nadie,
del mundo que contemplo, de esta vida,
de su horror gastado y cotidiano.
Que el viejo Pound, desde su tumba,
me perdone por unir su nombre
a estas sórdidas palabras desesperadas.
Juan Luis Panero, en Testamento del náufrago (1983)
23 may 2013
Niall Binns habla de Nicanor Parra
El viernes también podremos hablar con él de Parra, de buitres y de lo que nos dé la real gana. Nos vemos en el Tijuana.
15 ago 2012
Con dos barajas: corazones y espadas
SAMURAI
Está en la muerte
todo lo que te falta
y las mentiras que te sobran,
esas palabras que hacen
los sucesos y las cosas
más importantes que el silencio.
Hay que saber callar,
dejar sencillamente
que las cosas sucedan
despacio en el silencio,
de la manera más hermosa.
Hay que saber callar.
Cada día, sin excepción,
considerarse muerto
en lo más alto de la vida,
vivo en el centro de la muerte,
como afirma el samurái.
Manuel Lombardo Duro
HARAQUIRI
Tus besos son afilados
como el cristal.
Tu saliva
mansa, como un río calmo,
corta mis labios.
Tarde o temprano
mis palabras te sabrán a sangre.
No te puedo soportar.
Ni a ti ni a tu fantasma,
lo que me queda detrás
de cada última partida.
Tu cuerpo, ese reloj de arena,
mide mi tiempo
y ya me agosta.
Me abriste la piel la noche
que sacaste a pasear / tu lengua
por mi espalda antaño yerma.
No sé ni cómo
vivir sin el dolor.
Me coso las heridas
para que la sangre no te manche
y no te vuelva triste.
Porque te quiero limpia
y afilada / como la espada
de un samurái.
Pues fui yo quien te eligió
y yo quien te usará
para darse un final digno.
Juan Cruz López
13 feb 2012
Con los dos el viernes
esos malditos payasos
que se alternan para ser yo
me empujan desde dentro
se abren paso hacia fuera
como si tuvieran mucha prisa
por llegar a ninguna parte
Sergio R. Franco
xvii
Más allá de los dominios del estero,
el agua sigue sus propios cauces,
natural es su fluir hacia la inmensidad que le espera.
Desde aquí veo, amiga mía, que en esa tierra
también hay pájaros.
Veo el perfil de una ciudad nueva.
Donde vamos también hay pájaros.
Manuel J. Ruiz Torres
19 ene 2012
Y ya no hay huellas...

LA AVENTURA
Sin huellas que seguir,
sin rutas ya trazadas,
todos los pasos son el primer paso
y todo viaje es siempre un viaje nuevo.
Cada rumbo conlleva su horizonte;
cada navegación, su propio océano.
Elena Felíu
No fue fácil
sacar el primer pie
fuera del tiesto,
balbucear
trémulo
los pasos iniciales
del entonces recién nacido.
Nadie recibió consejos
sobre cómo mejor parirse.
Imaginé el camino
como un pasillo interminable
de baldosas blancas,
un territorio en fuga
imposible de habitar.
Jamás pensé
que serían mis huellas
las que me habrían de poblar
por dentro.
Juan Cruz López
20 jun 2010
Balzac, un poema de Raymond Carver

- En Todos nosotros (Bartleby Editores, Madrid: 2006)
14 may 2010
Piedad, de Miguel Mena

RENGLONES TORCIDOS
Tras una vida complicada, de inmigración y malos empleos compaginados con un ingente esfuerzo literario, el escritor chileno Roberto Bolaño alcanzó un gran éxito con sus novelas y poco después murió. Por el contrario, el norteamericano John Kennedy Toole se suicidó por la frustración de ver su manuscrito varias veces rechazado y no llegó a conocer el gran éxito internacional de su obra. A los cien años de edad, gran parte de ellos rodeado de intelectuales y artistas, el aragones Pepín Bello apenas había emborronado unos folios y gozaba de magnífica salud.
...
Y ahora vamos a darle otra vuelta de tuerca a una de las paradojas a las que es tan aficcionado el autor. Os dejo su microrrelato y ahora os sigo contando.
SCALA 78
Al acabar la manifestación por los derechos de los trabajadores, varios cócteles molotov volaron contra la gran sala de fiestas, convertida en símbolo del capital. Después, entre los escombros calcinados, los bomberos encontraron un camarero, un electricista y dos operarios de limpieza.
...
Da la causalidad de que conozco personalmente a Xavier Cañadas Gascón. Hace no demasiado tiempo estuvo en Jaén presentando su primer libro. Pasó ocho años en la cárcel condenado por haber sido uno de los causantes del incendio del Scala. Esa manifestación fue convocada por la CNT y dos de los trabajadores que murieron eran afiliados de la anarcosindical. El fuego de los cócteles molotov se extinguió poco después de que explotaran en la fachada. Todo el mundo vio que allí no había pasado nada. Al fin y al cabo, los chavales que los lanzaron, pues eran unos críos, no los sabían hacer bien. No penséis en Grecia. Luego, y como por arte de magia, el Scala salió ardiendo. Y curiosamente, el fuego empezó por el lado contrario al sitio donde habían explotado los cócteles molotov. Al día siguiente, en todos los periódicos y en el telediario, el siguiente titular: 4 trabajadores muertos en un incendio provocado durante una manifestación de la CNT. Y Martín Villa tan contento... Os recomiendo el libro de ahí abajo y esta pequeña reseña si queréis saber de qué va esto del Scala.

17 abr 2010
Poetas abisales

No es la suya una poesía fácil. Hay que tenerle paciencia. En sus poemas: el pensamiento, el hielo a veces, un universo ordenado y límpio que se levanta sobre la profundidad semántica de cada una de las palabras. La importancia del texto por encima de todo, del decir.
Muy distinto de lo que leo casi siempre. Me recuerda a Manolo Lombardo, que es otro poeta enorme, de poemas cortos y certeros donde la tensión emocional se construye sobre cimientos bien distintos a los habituales. Aquí no hay gestos ni frases hechas. Tampoco hay malos y buenos. Y si se me apura, tampoco hay amor (aunque lo hay, y mucho, pero de otra forma).
Juarroz, que era leído por Cortázar y al que descubrí gracias a un librero anarquista. Y Manolo Lombardo, al que conocí hace años, buceando en la sección de literatura española de la biblioteca de la universidad. Dos poetas del vacío y el abismo. Dos poetas abisales.
40
Desbautizar el mundo,
sacrificar el nombre de las cosas
para ganar su presencia.
El mundo es un llamado desnudo,
una voz y no un nombre,
una voz con su propio eco a cuestas.
Y la palabra del hombre es una parte de esa voz,
no una señal con el dedo,
ni un rótulo de archivo,
ni un perfil de diccionario,
ni una cédula de identidad sonora,
ni un banderín indicativo
de la topografía del abismo.
El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia.
El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.
La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.
Roberto Juarroz
31 mar 2010
Schiele, un poema y dios procesionado... Más una canción de los Smiths
Salgo a las calles, las de nuestra ciudad, y las veo vacías. Periodo vacacional, también en la city (Nueva Sodoma haciendo palmas). Pienso: esta entrada merece ser escrita en papel. Abro el cuaderno (que ya no es de las tormentas, sino un colega, acaso no el mejor, pero sí el más comprensivo). Reserva un par de páginas, camarero, y 20.000 cervezas para las noches estrelladas que se nos vienen encima, llueva o no llueva, pues nuestro único paso es el que nos lleva de una barra a otra.
El día ha amanecido soleado. El café carbura y ayer me encontré por casualidad con una vieja canción, esta de los Smiths, que más que recuerdos lo que me trae es un pasillo largo, antaño oscuro, al que le hubieran puesto lámparas versallescas, con cristal de Murano engalanadas. Decía que el sol brilla... La luz divina de la Semana Santa penetra, acompañada del olor a incienso, por la ventana de mi habitación cual falo esperancista... Fotones metanfetamínicos.
Y nada puede fallar, eso es lo que leo en un poema antiguo. Podría estar escrito en la Poetica Seminarii que el Noru montó con dibujos de Egon Schiele (mayo-junio 2007), pero no... En ese número lo que sí hay, aparte de una cita de partida magestuosa (Organiza tu odio, pintada en el DF), es un poema del Currata, este de ahí abajo, que hace que las calles deshabitadas y limpias, como una patena pentecostal dorada, de nuestra ciudad luzcan como nunca antes. Podría decir, ahora mismo, mi patria es la literatura sin equivocarme. Ben Goraled dixit:
AQUÍ, AHORA
Ahora estoy frío ante la duda,
pero me siento invencible
sobre la inmovilidad de las cosas.
Ahora, miro el reloj y ya es ahora,
el momento de olvidar
que el tiempo es escaso
pero lento en definir
cada momento,
cada movimiento.
Aquí deposito
las cenizas del presente,
entre montañas de colillas pasajeras.
Sin apenas pensar en el mañana
me acomodo en el jergón
de las palabras,
tan fresco y reposado
como una cárcel de marfil,
y sueño con el ángel terrible
el silencio y la lluvia tropical.
Y un vídeo que lo mezcla todo... Schiele, los poemas insondables de la espera y el amor, The Smiths, el pasado convertido en astillas, mondadientes... La Poetica Seminarii que nos hizo batallar contra la intrascendencia de los días apagados en la universidad. La suerte de los que la tuvieron.
Pienso: les enviaré el tema a mis cuates. Una canción en unos y ceros que sale volando. Sabrán apreciarlo, acaso con un brindis al sol... La vida se despliega con su correlato de dones, indestructible. Un aquí y ahora tan grande como una casa. El rizo de la existencia que se torna, menos de repente de lo que parece, amable.

Imagino un perro vagabundo trotando junto a mí. La calle es larga, compañero. Sus pezuñas resonando contra el asfalto. Todos los caminos por andar.
Juan Cruz López -NG-
7 dic 2009
Sismemo, el Institucionalizador Mayor
Carceri, Giovanni Battista Piranesi
Un gran edificio, la Institución, ¡ah!, el bueno de Kafka, la Justicia ciega, un gobierno regional, una pequeña escala para medir las cosas. Tranquiliza. Si el bueno de K siguiera aquí le encantaría este sitio, hacer un movimiento para repetirlo, hacer otro movimiento que te lleve a una puerta falsa, siempre con los oficios, los escritos, pasar por X para llegar a Y a través de Z, mediante I (sin olvidar a J), el tiempo es un lugar para quedarse detenido, la parálisis de los trabajadores institucionalizados, pedir a través de uno lo que ese uno no puede dar sin autorización de cuatro terceros que están (ya muertos) en una ciudad lejana, otra, inexistente. Ficcionalismos donde la ciudad remite a la ciudad que desemboca a las puertas de los pasillos de la ciudad. La gran institución, con I de informe. Apuesto a que a Borges también le gustaría este sitio, reflejo invertido de su gran biblioteca hexagonal. Lo siento, señorita (¡habráse visto!): imposible contactar con Marte, localizar a Marte. ¿Le parece si lo intentamos con el remoto Plutón? Eugène Ionesco se hubiera vuelto loco de contento y hubiera escrito la más sublime de sus piezas aquí: La desinstitución. Notas desinformantes. Diálogos de una ameba.
Contrapartida: la exégesis del sistema es un ejercicio de locura en toda regla.
El color gris aún no aflora entre mis pechos. Eso puede esperar, tiene que esperar. Antes de que lleguen las ojeras lanzo un grito que despierta a dos o a tres. Pero la maquinaria avanza, es un gran elefante viejo sin la dignidad de los cementerios. La maquinaría no perdona, el sistema es sistémico, monocromático, lineal, la orden ciega, ciega, nadie ve, Saramago y su ensayo también viven allí. Un mundo de casillas y cables, de teléfonos, un mundo de mudos sin lenguaje. Una puerta da a la puerta de la puerta. Esta es la máxima. Una puerta se cierra y otra se cierra. No hay ventanas. No dejen de creer en el SiSmema. Créanme, está bien así, no tocar lo intocable, respetar lo sagrado. Recuerden que todos son unos memos (SISmemos). Ustedes no lo entienden; lo desconocen, les falta inteligencia para colegirlo… el misterio de las Grandes Palabras solo se revela a los elegidos. Déjenlo pues así, mejor no tocar nada, no tocar nunca nada, no hacer nada, no caminar por los pasillos con la mirada puesta en la salida. Quien entra aquí no sale. Solo los iniciados llegarán a comprenderlo, métanselo en sus cabezas de chorlito cuanto antes, así por lo menos habremos avanzado algo. Así lo quiere Sismemo, el Institucionador Mayor.
Sea.
26 nov 2009
Presentación de La hamaca de lona
Excusa
2 nov 2009
El loro de Flaubert y Monsieur Ionesco
¿Qué relación hay entre Monsieur Flaubert y el teatro del absurdo? Aparentemente no mucha. Sin embargo la hidra y sus cabezas son como los caminos del Señor… Ayer leía con cierto aburrimiento un cuento de Flaubert, Un corazón simple, la historia de la desgraciada sirvienta Félicité, un dechado de calamidades y desventuras que, en cierto modo, y aunque nada tengan que ver sus peripecias, me hicieron pensar en la Justine del Marqués de Sade. Esta asociación ya de por sí me resultó disparatada y acabó marchándose como había venido, por la superficie. Los caminos del Señor… volví a pensar. Seguí avanzando en mi lectura del cuento y cuando estaba ya a punto de perder todo interés, Félicité dijo unas palabras que me sacaron del estado catatónico en el que estaba cayendo. La sirvienta estaba en una iglesia cuando, casi como una revelación, detuvo su pensamiento en algo; pensó que las representaciones del Espíritu Santo eran ciertamente extrañas, ambiguas y del todo incomprensibles, cargadas de misterio y lejanía. (Primer pensamiento puramente propio y original de nuestro personaje, pensamos con gozo). Pero la criada no tarda en abandonar esta idea y por un momento creímos (mal hecho) que Flaubert haría lo propio. El caso es que al tiempo, tras haber sufrido Félicité la muerte de sus seres más queridos, haberse dado cuenta de la calaña de su hermana, de las miserias de su vida y de tantas otras cosas, algo sucede. A su señora le regalan un loro y este acaba en sus manos.El loro ejerce sobre ella un poder mágico. Complicidad, misterio, una fuerza oculta, un secreto que solo ella comprende… el loro acaba convirtiéndose en un objeto de culto de la talla de la representación del Espíritu Santo que Félicité tiene en su buhardilla. A partir de aquí la historia se precipita: Félicité está cada vez más sorda y más enferma, oye voces y solo es capaz de comunicarse con el loro. El loro muere. Félicité lo hace disecar y lo coloca en su pequeño altar particular. Muere la señora. Félicité está cada vez más enferma. Cada vez más voces. Su último deseo es procesionar al loro durante las fiestas del pueblo…
El final es propio del mismísimo Eugène Ionesco. He aquí la respuesta a la pregunta con la que abríamos la entrada de este doble domingo. ¡Ah!, el bueno de Flaubert… ¿qué hubiera pasado si el Flaubert de Un corazón simple hubiera leído a Beckett, Ionesco, Genet o Adamov…?
No lo sabemos, pero lo que es seguro es que hubiera sido un verdadero festival.
8 oct 2009
Años después responde Jorge Riechman a Charles Baudelaire

EL HEAUTONTIMOROUMENOS (El verdugo de sí mismo), Las flores del mal, Charles Baudelaire, (traducción de Luis Martínez de Merlo).
Sin cólera te he de pegar
y sin odio, cual matarife,
como Moisés hizo a la roca.
Y de tus párpados haré
para mi Sáhara abrevar,
brotar las aguas del dolor.
Mi anhelo henchido de esperanza
surcará tu llanto salado
tal un bajel que emprende el rumbo,
y en mi pecho al que embriagarán,
han de sonar tus lloriqueos
cual un tambor que a carga toca.
¿No soy yo acaso un falso acorde
en la divina sinfonía
por esta Ironía voraz
que me muerde y me zarandea?
¡La escandalosa está en mi voz!
¡Y en mi sangre, negro veneno!
¡Yo soy el espejo siniestro
donde se mira la meguera!
¡Yo soy la herida y el cuchillo!
¡Soy el tortazo y la mejilla!
¡Yo soy los miembros y la rueda,
y la víctima y el verdugo!
De mi pecho soy yo el vampiro
-¡uno de esos abandonados
condenados a eterna risa,
que ya no pueden sonreír!
Y Jorge Riechman, en VIGOR HÍBRIDO, en Desandar lo andado
Husmeo, ansioso, el sudor de una sorpresa
José Luis Rodríguez García
¿La revolución- blanca playa, casa blanca, lancinante fulgor que enceguece- acabaría invistiéndose de los desvaídos prestigios de la tuberculosis? ¿Santificaremos el cansancio con tal de preservar el dudoso lastre de un gesto decadente?
Dulce es el bálsamo del desengaño, pero pronto mineraliza piel y músculos en un rictus terrible. No hay ninguna dignidad intrínseca en el perdedor. Me niego a juzgar la pandemia con las categorías de la elegancia. El peñasco que se derrumba no metamorfosea mágicamente las cualidades de la arena.
Mis turbias alamedas rebosan anticuerpos contra la infección de la melancolía, incluso cuando ésta pretende coronarse con un tallo de enredadera arrancado del costado perenne de Hölderlin. Eso es hacer de la necesidad virtud, me dices. Pero quién conoce, en nuestro cosmos desagregado y renqueante, virtudes que provengan de origen diferente. Los ágiles pétalos del bautismo se abren, debajo no hay sino más pétalos. No encontraré a mis compañeros muertos cerca de ningún cadáver.
2 oct 2009
Diálogo con El río de Cortázar: prolongación de la hidra
Increíble, lo que dijiste antes es increíble, no tiene ningún sentido. Siempre has sido una caprichosa. Ahora resulta que te quieres morir, que el día menos pensado vuelvo a casa y no estás porque has decidido al fin tener coraje. Parece mentira que aún sigas empleando esos códigos de honor, coraje, valor, arrojo, valentía. Siempre te ha gustado resumirlo todo a cuestiones éticas. Es ético quedarte, aunque tú ya estés muerta, porque lo cobarde es abandonar, es decir, la acción dura, el gatillo que nos deje a los dos por fin descansar. Pero también es ético marcharse, el verdadero coraje consistiría entonces en enfrentarse a la muerte cuando uno lo decide, en perderle el miedo a las palabras y en asumir, de una vez por todas, que esta vida de mierda no merece la pena. Pero también está esa otra, la de que tu maldita vida de burguesa acomodada es demasiado poco como para tirarse del puente, que si al menos tuvieras la posibilidad de morir por una causa noble, una revolución o la defensa de los oprimidos, una muerte entregada por amor a la humanidad, algo grande, claro. Sin embargo, nunca un remordimiento con respecto a los otros, ¿me equivoco? Éticamente hablando, y si me lo permites, los dos somos la misma cosa, Linda, perros bastardos demasiado acomodados en su miseria cotidiana, unos hedonistas, que diría tu madre. Pero al menos yo intento encontrar algo, busco, intento hacerme un hueco en el fango de lunes a domingo, en el fango de horarios… pero tú… tú hace tiempo que tiraste la toalla. No es un juicio de valor, Linda, hemos quedado en que éticamente los dos somos la misma basura, pero ya ni siquiera quieres arrastrarte, ni siquiera quieres, solo te dejas querer, vivir, respirar, te dejas dormir, vivir, ser. Estoy seguro de que es otra la que duerme por ti, porque tú nunca descansas, tu locura nunca descansa. Alguien debe entonces de soñar tus sueños por ti; eso si es que aún... La diferencia, la manía de comparar, es que yo no necesito tu resistencia, la resistencia de ti, para seguir adelante, la resistencia de la vida no me interesa, mientras que a ti eso es lo único capaz de hacerte despertar, mi resistencia, tu resistencia, el elevado índice de rozamiento entre la vida y tu superficie... ¿Sabes? Es idiota… pero justo me viene a la cabeza la noche aquella en el ático de Martín. ¿Recuerdas? Hacía mucho calor, habíamos bebido como malditos y tú seguías diciendo que no podíamos parar, que o reventaba la noche o tú de allí no te movías. A todos nos hacían gracia tus palabras, sonaban como a otra. Entonces alguien puso una canción de Dominique A, Je t’ai toujours aimé, cómo olvidarlo, tú te pusiste como loca, hablabas y hablabas, cada vez más fuerte, esta vez iba en serio, una cadena fónica interminable de gritos y aspavientos: pérdida-irremisible-culpa-sois todos culpables-pandilla de-insignificantes-nunca nada grande-mis pequeñas miserias- la vida lamentable- verdaderamente lamentables… Gritabas y gritabas. Poco a poco todos abandonaron la terraza. Se hizo el silencio. Nos quedamos solos. Me pediste que te sirviera una copa, la última, dijiste. Sonreíste como si acabases de regresar de un largo viaje. Parecías exhausta. Dudé. Pensé que la noche siempre te había sentado bien. No encontré resistencia cuando mis brazos te tomaron, por primera vez sentí que tu cuerpo estaba justo allí, ni más ni menos, por una vez allí. No sé porqué te cuento esto, supongo que ya apenas ni me escuchas, que sigues con tu idea: la grandilocuencia de la muerte, tu suicidio ridículo. Lo elocuente es el acto, estarás pensando con los ojos cerrados. Y no, quiero decir, no solo, lo elocuente sería que de una vez por todas te desnudaras y vinieras a buscar mi cuerpo a ciegas, en la oscuridad de esta sala de enfermos, de esta morgue, en la oscuridad del resto de tu vida desde tu decisión de hace una horas. Al fin lo has hecho. He de reconocer que me sorprendes, Linda, ingerir todos esos somníferos a mitad de la tarde, ingerirlos mientras canta Billie Holiday The man I love, tú que nunca has amado a nadie, ingerir los somníferos que te mandaba tu muy respetable madre para las crisis de nervios. Pensar lo simple que ha parecido todo siempre para ella. Tengo ganas de llorar. Linda siempre ha sido una niña demasiado nerviosa, solía decirme cuando nos enzarzábamos en una de esas a las puertas de tu casa. ¿Sabes lo que me gustaría? Me gustaría ver la cara de tu madre ahora, si te tuviera delante ahora, ahí, arrumbada en el sillón, desvencijada, más bien, un amasijo de pelo y miembros, una blancura preludio del olor que arrojarás mañana. Maldita sea, cómo has podido tragarte esa bazofia del eterno descanso, cómo has podido esperarme muerta en el salón para darme la noticia por tu propia boca. Ahora te observo, veo que no has dejado ningún cabo suelto. Dos cartas sobre la mesa, una para Manuel y otra para tu madre, tu ropa por el suelo, siempre te gustó andar desnuda por ahí, excitando a los vecinos, no serías tú la que se tomaría la molestia de cerrar las cortinas, si no les gusta lo que ven, que no miren, solías espetarme enojada cuando te advertía acerca de la mirada de algún vecino mirón. Tú siempre por encima de esas cosas, por encima del dolor que has provocado, que provocas, por encima del respeto, porque amar es otra cosa… por encima de tu soledad, tan por encima que has muerto sola, completamente sola y llena de deudas que tú desconoces. Hubieras debido esperarme… si de verdad estabas convencida, te hubiera ayudado, te hubiera acompañado, ahora no podré perdonarme que te hayas quitado la vida sin mí, no podré perdonarme no haber entendido tu libertad de pájaro, de cama fría, tu libertad de viejo que ya no espera nada. Hasta en la muerte estás hermosa, Linda. Hubieras debido esperarme. Es una lástima que yo no crea en la redención de la muerte, sino ahora mismo me cortaría las venas y tendríamos, voilà!, la muerte perfecta, los amantes muertos de su amor… solo que ni a ti te mató el amor ni yo pienso suicidarme por ahora, no por ahora, antes tengo que recoger tu cuerpo, llamar a tu madre, decírselo a Marta y a Martín, llorar tu muerte, enterrarte y luego, tal vez luego, sin dejar que una vez más me arrastres de tu lado, pensar si todo esto merece la pena. Pero solo luego, ahora te tienes que ir, te tengo que llevar, llamar a tu madre, a Marta y a Martín, pensar en el entierro, sacarte de aquí, sacarte de aquí, sacarte de aquí como sea, sacarte de aquí.
11 sept 2009
Dialogan Cortázar y Aleixandre
Julio Cortázar, capítulo VII de Rayuela:
Mano entregada, en Historia del corazón de Vicente Aleixandre
Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso.
Es por la piel secreta, secretamente abierta, invisiblemente
entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura, que dulcemente oscura
te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo, que ahora resuena mío, mío poblado de mis
voces profundas,
oh resonado cuerpo de mi amor, oh poseído cuerpo,
oh cuerpo solo sonido de mi voz poseyéndole.
Por eso, cuando acaricio tu mano, sé que solo el hueso
rehúsa
mi amor –el nunca incandescente hueso del hombre-.
Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese lento contacto de
tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.


