19 jun. 2018

«Uno de los condenados que lo resistió todo»


Cuando más tarde Mr. Sammler se escondió en el mausoleo, no fue para huir de los alemanes sino de los polacos. En el bosque de Zamosht los guerrilleros polacos se volvieron contra los combatientes judíos. La guerra terminaba, los rusos avanzaban y al parecer se había decidido reconstruir una Polonia sin judíos. De modo que hubo una matanza. Los polacos llegaron disparando al amanecer. En cuanto hubo luz suficiente para asesinar. Había niebla, humo. El sol trataba de salir. Empezaron a caer hombres y Sammler huyó. Hubo otros dos supervivientes. Uno se hizo el muerto. El otro salió corriendo, como Sammler. Este se ocultó en el pantano, se tumbó bajo el tronco de un árbol, sobre el fango. Por la noche se alejó del bosque. Al día siguiente se arriesgó a ir a Cieslakiewicz. (¿Fue solo un día? Quizá fuese más tiempo). Aquellas semanas de verano las pasó en el cementerio. Luego apareció en Zamosht, en la ciudad misma, en pésimas condiciones físicas, con el ojo muerto hinchado como una pústula. Uno de los condenados que lo resistió todo.

- En El planeta de Mr Sammler, de Saul Bellow (Debolsillo. Barcelona: 2005).

16 jun. 2018

«Nadie dijo que escapar fuera fácil», un poema de Isabel Bono


NADIE DIJO QUE ESCAPAR FUERA FÁCIL

aprendíamos sin querer
a vivir con lo puesto
la piel las uñas los sentidos

con los años aprendimos
a vivir con lo impuesto
el miedo el dolor la pena

Isabel Bono, en Lo seco (Bartleby. Madrid: 2017).

6 jun. 2018

Judíos sin dinero

Una de las novelas que más he disfrutado de los últimos meses. Os dejo con un fragmento.

***

El doctor Isidoro Solow era soltero, joven, desaliñado y triste [...] Era impulsivo y decía sin cuidado todo lo que se le ocurría. Llamaba idiotas a los que dormían con las ventanas cerradas. Ellos se horrorizaban. Nadie había dormido nunca con las ventanas abiertas, decían.
-¡Cómo! ¿Abrir las ventanas cuando fuera hace un frío que pela? -exclamaban.
-Naturalmente -decía el doctor Solow con impaciencia-. Así gastarán menos en médico. Pero ya veo que son ustedes idiotas y quieres estar enfermos. Hagas ustedes lo que les dé la gana.
Una vez le dijo a un hombre que tosía mucho la cosa más extraordinaria:
-Amigo, ninguna medicina puede curarle. Lo que usted necesita es entrar en un gremio.
-¿En un gremio?
-Sí, señor, en un gremio. A usted le hacen trabajar demasiadas horas en esa cochina fábrica, donde le explotan; tiene usted un jornal miserable; necesita usted comer y descansar, amigo. ¡Este es el mal que usted padece! Entre en un gremio.

- Michael Gold, Judíos sin dinero (una historia del Lower East Side), editado por Dirección Única (Barcelona, 2015).

5 jun. 2018

«Eterno retorno», un poema de Vanessa Basurto


ETERNO RETORNO

La ventaja
de haber caído
varias veces en el abismo
es que ya conoces el camino de vuelta.

Vanessa Basurto, en La Tormenta, nº 2, Calumnia Editorial y Piedra Papel Libros, 2018.

4 jun. 2018

Ya en la calle La Tormenta (número 2)


Pues ya nos ha llegado esta joyita coeditada con Calumnia Edicions. El segundo número de La Tormenta no se vende en nuestros puntos de venta y podéis pedírnoslo por correo electrónico a piedrapapellibros@gmail.com (2€, sin gastos de envío). Las copias son limitadas. También lo tendréis a la venta en las mesas que la editorial pone en las ferias y eventos editoriales a los que acudimos. Piedra Papel Libros lo regalará también para pedidos de nuestro fondo editorial que superen los 20€. 

El primer número, que sacamos hace unos meses, lo podéis leer aquí: 

2 jun. 2018

«Nostalgia de futuro», un poema de Isabel Bono


NOSTALGIA DE FUTURO

nos alimentaba la luz de las farolas
nos alimentaba el dolor
de no saber qué sería de nosotros

si las casas seguirían en pie
y nosotros sentados,
si debíamos o no apuntalar cada recuerdo

nos alimentaba el desconcierto
y la tierra negra de las uñas
ya para siempre en el estómago

veranos de escalones
donde se gestaba el futuro
y el futuro no llegaba,
llegaban las tardes
escupiendo a nuestros pies
las cáscaras del tiempo

nadie notaba que crecíamos
al margen de los días

Isabel Bono, en Lo seco (Bartleby. Madrid: 2018).

29 may. 2018

Desde lo alto


DESDE LO ALTO


El hombre subió hasta lo alto de la montaña, donde las personas del pueblo parecían no ya aceitunas, ni hormigas, sino meras pulgas, de puro pequeño e insignificante. 

Desde esa altura, pensó, podría proclamarse Rey, o Papa, o Emperador, nadie le hacía sombra. Podría proclamarse Dios mismo, incluso. 

Las pocas personas que, desde el pueblo, miraron a la cumbre de la montaña, le vieron a él, también pequeño e insignificante como una pulga. Y, además, solo, escarpadamente solo.

Bruno Rogero San José, de Fregar, sacar la basura, amar y hacer la Revolución.

23 may. 2018

Cuatro poemas de Cristina Cobo


La maleta vacía

Sólo un hijo sobrevive
a mis ovarios muertos.
Me has secado por dentro.
En tu equipaje llevabas todo,
hasta lo que no ha sido.
En la línea de la orilla,
donde el mar arroja
la basura y la espuma,
se queda mi cuerpo
hueco.

Borrosa

Quiero dibujar una espiral
infinita.
No sé dónde empieza.
Negro sobre papel arrugado,
se desdibujan los bordes con el agua
que gotea desde el pelo,
desde los ojos,
hacia mi pecho.
Las líneas se ríen de mí.
Escribo en un libro cerrado.

Falso

Me habéis quitado las palabras.
No sé escribir sin las bocas de otras.
Cada letra es pisar sobre otra huella,
hasta que me quedo muda.
Cada idea un recuerdo,
hasta que no quedan historias.
Nada es original.
Soy una asesina en serie
de poemas ajenos.

El fraude

No me gusta este vestido.
La cremallera me abrocha
la boca.
Las arrugas
finas, precisas,
parecen de otra persona.
Ya no quiero sonreír
porque no las reconozco.
No mires en el espejo,
sólo de espaldas.
El perfil no es más que un lado
y no sé cerrar los ojos.
Orgullosa de mí.
MENTIRA.
Soy un fraude que se arruga.

Cristina Cobo Hervás

20 may. 2018

Aparición


APARICIÓN

A veces
            ocurre
que la literatura se aparece
de repente

y te recuerda que te hallas perdido
y te recuerda que te hallas dormido

y que tienes que despertar.

Juan Cruz López

19 may. 2018

Fafner



Es una época relativamente tranquila. También vacía. Se ha desligado de todo lo que le unía a sus semejantes. Su padre estaría orgulloso de él. Está en tierra de nadie. Es el único ejemplar de una especie medio draconiana. No siente deseo de emparejarse ni de reproducirse, aquel sentimiento murió con Blanca. No está dispuesto aún a retirar la piel y escarbar en lo profundo, a ir hacia un fin. Nunca se ha matado en busca del sentido de lo que sucede, ni ha buscado misterios que fueran más allá de por qué el agua subterránea de las cavernas está caliente. El agua es lo que bebe, lo que se le escapa entre las manos, lo que cae del cielo y baña su anatomía cuando se sumerge en ella. Solo le interesa el libro natural visual, auditivo, gustativo, olfativo y táctil del bosque, pero algo ha cambiado. Se ha imbuido de un extraño estado de contemplación que no acaba de entender del todo. Ha colocado la savia de los abetos negros donde los de las cruces emplazan su símbolo. Se siente un recién nacido torpe más que un sacerdote. No hay deseo de predicar ni de compartir. Por primera vez pesa la soledad.

- En Fafner, de Daniel Pérez Navarro (Antipersona. Madrid: 2018).