10 may. 2009

La crónica que nunca leeréis en elpais.es

A propósito de la presentación del Colectivo de Animación a la Lectura y la Escritura Guy Montag

Aquella tarde me dirigía hacia mi ignorancia con paso ligero ¿Quién era Guy Montang? ¿Por qué un colectivo de animación a la lectura y la escritura con ese nombre? La curiosidad mató al gato y a mí me llevó a encontrarme con una sorprendente tarde de recomposición del espíritu literario que todo el mundo llevamos dentro.

Al llegar a la presentación del Colectivo de Animación a la Lectura y Escritura Guy Montang, y sentarme en aquella sala del Sótano de la Biblioteca Pública de Jaén fui descubriendo paso a paso a cuatro personajes que me eran tan familiares como yo a ellos, pero a la vez tan desconocidos para mi lupa investigadora deseosa de conocer siempre más. A primera vista parecerían ser tipos de lo más normales: uno más alto, el otro más moreno... Sin embargo, a medida que avanzaba la presentación me di cuenta que no eran seres corrientes, sino que bajo sus pieles humanas se escondían unos personajes fantásticos y totalmente ajenos a nuestra mente normalizadora de estereotipos, unos personajes que hablaban de cajas de poesía, recopilaciones de poemas errantes y ovillos ácratas. Por un momento cerré los ojos e intenté hacer un ejercicio de abstracción de lo que conocía de ellos y de lo que sus palabras estaban significando para mí. Me divertí mucho construyendo en mi imaginación cuál sería el mejor personaje que le podría asignar a cada uno de ellos.

Comencé por José Javier Cerezo, a él fue el primero que asigné tipo: una gran tónica Nordic Mist cuyos ojos casi transparentes eran burbujas producidas en su interior. Dentro de esas burbujas bullían cientos, miles de letras; fonemas esquizofrénicos que intentaban liberarse de su cuerpo y que sólo a través de las palabras que encadenaba nuestro amigo eran capaces de salir a una presión tan grande que sólo el mejor recipiente que existe sobre la tierra, nuestra mente, era capaz de capturar tan singular refresco. El siguiente en caer en mi molde imaginario fue Curro, la chaqueta metálica de las letras. Stanley Kubrick estaría bien contento de haberlo tenido liderando el plantel de actores que interpretasen un batallón de reclutamiento de noveles escritores y lectores ávidos por empuñar una pluma de fusil. Consigo traía un grandioso artefacto que nos sorprendió a todos: la centrifugadora de partículas capaz de eliminar de nuestras mentes la idea capitalista de difusión de la cultura. El artefacto era bien complejo y voluminoso, sin embargo su motor funcionaba de manera muy simple: una gran dosis de pasión e ilusión mezclada con la voluntad de crear un gran proyecto difusor de la cultura. A continuación, y cuando aquella voz que anunciaba la lectura de un pequeño cuento africano y que me recordó a mi madre leyéndome libros infantiles, perfectamente caí en la cuenta de que Paz no sólo era una traductora sino que era un diccionario en cientos de idiomas, pero no de castellano, italiano o griego, no; en sus páginas se encontraban los significados de los sueños de un lagarto angoleño o de cualquier pájaro de los que anidan en nuestras conciencias, porque al igual que sus compañeros, su avidez por llevar hasta nosotros el sentido de las letras que se escriben y que se borran, de las que quedan olvidadas en una servilleta de algún oscuro bar, la hacía portadora de este gran tesoro. Finalmente, encontré a Juan, la V de Vendetta, recién escapado del penal de las letras en que sus inquisidores lo recluyeron cuando intentó dinamitar el cofre de la intelectualidad y el divanismo. Rojo y negro, muy negro, como las manos de Guy Montang tras su jornada laboral, la V nos ofreció su vagón cargado de pólvora en forma de tinta que nos serviría para imaginar, para escribir una nueva sociedad...

Todos consiguieron atraparme con sus lecturas y con sus opiniones. Escribir y leer, hoy más que nunca, es el arma más letal que encontraremos contra el pensamiento único, contra la mirada vacía de una sociedad que ha sido despellejada por el poder y que ahora se levanta como un muerto viviente para atacar a sus iguales. Nunca un cuadro de Dalí fue tan surrealista como una tónica Nordic, una chaqueta metálica, un diccionario de sueños y la V de Vendetta hablando para todos ustedes, para todos nosotros del amor a las letras. Dije que me divertí asignado tipos, plasmando en el lienzo de mi memoria sus personajes, pero más me he divertido sabiendo que ellos eran los culpables.

David Ordóñez

3 comentarios:

nueva gomorra dijo...

Gracias David, solo por vosotros merece la pena seguir ahí, en la línea de frente del campo de batalla,
defendiendo la literadura, enarbolando la única bandera posible: la palabra.

Y sí, le pese a quien le pese, la lectura y la escritura son caminos de liberación, de cuestionamiento y de reflexión, son dignidad, son un goce infinito y un no saberse sola en la trinchera, pero no solo...

Nueva Gomorra te da la bienvenida y te nombra con gran pompa y festejo y para contento inmenso de sus habitantes: Primer Ciudadano de Honor de la Ciudad Antiutópica.

Linda Durán -NG-

Anónimo dijo...

grande david, cualquiera diría al leer tu crónica que aquello no fue una presentación, ni siquiera estábamos en una sala, más bien poníamos en marcha un viaje un sueño una canción, eso es, una canción totémica de nativos australianos que se ponen a cantar para levantar el país (si alguien quiere entender: "Los trazos de la canción" - Bruce Chadwin)


De LaRogne (NG)

David dijo...

Es un gran honor para mí recibir tal nombramiento. Ojalá sean muchos más los que ostenten la ciudadanía de honor en esta bella ciudad y contemplen desdes sus azoteas la grandeza de las torres semánticas que defienden la fortaleza de nuestro conocimiento y aprendizaje. Vendrán batallones de hombres y mujeres libres que apuntando certeros con sus cervatanas cargadas de letras atizarán bien fuerte a nuestros enemigos.

Uníos Hijos del Pueblo, porque la lucha también está en las letras.

Un abrazo para todos los habitantes.