20 jul. 2009

Rabiosa antirreseña

Smiling Spider, Odilon Redon


Esta tarde vuelta y media, el sabor de la obligación autoimpuesta. Imposibilidad de autorrescate. Sobre la mesa un ensayo múltiple: Poésie et profondeur de Jean-Pierre Richard.

El caso es que si el día estaba denso, se me hace plúmbeo ahora que leo como Rimbaud se debate en el poema por encontrar una armonía vedada que solo aparece allá donde el lenguaje, y ni siquiera. Todos sabemos que al final el lenguaje también tienes sus fallas,

¿dónde estará Rimbaud?

Me cruza la cabeza, me la surca, más bien, como un arado el campo, una palabra fea e insidiosa: abandono, algo cercano a la renuncia. Alguien susurra desde el fondo de un libro: en la simbología baudelairiana la lucha se hace fuerte en la palabra.

La lucha no dejará de ser aquella gran palabra entre el mundo y yo, lenguaje en liza entre lo que creo como mundo, lo que quiero llamar mundo, y el modo en que me pienso desde esta necia limitación de huesos y epidermis, este lugar inhóspito del yo, este paisaje de zumbidos como campos de Rimbaud o de ciudad y neón de ese otro francés también dignísimo.

El caso es que esta prosa me está densificando, beber sopa de pollo en pleno mes de agosto sería más ligero.

El paso de la euforia de la ascensión a la catástrofe del hundimiento es una línea frágil que nada tiene que ver con los estados ciclotímicos, me refiero más bien a una confusión cerebral.

Ahora soy solo una cabeza sobrevolando un libro.

Una imagen: una boca entreabierta de dientes afilados pasando veloces las páginas del rumor de esa lengua de la felicidad, una cabeza sin cuerpo posada sobre una mesa, una imagen de cabeza que no me pertenece, ¡benditas intertextualidades!

¿Dónde quedó mi corazón de sábana y almohada? ¿dónde el metal filoso, la altura del albatros abatido?

Hablé de una cabeza huérfana, ahora que la araña está recién comida, supongo que eso excluye el corazón.

Se lo comió la araña, gritan cantando los niños desde el corro y sus patatas, Se lo comió la araña…

Le aproveche a la araña (tenga una buena indigestión).

El caso es que Jean-Pierre Richard habla sobre Nerval y Baudelaire y Verlaine y Rimbaud, que su análisis de la simbología de estos cuatro poetas bien merece una ojeada y que esto nunca podrá ser sino una antirreseña, una reseña a propósito de una araña que acabó devorando un corazón. Que le aproveche a la araña tanto amor.




2 comentarios:

tr(a)nshistoria dijo...

b. dice que baudelaire es el gran poeta maduro... de lautreamont y rimbaud dice que son los dos grandes poetas adolescentes. no sé que diría de ti, cortaciana furibunda, pero seguro que aplaudiría "El caso es que esta prosa me está densificando, beber sopa de pollo en pleno mes de agosto sería más ligero". Yo también.

nueva gomorra dijo...

Jean-Pierre Richard dice de Rimbaud que es como Baudelaire pero sin abismo, y de Verlaine que es una pena que acabe claudicando tras un valiente intento por conseguir la impersonalidad capaz de devolverle lo que tanto buscó.

De ti diría que eres el cuentista más loco del siglo XXI.

A veces pienso que a Bolaño le hubiera encantado haberte conocido (sobre todo cuando emites esos ruidos de animal diminuto, sí, esos con la nariz con los que boicoteas el estudio en la biblioteca... ESO le hubiera encantado hasta al mismísimo Tázar).

Bram Stokerísimo -NG-