12 ago. 2018

Die Aktion y Carl Einstein



«Desde luego que la revista semanal berlinesa Die Aktion, de Franz Pfemfer, en la que ve su aparición en 1912 la versión ya íntegra de Bebuquin o Los dilentantes del milagro se halla en el corazón del clima cultural y la atmósfera espiritual generada por el Expresionismo; a ella están muy próximos los Franz Marc, Macke, Kandinsky, etc. Ahora bien, tampoco andan muy lejos de la órbita de Einstein otras revistas como Simplicissimus o Die Fackel, de Karl Krais, y pese a la casi hermandad estética entre todas estas publicaciones de agitación cultural, estas últimas se relacionan más con la crítica y la sátira político-social que con la espiritualidad plástica de un Kandinsky. Lo cierto, al cabo, es que tanto una faceta como la otra interesaban, y mucho, a Carl Einstein, y que el carácter combativo, autorreflexivo y performativo de su concepción de arte, literatura y sociedad, que lo emparentaría con el dadaísmo, es algo tan genuinamente suyo como las imágenes distorsionadas o la plasticidad transida de la escritura».

- Juan Andrés García, en el prólogo a Bebuquin o Los diletantes del milagro, de Carl Einstein (Antonio Machado Libros. Madrid: 2011).

9 ago. 2018

Masa, moda y la «espuria autonomía del Yo»


Ahora que ya lo hemos editado, estoy disfrutando mucho de la lectura reposada de Huérfanos de historia y utopía. Diario crítico del capitalismo actual, de Armando B. Ginés. Hoy os copio un fragmento del capítulo «Sangre y dinero sucio»:

«Atrapado en una dicotomía opresora, culpar al diferente o sumirse en la melancolía de la impotencia, solo le queda al ciudadano de a pie adherirse a la normalidad de la masa o bien ensayar soluciones de corte menos estandarizado: criticar la realidad desde sus raíces y el sistema político en que habita. Esto es, no buscar responsabilidades fáciles y atreverse a cuestionar los propios valores como la verdad absoluta. [...] En tiempos de crisis aguda funcionan muy bien las disyuntivas excluyentes [...] Es un éxito rotundo del sistema inaugurado por la posmodernidad globalizadora el que tal doctrina simplista haya corroído la voz de la conciencia crítica personal y de la proyección colectiva de los asuntos públicos. En esta soledad existencial, las capacidades de resistencia se han anulado casi por completo. El regreso a una espuria autonomía del Yo no deja ver que las inmensas mayorías no son más que conjuntos clónicos de individuos repetidos hasta la saciedad. La presunta libertad ha devenido en igualdad uniforme y anodina. Somos esclavos de las marcas punteras, hooligans de las modas pasajeras, adeptos al gesto insulso, amantes de los tics estúpidos que imitan al personaje de paja encumbrado hace un instante».

- En Huérfanos de historia y utopía. Diario crítico del capitalismo actual, Armando B. Ginés (Piedra Papel Libros. Jaén: 2018).

8 ago. 2018

Las lecciones francesas de Atxaga


Nunca me ha interesado Bernardo Atxaga. Entendedme, ni me ha interesado ni me ha dejado de interesar, pero sí que es verdad que nunca he leído una entrevista suya, ni he comprado ninguno de sus libros, ni me he parado a escucharlo cuando, por casualidad, me he topado con él en la tele haciendo zapping. Sin embargo, hace unos días, haciendo limpieza de profundidad, me encontré con un librito suyo en una caja, Horas extras, publicado por Alianza en 1997. El libro no es gran cosa, pero una de sus partes, la última en concreto: «Reflexiones un tanto francesas», es una lección en toda regla del proceso de construcción social de la literatura; una lección magnífica, y no solo por lo que tiene de amena.  Os dejo una cita:

«Para que un texto literario exista, no basta con un Primer Momento, el de la creación, el momento de la escritura; hace falta también un Segundo Momento, el de la caja de resonancia, el momento social. ¿Qué hubiera sido de la obra de Lautréamont de no mediar los surrealistas? Si la sociología de la literatura no miente, Lautréamont sólo vendió en vida treinta y cuatro ejemplares de sus Cantos de Maldoror, y llevaba muchos años olvidado cuando André Breton y sus compañeros decidieron hacer caja de resonancia, es decir, sacarlo a la luz y divulgarlo».

6 ago. 2018

La ley y la autoridad


Hoy nos quedamos con el primer párrafo de La Ley y la autoridad, de Piotr Kropotkin, en la reciente edición de nuestros amigos de Calumnia Edicions. Ahí va:

"Cuando la ignorancia está en el seno de la sociedades y el desorden de los espíritus, las leyes llegan a ser numerosas. Los hombres lo esperan todo de la legislación y cada ley nueva ha sido un nuevo engaño; piden sin cesar a la ley lo que sólo puede venir de ellos mismos, de su educación, del estado de sus costumbres". No creáis que es un revolucionario el que dice esto, ni siquiera un reformador; es un jurisconsulto. Dalloz, el autor de la colección leyes francesas conocida con el nombre de Repertorio de legislación. Y, sin embargo, esas líneas, escritas por un confeccionador y admirador de leyes, representan perfectamente el estado anormal de nuestras sociedades.

- En La ley y la autoridad, de Piotr Kropotkin (Calumnia Edicions. Mallorca: 2018).

31 jul. 2018

Ricino


Ya he hablado en varios sitios de GardenJunkies, de Gsús Bonilla, un libro magnífico que no me he cansado de recomendar. Sin embargo, todavía no había colgado aquí este fragmento sobre el ricino que da la medida del contenido de este dietario tan personal.

***

38. De las cuatro o cinco semanas que llevamos en el vivero, la planta que más nos ha impresionado (de entre las muchas que hemos visto por aquí) por su belleza lovecraftiana y, por qué no decirlo, por su imponible porte, tétrico y terrorífico, tan imponente como la historia española que le acompaña, esa ha sido el ricino. 

39. La planta del castigo, la planta del Demonio, la higuera infernal para la humillación y el escarmiento y la tortura. Sus hojas son la viva imagen del mal y se asemejan a las mujeres construidas por el franquismo y por el aplauso de sus acólitos de hoy y siempre, hechas de esquirlas, como nuestra reciente historia de guerra y posguerra; la de todas las niñas y mujeres purgadas, afeitadas y expuestas, paseadas en las calles de sus respectivos pueblos y ciudades; encarceladas, violadas… 

40. Un frío, muy frío, te recorre por adentro cuando te presentas ante un ricino. Nunca hemos estado en Auschwitz, hoy museo estatal, quizá por ello ahora no alcanzamos a comprender la atrocidad que desprende su silencio frío, del que habla quien ya lo ha visitado; yo supongo, solo supongo, que tendrá similitud con el silencio atroz del campo de concentración de Castuera, Badajoz, que visité hace unos años. 

41. Sabemos, porque lo hemos experimentado, que la primera vez que te enfrentas a un ricino se te hiela el alma. Hemos acordado que todos, aunque no escribamos poemas, aunque sepamos solo la historia de oídas, o de leídas, o, aunque nunca más queramos saber de historias, ni de escritos, ni de poemas, tendríamos que tener un ricino en nuestros hogares, y mantenerlo con lo poco que necesita, para que no se olvide la crueldad y la barbarie de la que puede ser capaz el ser humano o, simplemente, para que sirva de planta ornamental en el rincón más luminoso de tu casa.

Martes 8

Notas al margen
«Bloodisthe rose ofmysteriousunion»,  Jim Morrison
En los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau y Lublin-Majdenek, los científicos alemanes hallaron una extraña variedad de flores de la familia de las rosáceas que crecían bajo las cintas transportadoras de los hornos de los crematorios, fruto de la ceniza acumulada en los ventiladores. La corola estaba compuesta por pétalos grisáceos en forma cóncava, y el color de los pistilos y estambres era ligeramente azulado.
 (José Daniel García, en La Hamaca de Lona, nº 17. Córdoba. Nov. 2005)

26 jul. 2018

Originario

Fotografía de Víctor Cobaleda

ORIGINARIO

Contemplo el atlas de coordenadas
que conforman el mapa ontológico
de las arrugas del espanto.
Aprieto las mandíbulas y me repito incansable:
no existen las piezas de puzle perfectas.
Ahora comprendo.
La fisura existente entre un ser y otro.
La identidad.
La ausencia.
El origen de un mundo
compuesto por infinidad de otros mundos.
La víscera y el surco debajo de su ojo derecho.
El vértigo en el corazón palpitante del estómago.
Vi su cara y lloré tanto como la excitación que me produjo.
Sentí al hombre antiguo para quien el presente 
es apenas un indefinido rumor.
Sentí la daga consagrada a  mi muerte antes de nacer.
Sentí los círculos concéntricos posados sobre mi nuca.

Huelo el miedo de mi carne en la carne,
la inmensa cobardía de enfrentarme a la huida.
Recuerdo cuánto placer extinguido me elevó,
la mentira con la boca llena de fresas y naranjas frescas.
Miro la ventana desde la habitación que es el mundo,
la cama que nos contempla con tristeza y asco,
las aceras que nunca transitamos llenas de personas diminutas.
Ahora comprendo el momento de mi destino,
los tobillos torcidos tras el salto angustioso de los sucesos,
las raíces curvadas y embravecidas que me turbaron.
Unos brazos secos como las ramas de un rosal
podrido de tanta abundancia.
Llegado el final, solo quedan palabras,
palabras, palabras y más palabras.
La lengua sangrante y mutilada,
gesticulaciones vacías de contenido,
vergüenza y pesar acumulado,
el gozo y el dolor confrontándose en los huesos.
Las ganas de ser y de no ser por partes iguales.
La negación absoluta de cada suceso,
la resignación de haber perdido algo que jamás te perteneció.

Y tras todo lo dicho, empezar sobre lo ya empezado,
cantar una canción en los brazos de la madre de la que renegaste,
mirar unos ojos en el espejo que no son los tuyos
pero que parecen serlo.

- De Vonlenska. Una historia finita, Araceli Pulpillo (Piedra Papel Libros. Jaén: 2018). Nota: los versos en cursiva pertenecen a El hombre en el umbral, de Jorge Luis Borges.

24 jul. 2018

«Las revoluciones son para los pueblos como la música para Charlie Parker»

Esta semana, y por una casualidad tonta, he vuelto a echarle un vistazo a uno de los libros de la Serie Transhistorias, la colección de historia de Piedra Papel Libros. El libro es Arte y Revolución en la Comuna de París, de Miguel Romero, "Moro", y Pepe Gutiérrez-Álvarez. El caso es que he releído la primera parte del trabajo, «El tiempo del reloj y de las cerezas», firmado por Romero, y he redescubierto párrafos muy chulos como este donde aparece Bird. El cuento del que habla es «El perseguidor», de Julio Cortázar, incluido en Las armas secretas, el libro que, a mí particularmente, más me gusta del escritor argentino.

***

Las revoluciones son para los pueblos como la música para Charlie Parker en el maravilloso cuento que le dedicó Julio Cortázar. Por ejemplo, en esta conversación entre Johnny Carter [Charlie Parker] y Bruno [Cortázar]. Dice Johnny: «Bruno si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia… Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio. Entonces un hombre, no solamente yo sino esa, tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes […]». Y Bruno comenta: «cuando Johnny me lo está diciendo, siento que hay algo que quiere ceder en alguna parte, una luz que busca encenderse, o más bien como si fuera necesario quebrar alguna cosa, quebrarla de arriba abajo, como un tronco metiéndole una cuña y martilleando hasta el final».

- Páginas 24 y 25 de Arte y Revolución en la Comuna de París, Miguel Romero y Pepe Gutiérrez-Álvarez (Piedra Papel Libros. Jaén: 2016).

22 jul. 2018

«Un hombre común», un poema de Ángel E. Lejarriaga

Adolf Eichmann durante su juicio en Israel

UN HOMBRE COMÚN

Eichmann dice que no ha hecho mal a nadie,
que es moderadamente bueno,
que quiere a sus hijos
y a su mujer,
a su familia en general,
que es un padre y marido común.

Eichmann dice que es un buen trabajador,
obediente y respetuoso con las reliquias,
buen compañero,
comprensivo,
siempre dispuesto a agradar y a ayudar,
se considera un trabajador común.

Eichmann dice que es un hombre moral,
no trasnocha,
no bebe, 
no se droga,
no come más de la cuenta,
dice que en esos aspecto está por encima de lo común.

Eichmann dice que en su empleo
ha estado muy bien considerado,
le han dedicado los más altos honores,
ha ascendido mucho 
gracias a su gran esfuerzo y dedicación,
algo que en el pueblo alemán es muy común.

Eichmann es un asesino de masas,
pero él dice que no ha matado a nadie,
que ha ejecutado lo que le han mandado,
como cualquiera hubiera hecho,
como es de ley,
ha actuado como un funcionario común.

Eichmann es un buen marido,
es un buen padre,
es un buen trabajador,
es un buen funcionario del Estado,
es un buen compañero,
algunos han dicho de él que es buen patriota,
él piensa que es un hombre común.

Ángel E. Lejarriaga

Os invitamos a visitar el blog del autor:

19 jul. 2018

Un escritor, sentado en una sala de espera, escribe


El fragmento que vais a leer más abajo es el primer párrafo del cuento «De duelistas mórbidos y satélites mal calibrados», perteneciente a Cardiopatías. Relatos de insumisión y dudas, firmado por Juan Miguel Contreras (Baile del Sol, 2017). Hacía tiempo que el estilo no se hacía tan visible... Y me gusta.

***

El escritor, sentado en la sala de espera, garabateaba sin mesura historias e historias como una araña febril tejiendo una inmensa tela en una bóveda insolente y abandonada por los hombres a la espera de encontrar un camino a seguir. Lo hacía sin motivo aparente (no tenía editor, aunque muchos años atrás había publicado un par de novelas) y lejos de justificarse con sortilegios idealistas cada vez que se enfrentaba a una hoja en blanco, a su edad (que no era mucha aunque tampoco despreciable) había descubierto que escribir (o más bien inventar historias) le producía una especie de placer íntimo y, por tanto, le parecía totalmente antinatural tener que renunciar a ello solamente porque no alcanzaba a dar (o a darse) un motivo razonable más allá de esa suerte de vicio solipsista.

17 jul. 2018

Ajedrez de medianoche


Regresan estos dos, que leí hace poco y que tanto me gustaron, sobre todo Después de media noche, de Irmgard Keun. Regresan y veo como, poco a poco, van creciendo los rincones de nuestra pequeña casa donde vamos amontonando libros. La montaña crece y solo pienso en lo que acarrearía una nueva mudanza... Crucemos los dedos. 

Por cierto, sobre ambas novelas tengo un par de post en La Banda de los 4, por si os apetece leerlos. Son estos:

«Novela de ajedrez: un apunte en blanco y negro»

«Después de medianoche»