21 may. 2009

Gritos de sirena


Gritos de sirena


Ya que insistes, te diré que no recuerdo con claridad, que no puedo recordarlo; unas borrosas pinceladas, un desdibujo, una imagen y un dolor encallado en el pecho es todo lo que sé. Una imagen y el terror de unos puños crispados, una rígida contractura a la altura del abdomen, el cuello y los muslos bañados de sudor, el rechinar de dientes ahondando el hueco de la almohada, los ojos pávidos de Manuel que me miraba como a través de un espejo deformado, su cuerpo silente aproximándose al campo de batalla. Ya que me lo preguntas te diré que sin saber muy bien cómo, al dirigir la vista sobre mi cuerpo descubrí con horror que los puños que los brazos que mis hombros eran las alas de un halcón desesperado o moribundo, según la versión de que se parta, que mis piernas brillaban y que ya no era sudor sino el océano revuelto. Manuel Ulises y un enorme mástil soportando el temporal. Ya que me lo preguntas te diré que Manuel era gallego y pescador, que todo esto sucedió hace tiempo y que no me gusta recordar. Cuando quise incorporarme de la cama una trampa inmovilizó mi impulso en las rodillas, un cepo en forma de cola atrapaba con fuerza mis extremidades inferiores. La habitación olía a algas y una brisa entró por la ventana, la libertad del viento. Sentí una ciega pulsión, el instinto del canto primitivo. De mi garganta escaparon como pájaros cientos de dagas temerarias, metal sediento en su irresistible melodía. Entonces levantar el vuelo o apostar por el mar y el olvido del crimen. Manuel yacía muerto sobre el lecho, los ojos completamente abiertos en una mueca de dolor. El resto está en la crónica de los diarios de aquel fatídico día de julio de 1936.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya que me lo preguntas te diré que me da igual que abras 125.000 secciones, si las llenas con entradas como esta!

La mujer maldita de Lot dijo...

Siempre me gustó mucho Lot y esto lo digo desde un conocimiento parcial, desde la conversión en estatua que sufrí cuando mi curiosidad incesante... sí, ese atributo fantástico que tuve hace ya miles de años, cuando las ciudades, ¿recuerdas, Lotario, mon amour?

La máquina creadora no descansa y ni decir tiene que esta sección está abierta a colaboraciones, a numerosas colaboraciones de todo tipo. La idea es recrear mujeres mitológicas, históricas, bíblicas,literarias, terráqueas o no, pero fatales. Así, esta primera está dedicada a las sirenas, seres mitológicos que según las versiones eran mitad mujer, mitad pájaro (en un principio) y luego mitad pez, como parecen haber quedado en nuestra memoria (y de esto gran culpa la tiene Mr Walt Disney y su ñoña historia homónima, aún peor, con disminutivo y todo, limada de asperezas y sin los atributos fatales que hacían tan interesantes a estos seres "malignos", uhhh, uhhh... nadie te librará...NUNCA... de los encantos de la mujer tafal...uhhhh).

La próxima entrada de la sección Las hijas de Lilith (título que tomo prestado del homónimo magnífico ensayo de Erika Bornay) estará dedicada la esfinge, o al menos eso creo ahora. Luego vendrán la mujer pantera, la mujer de la caja, la mujer de Lot (¿tafal esta también?) y tantas otras...

Y así hasta llegar hasta las temidas 125.000 secciones o ciudades. De alguna manera estas ramificaciones están en todas partes, en la estructura interna o meollo del asunto loco, que digo, delirantemente tarado, y en la superestructura de las ciudades antiutópicas.

Y en esas anda la mujer de Lot -NG-