1 ago. 2009

Los paraísos artificiales, Charles Baudelaire


Como casi siempre llego tarde a este tipo de lecturas (igual me pasó con Salinger, afortunadamente a Miller -Henry- llegué antes). El caso es que justo ahora (ahora significa 40 grados a las 10 de la noche, y aquí todos sabemos lo que eso significa, el sueño denso, como narcotizado, las pesadillas en bucle de los últimos días y el sudor extrañamente frío), ahora, en esta exacta coyuntura pienso en cómo me gustaría ser una gran comedora de opio posmoderna, ¿QUÉ?

Bueno (concesiono conciliadora), supongo que no es exactamente eso (no es eso ni de lejos); el caso es que leyendo estos paraísos de Baudelaire se me hacen irresistibles las ensoñaciones de las que hablaba De Quincey en sus Confesiones de un comedor de opio, obra de la que Baudelaire hace una versión, una auténtica tradicción comentada (porque retrospectivamente Borges creó escuela) en la segunda parte de los Paraísos artificiales: Un comedor de opio. En cuanto a la primera: El poema del hachís, se trata de una reflexión aparentemente moralizante (aunque ya sabemos cómo se las gastaba el bueno de Charles, que aparte de ser un espíritu contradictorio gastaba de una ironía que no dejaba títere con cabeza) sobre los efectos del hachís, que los integrantes del Club de los hachichins ingerían en forma de pasta verdosa para saciar sus ansias de infinito (¿acaso no es este el más universal de los males?), por infinito lean inenarrable o abisal, pero no muerte. Este poema, que ha sido considerado como el más largo de los poemas en prosa, aunque yo lo dejaría en prosa poética con dejes cientifistas y altos vuelos oníricos es un canto a la imaginación y al extrañamiento, una llamada a las filas de la liberación del Tiempo (ese despótico tirano o tiranuelo, que diría el argentino), un intento de expansión, ahora que aún es posible, en los sentidos, pura voluptuosidad baudeleriana, a pesar de que por desgracia, y esto lo digo hoy: 40 grados/diez de la noche, desafortunadamente, el polvo acabará volviendo, irremisiblemente, al lugar de donde viene. Hoy no hay ya tregua para el hombre. Mientras tanto comer opio, pasta de hachís o como decía aquel otro poema en prosa, embriagarse de vino hasta la perdición me parece una opción de lo más digna.

Dicho esto, sigamos leyendo, ¿¿QUÉ??


2 comentarios:

nueva gomorra dijo...

Aúpa zuti, qué buen día de curro que hemos echado hoy. Redescubrir al bueno de Charles a tu lado es un placer. Como diría el güero, menudo personajazo. ¿Nos invitarán a participar en el club de los escritores... bizarros? ¿Cómo demonios se llamaban esos bandalos nacidos de la imaginación de b.?

Bram Lynch Stoker dijo...

En efecto, todo un personajazo, querido Watson.
Los escritores bizarros por los que preguntas, unos "humanistas", se hacían llamar el movimiento de los Escritores Bárbaros, y cuando Bolaño dice Bárbaros quiere decir exactamente eso, es decir, que defecan en las páginas de Stendhal y salpican de sangre páginas y páginas de Balzac y Maupassant, no dejar títere clásico con cabeza, esta es la vía humanista a la literatura según Raoul Delorme, soldado, vendedor en un puesto del mercado de abastos y portero en París, eso, pero sobre todo fundador de este demencial movimiento literario de vanguardia. Creo que este fragmento de "Estrella Distante" se merece una textura, aunque eso es casi redundante, pues cuando pienso en Bolaño, en su obra, la imagino como una gran textura, loquísima y hermosa, como un joven topo soviético...

Bram -NG-