21 jun. 2009

Manuel Ferreira: o salvador do mundo e do universo



Para Manuel Ferreira, por regalarnos el punto de partida, por salvar el mundo


Hay un tipo que sale a la calle (partir el mundo en dos). Está cansado de su vida, el alquiler mensual le pesa como una losa a sus espaldas, el trabajo es el mismo, siempre el mismo, ocho de la mañana, no hay manera de quebrantar el orden, la oficina, ocho de la mañana, cinco de la tarde, el tribunal, la rendición de cuentas, la pantalla impasible le devuelve su lengua, las manos clavadas al teclado, el traje de chaqueta, oscuro, probablemente gris, el pelo engominado, ese perfeccionismo involuntario que adquieren los que hacen estas cosas. Este tipo es alegre, a pesar de los ritmos enlatados, de las conversaciones de pasillo, de la nómina, este tipo es alegre como pocos. Con fe ciega cree, es capaz de creer en una vida que trascienda la burocratización del tiempo. Piensa que el tiempo es puramente lineal, tal vez por eso sea que consienta en el mantenimiento absurdo de esta situación. Una vez terminada, la cosa será otra, esto lo sabe a ciencia cierta, no hay repetición en la línea del tiempo, solo delante, el movimiento avanza progresivo, lo que sigue al presente no volverá a ser nunca este presente inmundo de latas de conserva. Su país no está lejos, su lengua es lánguida y vital, de una riqueza sonora incomparable. Una mujer lo espera en Portugal. Es un tipo con tablas que se levanta un sábado más solo que los viejos. Abre la puerta principal de la vieja pensión en donde vive. El edificio roto aprieta como un cielo bajo en el centro de Europa.


Este tipo ya salvó una vez el mundo, se sabe portador de una llave maestra, de una estrella polar indestructible. Se lanza a la ciudad, el cemento agotado, el mudo gorrión de la mañana, el bar donde se sienta, el anís extraseco.


Camina por las calles y piensa que la vida es salvífica en sí misma. No será hoy cuando acabe partiendo el mundo en dos. Camina por las calles, entre la ostentación de un barrio residencial descubre, con asombro, dos objetos esféricos que representan algo. Piensa en lo mucho que le gustan las representaciones, se dice que en el fondo no hacemos más que eso, en silencio, a paso lento, se dice: no hacemos más que eso, representar el mundo, constante, representarse en él, a su través. Piensa en el panteísmo. Lo descarta. Saca sus ojos de sí mismo y los desliza por los gatos. A lo lejos un parque, otro café y unos contenedores. Camina, sigue caminando. Poco a poco se acerca a los residuos. Desde esta posición privilegiada da crédito a sus ojos cuando reconoce haber visto dos prominentes pelotas de color azul. Se acerca un poco más. Por una parte el mundo, por otra el universo. Se le hace sospechosa la representación del universo en una esfera, el hecho de que quepa en una bola, que el universo quepa en una bola es sorprendente. El mundo sin embargo así está bien, el mundo sí, el mundo lo conoce por los libros de geografía e historia. El universo no, el universo es otra cosa, el universo es amplio y duradero, incomprensible, cercano a los conceptos, la eternidad, el infinito. El universo nunca será una bola, no cabe en una bola.


No será hoy cuando destroce el mundo.


Se agacha. Recoge las esferas. Las mira desde el tiempo. Con la serenidad del que se sabe en paz en su conciencia, las observa. En una mano el mundo, en otra el universo. La representación tiene estas cosas, se dice nuestro tipo mientras contempla su esfericidad al borde de la copa, en el bar portugués cuyo umbral no cruzó en toda la mañana.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es un espigador. Podría haber sido otro personaje del precioso documental

"Los espigadores y la espigadora", Agnes Varda

Se merece una estatua en alguna plaza pública de Nueva Gomorra. A este paso esto se a convertir en Edimburgo

Anónimo dijo...

el cuento es muy bonito, quién es este ferreira?

Bram dijo...

Te cuento la historia del luso Manuel Ferreira si te identificas, ¿aceptas el trueque?

Bram -NG-

nueva gomorra dijo...

¿Hasta cuándo la tiranía del anonimato? ¡No teman a Nueva Sodoma, por favor!

Juan
-NG-