13 ene. 2011

Me llamo poeta

Cuando te hablo de mi ventana abierta,
la soledad y el aire como único ruido.
Cuando mi cerebro está azul
debido a la depresión in tempo y ningún
medicamento me sirve
ni la terapia, ni el consuelo
ni la moral cristiana, ni los axiomas.
Cuando en la cocaína solo
veo un alcaloide y en la heroína un opiáceo.
No besos, viajes, extremos.
Ni mi mente se expande ni mi cuerpo se evade
ni existe un te quiero...
Me vuelvo a ver como un objeto
solamente ligado a un vertedero,
a un sucio vertedero de verdades
no apriorísticas
sino las verdades irracionales
del que hizo el pacto con la lechuza.
Cuando los cuarenta cigarrillos
que fumo durante el día son los verdaderos
cuarenta y cinco momentos de oxígeno.
Me gustaría saborear tus lágrimas y tu sexo
después de escuchar el preludio de Rachmaninov
que tanto me recuerda a ti.

Hoy te he visto en el café,
he deseado que fueras mi mujer,
que cada vez que me despertara en eso que llaman cama
estuvieras allí, a mi lado, y me miraras
como si fuéramos los dos únicos que habitáramos
en la atalaya que domina el mundo, mi mundo,
porque los locos tenemos nuestro mundo
y en el mío no me llamo loco.
Yo me llamo poeta.

Curro Jiménez Melero -NG-

4 comentarios:

Anónimo dijo...

qué imagen más chula
(bueno, y qué poema tambíén)

J. G. dijo...

de verdad que sí, muy bien

AC dijo...

Este poema me facino!

Comtessa d´Angeville dijo...

ME GUSTA