13 ago. 2009

Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño

Le dije que había encontrado a mi hermano llorando y que no había sentido nada. Acabábamos de hacer el amor y cuando terminé de decir lo que tenía que decir Maciste volvió su cara enorme y blanca hacia mí y nuevamente tuve la impresión de que me miraba.

-Te estás volviendo loca -dijo.

Le pregunté si él creía que eso era bueno o malo. Él dijo que siempre era malo, salvo en casos extremos, cuando volverse loco era una manera de escapar de un dolor insoportable. Y entonces yo le dije que tal vez estuviera sufriendo un dolor insoportable, pero antes de que él respondiera me desdije.

-Estoy bien. No hay ningún dolor que sea insoportable. No me he vuelto loca.

1 comentario:

Blanca Polar dijo...

Alguien piensa que los dolores realmente insoportables son muy pocos; la mujer y el hombre son animales resistentes, puros supervivientes que no dejarán de levantarse. Simultáneamente ese alguien se pregunta de dónde habrá sacado, precisamente hoy, este optimismo en la vida, para acabar respondiéndose con una frase hecha que no puede explicar: Somos seres extraños.

Lo malo del dolor es cuando es sostenido, cuando te amanece y te acuesta, cuando tácito lo encuentras paseando descuidado junto a ti, cuando tu reflejo en el espejo es un vacío insidioso, se diría entonces que estás muerto, muerta o peor, que si te llegase la muerte permanecerías impasible, mirando cómo se acerca, el elegante caminar de la pelona, el fin de los senderos de escoria (buen título para un relato, Lot) o de los sacos de mierda, entonces tal vez sí, como dice ese personaje de Bolaño, la locura, pero lo más certero sería una agencia para morir como la que aparece en el Club de los suicidas, ese magnífico relato de J.J.C.C.

En estos momentos, en una ciudad que se me antoja ilimitada, leo "La trilogía de Nueva York" del primer Auster, y pienso en ese niño encerrado en un cuarto durante muchos años, en el burdo intento de un investigador por llegar a descubrir el lenguaje de Dios, jodido cabrón; un dolor que volvió completamente loco al niño... pero solo estoy al principio, próximamente más.

Gracias por esta textura de Roberto Palacios.
Por cierto, ¿se lo habrán comido con palillos los surcoreanos?


Blanca Polar -NG-