26 abr. 2009

Mis criaturas nacen de un largo rechazo...


Hablando de cuentos, de su génesis, función, esfericidad y ardides narrativos, dice Cortázar en Ultimo Round, que leo a través de La casilla de los Morelli, en el capítulo titulado «Del cuento breve y sus alrededores»:


[…] Esto lleva necesariamente a la cuestión de la técnica narrativa, entendiendo por esto el especial enlace en que se sitúan el narrador y lo narrado. Personalmente ese enlace se me ha dado siempre como una polarización, es decir que si existe el obvio puente de un lenguaje yendo de una voluntad de expresión a la expresión misma, a la vez ese puente me separa, como escritor, del cuento como cosa escrita, al punto que el relato queda siempre, con la última palabra, en la orilla opuesta. Un verso admirable de Pablo Neruda: Mis criaturas nacen de un largo rechazo, me parece la mejor definición de un proceso en el que escribir es de alguna manera exorcizar, rechazar criaturas invasoras proyectándolas a una condición que paradójicamente les da existencia universal a la vez que las sitúa en el otro extremo del puente, donde ya no está el narrador que ha soltado la burbuja de su pipa de yeso. Quizá sea exagerado afirmar que todo cuento breve plenamente logrado, y en especial los cuentos fantásticos, son productos neuróticos, pesadillas o alucinaciones neutralizadas mediante la objetivación y el traslado a un medio exterior al terreno neurótico; de todas maneras, en cualquier cuento breve memorable se percibe esa polarización, como si el autor hubiera querido desprenderse lo antes posible y de la manera más absoluta de su criatura, exorcizándola en la única forma en que le era dado hacerlo: escribiéndola.


[…] el aura que pervive en el relato y poseerá al lector como había poseído, en el otro extremo del puente, al autor.


[…] el gran cuento breve condensa la obsesión de la alimaña, es una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desvaída realidad que lo rodea, arrastrarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación.


[…] la tensión del cuento nació de esa eliminación fulgurante de ideas intermedias, de etapas preparatorias, de toda la retórica literaria deliberada, puesto que había en juego una operación en alguna medida fatal que no toleraba la pérdida de tiempo.



Con esta entrada y la precedente inauguramos una nueva sección en la Geografía Nuevogomorriana, Metaliteradura. Una sección que esperamos sirva para generar debate a mansalva, encarnizadas discusiones, riñas, inmensas carcajadas y metacafés, ya fuera, pasada la tormenta, porque si creemos a algunos ancianos, estas cosas se pasan, con el tiempo se pasan… (¿lo hacen?)

Por esta misma razón he osado elegir al Gran Cronopio para inaugurar la sección, no me cabe duda de que generará una vorágine contradiccionista de la que no se salvará ni el mismísimo Bolaño encarnado en la figura de Marx Twain.

No me resisto a citar, una última vez, quédense conmigo, será solo un momento:


[…] Lo que precede habrá puesto en la pista al lector: no hay diferencia genética entre este tipo de cuentos y la poesía como la entendemos a partir de Baudelaire. […] El génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen «normal» de la conciencia; en un tiempo en que las etiquetas y los géneros ceden a una estrepitosa bancarrota, no es inútil insistir en esta afinidad que muchos encontrarán fantasiosa. […]



SUFICIENTE, BASTA.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

El populacho enfervorecido de Nueva Gomorra (excepto el sector más recalcitrante y sectario de la ciudad) dice:

"¡Bravo por doña Linda Durán! ¡Bravo, gloria y loor por don Julio en las alturas! ¡Juramos asistir en masa a las jornadas de Literadura!¡Con sus intrépidas palabras nos salvaron de la obsesión de la alimaña, como el joven presidiario arrojó a la boca del lagarto un vellocino (¿o fueron tres baguettes?) relleno de pólvora!! ¡¡Por la renovación de las mitologías!! ¡Potlatch! ¡Potlatch! ¡Potlatch!..."

Lotarino dijo...

bravo, su zutísima, por una entrada que incluso aplaudiría el bueno de Robert Bulanico! por supuestísimo que nos vemos en LITERADURA 09! aúpa ahí!