21 oct 2010

Rogina y sus cuadernos


Hace unos años, cuando empezamos a bucear en las tripas de la Generación Ausente, encontramos un pequeño cuaderno con anotaciones sueltas, leves impresiones, de Philip Rogina. Esta serie que a continuación reproducimos, está fechada en 1969, cuando Rogina empezaba a balbucear (poéticamente hablando). No obstante, y a modo de fetiche, no dejan de resultarnos interesantes.


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Pero qué difícil es... El mundo roto, de todas todas el mundo -masacrado y viejo- hecho mil pedazos. Vietnam, Praga, París. Todo arde. Y tú ya sin certezas, retornando al tiempo donde la boca te sabía a ceniza. Tú como este tiempo: en ruinas.


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El mundo podrido y tú debajo. ¿Por qué no ha de estallar ya todo esto? ¿Por qué seguir dándole tregua a este presente enfermizo donde no es posible morder el nervio de la vida? No merece vivirla quien echa por tierra el día a día, o peor, pasa por encima del otro como si fuera Atila. La hierba ya no crece.


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Sentirse con las manos atadas por el miedo. La importancia de saber que por mucho que se haga, por mucho que uno afile su rabia, casi nada podrá cambiar. Tenemos los brazos cosidos al hilo de los titiriteros. Los sueños hechos ciscos. La casa del futuro en llamas.


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El dolor quema. La tristeza calma. La resignación conduce al deshonor. Leo a los estoicos. Sé qué significa la palabra deber. Me esfuerzo por hacerla feliz todos los días. En sus brazos y en la piel dispuesta encuentro el gesto de los míos. Sentir antes que todo. Ellos no se dejaron derrotar... Pero lo fueron.

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