9 jul. 2013

Se suceden las estaciones...


Se suceden las estaciones y Doris está sentada en el sillón en el que se sentaba el padre. Se regodeaba en el dolor. Todo es silencio. Doris no oía nada. Ni siquiera el ligero y apacible temblor de las cortinas de encaje, que parecen respirar en la brisa. Conque ellos ya no están. Pasaba muchas horas en la tumbona, en el prado frente al lago. Y meditaba. Se está bien en el mundo cuando a uno no le falta de nada. Del mismo modo que se estaba bien aunque los padres estuvieran muertos. Ella era la dueña. La dueña de la casa vacía y del jardín, pero también la dueña de sus padres. Cuando los demás mueren, somos un poco como sus dueños, sus tutores. Nunca ha pensado que fuera al contrario, que quizá nuestras vidas puedan estar gobernadas por ellos.

- Fragmento perteneciente a Porzia, relato incluido en El temor del cielo, de Fleur Jaeggy (a quien vemos en la imagen).

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