19 dic. 2018

Nos vamos: Nueva Gomorra cierra


Hace diez años, justo el diez de diciembre de 2008, este blog echaba a rodar. El primer post lo escribió Julia Cortés y lo podéis leer aquí. Si echamos la vista atrás, no sabríamos decir muy bien cómo surgió este proyecto, ni qué lo motivo. Lo que si recordamos es que hace diez años un grupo de amigos, la mayoría aficcionados a la literatura, empezamos a publicar en este blog colectivo; en un periodo, además, donde muchos lectores empezaron a escribir en sus bitácoras digitales con el objeto de compartir sus impresiones sobre sus últimas lecturas.

Durante estos diez años de andadura, nuestro blog ha tenido distintas etapas. En un primer momento, varios de sus conciudadanos escribían de manera más o menos asidua, compartiendo la misma contraseña, de tal manera que la bitácora empezó a tener múltiples caras. En una segunda etapa, y cuando buena parte de los habitantes de Nueva Gomorra empezaron a dispersarse en el camino de la vida real, yo mismo empecé a recopilar colaboraciones para las distintas etiquetas del blog, que cada vez tenía más visitas y multiplicaba sus intereses. Finalmente, en una tercera etapa, y cuando otras redes sociales empezaron a ganarle la partida a blogger y los tiempos de lectura digital empezaron a mermarse, yo mismo sostuve el ritmo de publicación, intentando publicar un par de post a la semana (como media).

A día de hoy son 1689 las publicaciones del blog. Un número bonito; el año, por ejemplo, en el que nació Black Sam, sobrenombre del pirata Samuel Bellamy (Señora Wikipedia dixit). Más allá de las cifras, que nunca me gustaron mucho, Nueva Gomorra es un espacio que nos ha brindado muchas, muchas alegrías. A mí me ha permitido publicar asiduamente, sobre todo en la sección B side, compartir con los lectores mis lecturas más queridas (también las detestables) y darme la mano en el camino con muchos amigos que lo siguen siendo a día de hoy y a quienes nunca hubiera conocido si este blog no hubiera existido.

Sé que este post, escrito apresuradamente mientras saco un rato del tiempo de trabajo que le dedico cada noche a mi pequeña editorial, desmerece la trayectoria de este blog, que ahora cierro con mucha más alegría que pena. En todo caso, ya sabéis que no es el primer blog del que me despido con gusto. Atrás quedaron Transhistoria o el Atlas de una juventud en fuga. También cerró sus puertas el blog de nuestros archienemigos, Nueva Sodoma, cuyas calles abandonadas y sus edificios en ruinas siguen luciendo su decadente palmito digital en las catacumbas de internet, siendo objeto de estudio para todos los fanáticos de esa ciencia auxiliar que, más bien pronto que tarde, nos dedicaremos a cultivar con devoción: la arqueoblogía.

Finalmente, cuatro palabras sobre las razones mayúsculas del cierre. La principal: ahora mismo no tengo tiempo. El poco rato que le pueda dedicar a la escritura en blog, lo echaré en las páginas de esa bitácora que, espero, me acabe acompañando siempre: La Banda de los 4. Por otro lado, hay un buen puñado de proyectos literarios propios que tengo aparcados y a los que espero poder dedicarle el tiempo que se merecen el año que viene, por lo que quiero quitarme peso. También me gustaría retomar el gusto por la escritura secreta, la que no tiene ni la más mínima pretensión de mostrarse a los demás. Necesito de ese campo de pruebas para retomar el gusto por la fabulación y no quisiera demorarme mucho en emprender nuevos caminos... Hay historias por contar y otras que deben ser contadas.

Y poco más, amigos, amigas, hasta aquí hemos llegado. Os mando un abrazo de agradecimiento enorme a todos los que nos habéis leído a lo largo de estos diez largos años... El cuento siempre sigue vivo en algún sitio. Nos seguiremos leyendo en otros lugares.

Juan Cruz López

P.D.: A partir de ahora dejaremos de revisar el correo electrónico del blog. Para cualquier cuestión relacionada con el mismo, podéis escribir directamente a cruzlopezjuan@gmail.com Nueva Gomorra ya no se actualizará más, pero permanecerá abierto para su libre lectura. De hecho, os animamos a perderos por sus calles de vez en cuando. Hay muchos tesoros ocultos en sus esquinas y, quién sabe, lo mismo hasta se encuentra alguna joya que se creía desaparecida. ¡Adiós!