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16 jul 2014

Última noche (un poema naif)


Vagabundo
sobre un montón
                     de ruinas
tengo las pilas cargadas
para volverte a amar.
 Te echo tanto de menos...  

Philip Rogina (más Rogina que nunca).

15 oct 2012

Un poema de Jean-Jacques


Los investigadores de la Generación Ausente todavía desconocen el apellido del autor.

I

El pájaro en la rama,
como un espartano
que acicala sus cabellos,
hunde el pico entre sus plumas.
Ya está listo
para morir.

2 jun 2012

Acrósticos


A continuación reproducimos los dos acrósticos que Vera Pereira dedicó a Tiépolo LaMothe y que fueron recogidos por los investigadores malditos de la Generación Ausente en el número especial de Poetica Seminarii sobre dicha generación.

i

Tiépolo,
impenetrable,
espartano
poeta
oscuro,
lejano
oigo tu verso de metal.

ii

Te marchas 
indolente.
Eres más libre que los
pueblos bárbaros.
Oscura 
la deriva
osada de tus manos.

27 oct 2011

Generación Ausente: Alejandra García (Buenos Aires, 1965 - Burdeos, 2004)


Alejandra García, investigadora y poeta de la Generación Ausente, nace en Buenos Aires, en 1965 y muere de leucemia en Burdeos, en junio de 2004. Es la madre de la Generación Ausente y de la antigeneración del mismo nombre. Hasta hoy, toda su investigación era inédita.

Su investigación empieza con un par de poetas que conoce en su Argentina natal, para luego ramificarse como una hidra de múltiples cabezas. Cada vez que Alejandra cortaba una cabeza, otra más oscura y compleja la suplantaba. Alejandra hizo una enorme labor por rescatar a un grupo de poetas que crecía únicos e imprescindibles para entender la producción poética del nuevo milenio, un grupo de valientes que tuvieron coraje de luchar por la literatura.

Caracol*
enredado.
Recogí tus trocitos,
tus antenas temblaban.
Te hice una casa nueva con Super Glue.

Te habían pisado la cabeza.

Hidra

Imagino que hay un grupo de pibes
dispuestos a cambiar el mundo.

Su voz nada en los ríos metafísicos,
soy yo la única
mujer
que puede salvarlos del olvido.

Entonces sería imperdonable
no entregarse
de lleno,
no apostarlo todo a una sola carta,
no renunciar
a un hijo.

La maternidad no iguala a la poesía,
la contiene.

Ahora me habla una de las cabezas de la hidra,
esta es nueva,
me acaba de brotar y es fastidiosa.

Hace tiempo que dejé de cortármelas.

La generación me contiene.
Ahora lo sé,
la literatura es el camino.

* Caracol es un poema que Alejandra fechó en mazro de 2003, cuando la absurda y cruenta guerra de Irak masacraba las calles de Bagdag y dejaba un país huérfano y herido.

26 ago 2011

Cinco breves de Alice MacNeal



1
A cada paso
piedras
en el camino.

2
Tus manos
ponen palos
en la rueda.

3
La decepción
es como un charco
de petróleo sucio.

4
Todo impregnado,
hasta los huesos,
de sal y espanto.

5
Ni el sol
ni el vino.
Lo negro a secas.

5 ago 2011

Cañón de Somoto


salta al agua
salta y tan solo déjate llevar por la corriente...

¿tan solo dices?

será fácil para ti hacerlo,
pero nunca fue algo sencillo y sin consecuencias
para mí
dejarme llevar...

ir contracorriente es salvaje
es amargo si tragas agua
es tenso si te preguntan
¿por qué no te dejas llevar aún?

a estas alturas ya no es posible seguir las corrientes que nunca me convencieron...
la corriente exterior no funciona porque no existe...

la corriente es la que llevamos dentro,
alterna o continua,
pero siempre interna...

Clara Clavel

13 feb 2011

El último viaje de Philip Rogina




Sentado frente a su cuaderno verde, Philip se remangó su camisa de cuadros una vez más. Hacía ese gesto siempre que se ponía a escribir. Cada vez menos. El último sería un poema que escribiría de un tirón. Sería su último poema, aunque en ese momento él no lo sabía. Cuando lo terminó cerró el cuaderno y se miró las manos, viejas –pensó. Apretó el puño, con rabia, y sintió ese dolor extraño (como si de repente se le llenara el estómago de veneno) que últimamente, sin embargo, le resultaba familiar.

[Poca gente sabe que el dolor que provoca la muerte del otro, el abandono, la tristeza o la desesperación puede destrozar un cuerpo en apariencia sano o llevar a un hombre a la locura.]

Se puso de pie. Abrió una ventana para dejar pasar el aire fresco de las últimas horas de la tarde. Colocó su mochila vieja sobre la mesa y se situó justo en el centro de la estantería donde estaban colocados todos sus libros. Durante muchos años aquella pequeña biblioteca, de apenas quinientos títulos, había sido el cimiento de sus días, de su mundo entero, en aquel momento resquebrajado y roto. Se propuso elegir solamente cinco.

[Sin embargo, mucha gente cree que los libros nos hacen más inteligentes, más comprometidos, más despiertos y curiosos, incluso más guapos o más felices, ignorando que hay veces que los libros se convierten en el único espejo capaz de reflejarnos completamente, también por dentro. Mirad a las mujeres lectoras de Hopper… Ellas no se tuvieron clemencia. Philip tampoco.]

Metió, muy despacio, cuatro de los cinco libros en el fondo de la mochila y se quedó con el quinto, abierto sobre las manos frías, como si fueran la camilla donde se hallase el cadáver diseccionado de su pasado, preparado para la autopsia. Philip pensó en las madrugadas donde había permanecido despierto, releyendo aquel poemario mientras ella dormía, siempre plácida, sin pesadillas ni miedos descolgados como arañas en la noche. Leyó el último poema del libro una vez más.

LATE FRAGMENT

And did you get what
you wanted from this life, even so?
I did.
And what did you want?
To call myself beloved, to feel myself
beloved on the earth.

[ÚLTIMO FRAGMENTO. ¿Y conseguiste lo que / querías en esta vida? / Lo conseguí. / ¿Y qué querías? / Considerarme amado, sentirme / amado sobre la tierra.]

Philip cerró el libro de Carver y lo metió en la mochila. Mientras cogía un par de pantalones y algunas camisetas, pensó que con su marcha ponía fin a una historia atravesada de parte a parte por un puñado de sueños, ahora definitivamente truncados. Nunca pensó que dejar esa casa le sería difícil. Al fin y al cabo, esas cuatro paredes encerraban tanta decepción y angustia… Cuatro paredes levantadas para dar cobijo a un amor con el que resguardarse de tanto dolor de mundo. Un mundo que le crujía a Philip en las tripas. Se sentía tan cansado de pelear contra gigantes… Se echó la mochila al hombro. Una casa, pensó mientras la cerraba por última vez, ya de noche, para parir y criar lo más oscuro que cada uno de los dos llevaba dentro.

[No sabemos lo que pasó con Philip ni tampoco lo que sintió ella cuando supo que él se había ido. Era la primera vez que lo hacía, pero sería para siempre. A ella seguramente le iría bien. A Philip, sin embargo, hay que imaginarlo lejos de eso que llamaríamos una vida próspera. Probablemente acabaría sus días en una pequeña ciudad del norte, tal vez en Canadá. Viviría con lo poco que sacase restaurando muebles. Llevaría una vida sencilla. Seguramente cuidaría de un perro. Al abrigo de una chimenea en invierno, arropado de unos pocos libros, lo podríamos imaginar tomando una taza de café bien negro. Sus veranos serían igualmente tranquilos. Quizá aprovecharía algún sábado que otro para salir a pescar. Cruzaría apenas cuatro palabras con sus clientes o la mujer que le traería las cartas. Escucharía la radio. No deberíamos imaginarle como si fuera un perdedor, sino más bien como un hombre incapaz de eludir las consecuencias de una mirada lúcida, que quizás con él no lo fue tanto. Un hombre a su manera valiente y obstinado. Alguien que decidió callar.]

Juan Cruz López, investigador de la Generación Ausente

17 ene 2011

Philip Rogina y la memoria (apuntes)


*

Es mi propia memoria la que me persigue, la que me da caza. Estoy en el punto cero. X sobre Y. La memoria y el recuerdo, que no la nostalgia (y mucho menos la melancolía, algo que huele mal). El pasado como un eje de coordenadas que nos atraviesa, como si fuéramos pinchos morunos.

**

El recuerdo es paciente, sabe esperar. Agazapado, a la sombra de nuestros más que discutibles éxitos, con las uñas afiladas y los músculos alerta, el recuerdo nos acecha. La memoria de lo que no queremos ver nos conecta directamente con la fatalidad. La creencia en el destino es otra forma de fe.

***

Da igual que nombre le pongamos a la estación final. Casi todas las religiones nos invitan a renegar del aquí y ahora. Estamos cortados por un patrón casi invisible. No dejarse arrastrar por la corriente.

****

Tampoco dejar huella.

15 nov 2010

Watanabe Sánchez (Yokohama, 1925 - Nueva Orleans, 1984)


I

Estas palabras son
el comienzo de todo lo demás.
No hay orgullo.

II

Renacer para morir.
Fluir como una hoja
en el río de la vida.

III

Mis recuerdos vuelan
como gorriones asustados.
Una vez fui samurái.

* Traducción del inglés de Alejandra García.
** Publicado en Poetica Seminarii (número especial dedicado a la Generación Ausente, invierno 2004).

4 nov 2010

Los poemas inacabados de Philip Rogina

Philip Rogina también balbuceaba. Empezaba algunos poemas temblando. Escribía más por necesidad que por otra cosa, pero su autoexigencia le hacía dejar abocetadas muchas de sus composiciones poéticas, en su mayoría embrionarias. Entre sus papeles se pueden encontrar muchos ejemplos. Son algunos de sus poemas inacabados.


1.

¿De qué color es el dolor?
Del color de un hombre solo
y viejo
bajo el sol, en un parque,
rodeado de niñas
que le miran
y preguntan a sus madres
quién

2.

Seattle.
Te busco por todos lados.
No estás en el hotel.
La botella a medias
pero mi piel entera.
Tus uñas vírgenes,
inmaculadas desde
que tu desprecio
te ha transformado
en una

3.

Tu vestido blanco
tiene una mancha
de vino
que parece
la puñalada que un día
te tuve que dar.
Soy un asesino imaginario.
Camino de la mano
de la ficción.
Mi nombre es hijo
de la

21 oct 2010

Rogina y sus cuadernos


Hace unos años, cuando empezamos a bucear en las tripas de la Generación Ausente, encontramos un pequeño cuaderno con anotaciones sueltas, leves impresiones, de Philip Rogina. Esta serie que a continuación reproducimos, está fechada en 1969, cuando Rogina empezaba a balbucear (poéticamente hablando). No obstante, y a modo de fetiche, no dejan de resultarnos interesantes.


*

Pero qué difícil es... El mundo roto, de todas todas el mundo -masacrado y viejo- hecho mil pedazos. Vietnam, Praga, París. Todo arde. Y tú ya sin certezas, retornando al tiempo donde la boca te sabía a ceniza. Tú como este tiempo: en ruinas.


**

El mundo podrido y tú debajo. ¿Por qué no ha de estallar ya todo esto? ¿Por qué seguir dándole tregua a este presente enfermizo donde no es posible morder el nervio de la vida? No merece vivirla quien echa por tierra el día a día, o peor, pasa por encima del otro como si fuera Atila. La hierba ya no crece.


***

Sentirse con las manos atadas por el miedo. La importancia de saber que por mucho que se haga, por mucho que uno afile su rabia, casi nada podrá cambiar. Tenemos los brazos cosidos al hilo de los titiriteros. Los sueños hechos ciscos. La casa del futuro en llamas.


****

El dolor quema. La tristeza calma. La resignación conduce al deshonor. Leo a los estoicos. Sé qué significa la palabra deber. Me esfuerzo por hacerla feliz todos los días. En sus brazos y en la piel dispuesta encuentro el gesto de los míos. Sentir antes que todo. Ellos no se dejaron derrotar... Pero lo fueron.

25 sept 2010

Otro poema de Clara Clavel


a veces me tachan de tener
un comportamiento infantil,
de no soportar bien el dolor,
de llorar cuando el cuerpo me lo pide...

y, ¿no son los niños los que apreden más fácilmente todo?
¿acaso no son los niños los que no tienen reprimido el llanto?
¿no son los pequeños los que gritan cuando les duele sin importarles el qué dirán?

seguiré aprendiendo,
y llorando,
y sintiendo y quejándome por el dolor...

seguiré siendo como soy,
y quizá mañana cambie de parecer...

24 sept 2010

Más poemas de Philip Rogina



Dices una palabra.
Tú no eres consciente
pero algo se quiebra, cruje.
Mi garganta
se crispa de repente.
Soy incapaz de hablar.

Me preguntas
que si me pasa algo
y no sé qué carajo responderte.

Me miras a los ojos.
Trago saliva.
Dices,
cambiando el gesto,
que cada vez me entiendes menos.

Entonces enderezo el cuerpo,
aprieto un puño
y tuerzo la mirada.

Te digo serenamente que no,
que es imposible
que tú
llegues a entenderme.

18 ago 2010

El último poema de Philip Rogina

Este críptico poema es el último que escribió Philip Rogina. No lo entendemos, pero lo reproducimos porque nos consta que es el último poema que escribió el poeta de origen croata.

EXIT

tu cabeza
es un nido de culebras

detrás de cada palabra
un puente
hacia la confusión

la confusión siembra,
siempre siembra,
cizaña en el trigal

no hay salida de emergencia
en el infierno existencial

no
hay
salida

17 jul 2010

2º poema veraniego de Philip Rogina


Este poema lo escribió Philip en una noche de tormenta de verano. Curiosamente, son pocos los poemas en los que encontramos un tono tan visceralmente entregado a reflejar su más que prosaica cotidianidad. Se diría que en los poemas de esta serie, Philip intentó dejar atrás los innumerables problemas derivados de la relación con su mujer. Un momento de calma que precisamente le sobrevino en un verano caluroso en el que no fueron infrecuentes las tormentas.


ii

No,
a nosotros no
nos detiene este calor,
pegajoso como una trampa
para ratas.
A nosotros por lo menos
no.

De hecho,
lo que más hacemos
en el centro
justo
de este infierno tropical
es follar
como salamandras,
cuerpo contra cuerpo
y por detrás.

El ojo de tu culo
es la boca
del final del mundo.

9 jul 2010

Philip Rogina y su viaje a México

Sabemos por unas fotos con su mujer, Patty, que Philip Rogina estuvo en 1968 en México, no sabemos si disfrutando de aquellas olimpiadas míticas. El 68, cuando el mundo pareció venirse abajo... No sabemos exactamente qué fue lo que llevó a Philip y a su mujer a pasar aquel largo año viajando de un lado a otro de México. A partir de ahí empiezan, como siempre ocurre con la vida de nuestro poeta, las especulaciones. Algunos investigadores de la Generación Ausente sugieren que Philip huyó a México intentando evadirse de la justicia estadounidense (que le reclamaba por haberle pateado la cabeza a un trompetista amigo de su mujer). Otros dicen que Philip y Patty planearon aquel viaje para darse una segunda oportunidad. El poema que a continuación reproducimos está fechado el siete de agosto de 1968.

La luz del sol
reflejada por el mar
ahora en tus ojos.
El viento
meciendo tu pelo
de Medusa canadiense.
Una gota de sudor
lamiendo tu pezón derecho
mientras yo finjo leer.
Una brisa tibia
inflamando
nuestra esperanza salvaje.

En esta hora
es posible soñar
y sueño.

Hace veinte días
hubiera querido matarte,
pero hoy no
y eso me parece suficiente.
para ser más que feliz.

23 jun 2010

Philip Rogina y las amigas de su mujer

Entre los papeles de Philip Rogina encontramos este poema que, si bien es bastante anecdótico, nos sirve para recrear la tensa situación que el poeta mantenía con las amigas de su mujer. ¿A qué se podía deber esa mala relación? Al día de hoy, los investigadores de la Generación Ausente lo ignoramos, aunque algunas voces (poco autorizadas, eso sí) insisten en el pasado violento de Philip, que fue acusado en varias ocasiones de escándalo público y vandalismo. Hay que recordar que Philip perteneció durante más de diez años a una organización cercana a The Black Panther Party. Nosotros preferimos no especular. No obstante, lo que sí queremos es pedir perdón por la traducción, que se nos antoja muy de andar por casa. Quedense, por tanto, estrictamente con el valor documental del poema.

Lothar Matthäus, investigador de la Generación Ausente.

Lo que te dijeron ellas

Que cavaras un hueco
en el vientre de tu memoria
y que me tirases dentro...
Eso te dijeron.
Eso y
algunas cosas más
te aconsejaron
tus amigas, las más
íntimas
o idiotas.

Y aunque no
les hiciste caso,
sí que hicieron
más pesadas
tus sospechas.

Yo te dije
que te pusieras cera
en los oídos,
pero a mí
no me escuchaste.

Que cavaras hondo
y que allí
me arrojases,
eso te decían
las muy hijas
de puta.

8 may 2010

Philip Rogina, poeta de la Generación Ausente


Philip Rogina, de padre estadounidense y madre croata, conoció cuando tenía apenas 20 años a Nicolai Goldorak. Lo sabemos por una carta que llegó a manos de Paz Gómez, investigadora de la Generación Ausente. A dicha investigadora yo la conocí en Literadura 09, unas jornadas a propósito de la literatura y la muerte que organizó, con gran éxito de público y crítica, el famoso colectivo poético Nueva Gomorra.

Lo que más nos llama la atención de la biografía de Philip es la tormentosa relación que mantuvo consigo mismo y con los que le rodeaban, especialmente con su mujer, una hipster canadiense que había conocido a Jack Kerouac y que incluso llegó a militar en The Black Panter Party (aunque era más blanca que la leche).

Philip Rogina murió a los sesenta y cinco años, apenas unos meses después de la desaparición en aguas del golfo de México de su amigo Nicolai. Sus poemas, amargos y desencantados, nos hablan de un tipo de mirada languida y enmarañada que jamás fue capaz de perdonarse su propia inteligencia.

Os dejamos con él.

Lothar Matthäus, investigador de la Generación Ausente.

YO Y TUS AMIGAS

No voy a convertirme
en quien no soy.

No voy
a transformarme en un imbécil
sólo
y exclusivamente porque
te lo demanden tus amigas hipsters,
tan visceralmente identitarias
ellas.

No.

Primer paso para ganarse el respeto:
marcar
el contorno de quien se es
con lápiz blando
y no borrar.

No borrar
hasta que te borren
o te odies a ti mismo.

12 feb 2010

De Poetica Seminarii


Alguna vez me confesó Alejandra la profunda soledad a la que la abocaba a veces su investigación. En los últimos meses que pasé en Burdeos, la vi muy desmejorada, había adelgazado mucho y fumaba sin parar, andaba preocupada y me temo que mucho tenía que ver el que no tuviese noticias de Nikolái Gordorak, a quien imaginaba enfermo en un país asiático cuya lengua desconocía; a esto se sumaba la incertidumbe que le provocaba la falta de respuesta de las numerosas cartas que le había enviado a Tièpolo LaMothe (el poeta más esquivo de la generación).

Era como si la investigación se le escapase de las manos, como si tantos años de lucha por rescatar del olvido a un grupo de poetas que creía únicos e imprescindibles para entender la producción poética del nuevo milenio estuvieran a punto de perderse en la nada, de desaparecer en la vorágine gobal como si nunca hubiesen existido Esta fue la razón por la que Alejandra me confió todos los documentos y poemas de su investigación. Esto sucedió a finales de mayo de 2004, dos meses antes de que yo abandonase Burdeos.

Paz Gómez Moreno, investigadora de la Generación Ausente (extracto del artículo dedicado a Alejandra García en el marco del segundo círculo concéntrico de la Generación Ausente).

En Poetica Seminarii (novembre-diciembre de 2004, número especial dedicado a la G.A.)

5 dic 2009

Dos poemas de Andrea Moravia

Pocos son los datos biográficos que sobre Andrea se conocen. A decir verdad, la información más relevante nos la proporciona su propia poesía. Los versos que Andrea escribió desde prisión conforman una auténtica geografía del dolor, pero en cierta forma también son un grito de esperanza y un testimonio, ahora aún más doloroso si cabe, de la fe indestructible que Andrea tenía depositada en la Revolución y en el mundo nuevo y paradisíaco que habría de llegar con esta. Andrea murió en prisión, en Santiago de Chile. En cuanto a su hijo, ese interlocutor cómplice e imprescindible, con el que Andrea dialoga y a quien dejó sus poemas en heredad, desconocemos su paradero.

II

Para matarme,
para romper
en mil pedazos
este cuerpo de mujer
que aún me presta asilo,
tendréis que aniquilar al Hombre
(y no sois tan poderosos...).
Mi cuerpo
se hará semilla.

III

Ya no estoy.
En tu carne te dejo
todo lo que tengo.
Ya sé que es poco
lo que puedo darte en heredad,
ya lo sabrás,
apenas un par de sueños.
Me queda poco, mi vida.
Si alguna vez
llegas a leer esto,
recuerda:
te quiero, pibe,
eres lo único que tengo.

Andrea Moravia (Antofagasta, 1950 - Santiago de Chile, 1974)

Poetica Seminarii
(nov. - dic. 2004, número dedicado a la Generación Ausente).