31 may 2010

Se me ha perdido un libro

Es este.
Me lo dejé olvidado en el asiento de un tren con destino a Ávila.

-Y qué demonios hacías en Ávila.
-Iba de paso. Venía de Salamanca, la ciudad de las despedidas de soltero.
-No me digas que te casas...
-No.
-¿Entonces?
-Entonces qué.

Volvemos al libro y dejamos a Julia con sus divagaciones... Ya estamos aquí: un libro perdido. Un buen libro de un enormísimo cuentista. Relatos sobre las relaciones de pareja, el hastío, el sexo y el dolor del paso del tiempo. Flores marchitas en el jarrón. Abrigos de pana con olor a naftalina.

-¿Tenías subrayados?
-No, esta vez no.
-Estás cambiando.

El libro estaba limpio como una patena. A medio leer. Página sesenta y pico de ciento treinta y tantas... Una pena. Dentro una pegatina como corte de lectura y un correo electrónico. A esa dirección de correo electrónico, la del encargado del pub Delirium, tenía que enviar los nombres de los poetas que participarán en el próximo recital de Nueva Gomorra (19 de junio, no os lo podéis perder). Esta vez parece que seremos Yolanda Ortiz, Ángel Rodríguez, Víctor Mesa, Sergio Franco y yo. Aunque puede ser que contemos con la presencia de una extraordinaria poeta que pareciera ser -por aquello de su secretismo- de la Generación Ausente, tan querida por nosotros.

Se me ha perdido un libro, no nos vayamos por las ramas. Si alguien se lo encuentra que lo lea y se aproveche. Es un buen libro. La pegatina podéis pegarla en vuestras agendas de trabajo. Yo es lo que hago. Apuntar y tachar cosas. Tachar. Tachar. Y cagarme en los laureles.

26 may 2010

Maquinaria del ascensor, 2


A veces imaginaba la casa como un iceberg cuya parte visible estuviera constituida por los pisos y los desvanes. Por debajo del primer nivel de sótanos empezarían las masas sumergidas: escaleras de peldaños sonoros que bajarían girando sobre sí mismos, largos pasillos embaldosados con globos luminosos protegidos por rejillas metálicas y puertas de hierro con calaveras e inscripciones estarcidas (...)

Más abajo habría como resuellos de máquinas y fondos instantáneamente iluminados por resplandores rojizos. Pasadizos estrechos desembocarían en salas inmensas, naves subterráneas, altas como catedrales, de bóvedas atestadas de cadenas, poleas, cables, tubos, cañerías, viguetas (...)

Más abajo volverían las marañas de tuberías y mangas, los dédalos de las alcantarillas, colectores, callejones, los angostos canales bordeados de parapetos de piedras negras, las escaleras sin baranda dominando el vacío, toda una geografía laberíntica de tenduchos y traspatios, de soportales y aceras, de callejones sin salida y pasajes, toda una organización urbana vertical y subterránea con sus barrios, sus distritos y sus suburbios: la ciudad de las tenerías con sus talleres de olores infectos, sus máquinas asmáticas de correas cansadas, sus amontonamientos de suelas y pieles, sus cubas llenas de substancias parduscas; las empresas de derribos con sus chimineas de mármol y estuco, sus bidets, sus bañeras, sus radiadores oxidados, sus estatuas de ninfas asustadas, sus farolas, sus bancos públicos; la ciudad de los chatarreros, los traperos y los piltras con sus montones de harapos, sus esqueletos de cochecitos de niño, sus fardos de battle-dresses, de camisas chafadas, de cintos y de rangers, sus sillones de dentista, sus colecciones de diarios viejos, de monturas de gafas (...); la ciudad de los basureros con sus cubos volcados dejando escapar cortezas de queso, papeles grasientos, raspas de pescado, agua de fregar, restos de spaguetti (...), y la ciudad administrativa, con sus cuarteles generales por donde pulularían militares de camisas impecablemente planchadas desplazando banderitas sobre mapamundis; con sus morgues de cerámica pobladas de gángsteres nostálgicos y ahogadas blancas de grandes ojos abiertos; con sus salas de archivos llenas de funcionarios de bata gris (...)

y, abajo de todo, un mundo de cavernas con paredes cubiertas de hollín, un mundo de cloacas y ciénagas, un mundo de larvas y bichos, con seres sin ojos que arrastrarían caparazones de animales, y monstruos demoníacos con cuerpos de ave, cerdo o pez, y cadáveres secos, esqueletos revestidos de una piel amarillenta, petrificados en una pose de vivientes, y fraguas pobladas de Cíclopes alelados, vestidos con delantales de cuero nero, protegido su ojo único con un cristal azul engastado en metal, golpeando con sus mazos de bronce escudos deslumbrantes.
George Perec. La vida instrucciones de uso.

23 may 2010

Roque Dalton (1935-1975)

Roque Dalton, el hijo del gringo y la enfermera. Roque, lector voraz, amigo de Gelman y tantos otros. Viajero impenitente. Conoció la Unión Soviética, Checoslovaquia, México, hasta Corea (la del norte).

Roque Dalton, biznieto de uno de aquellos bandidos inolvidables, los hermanos Dalton, siempre huyendo de la policía, como ellos, dio con sus huesos en la cárcel y fue condenado a muerte. En el año 60, justo un día antes de ser fusilado, el golpe de Estado que derrocó al dictador José María Lemus, le puso en la calle. Y luego en el 65, pocos días antes de su ejecución, un terremoto tiró las paredes de su celda y después de escapar, se confundió entre los feligreses que procesionaban un santo por las cercanías. Un hombre tocado por a suerte que al final no lo fue tanto.

Roque Dalton, el espía de la CIA, eso fue lo que dijeron. El que fue acribillado por sus compañeros del ERP que lo creían tapado de los yanquis, un esbirro de la contrarrevolución. El hombre que murió por una mentira y un poeta grande, muy bueno, que hay que leer.

América Latina

El poeta cara a cara con la luna
fuma su margarita emocionante
bebe su dosis de palabras ajenas
vuela con sus pinceles de rocío
rasca su violincito pederasta.

Hasta que se destroza los hocicos
en el áspero muro de un cuartel.

22 may 2010

Perdóname


perdóname
me estoy perdiendo
en este diminuto vaso de agua
y no he encontrado la manera
de ahogarme en él

Víctor Mesa

20 may 2010

Mágica tribu, Claribel Alegría

-Desde 1922 hasta 1930, sólo conocí la muerte.

Rulfo nació en Jalisco en 1918. Cuando apenas tenía cuatro años murió uno de sus abuelos. A los seis años sufrió el asesinato de su padre. Lo asaltaron y le dieron muerte los gavilleros después de la Revolución Cristera. El otro abuelo, el paterno, murió de tristeza. Cuatro años después de la muerte de su padre, murió también su madre y Rulfo y sus hermanos tuvieron que ir a un orfanato.

Toda su niñez estuvo marcada por la violencia y por la muerte y eso, sin duda, se refleja en sus cuentos y en su novela Pedro Páramo.

18 may 2010

Ficciones

Te miras en el espejo
y ves los ojos
de un hombre
que siempre imaginaste
como un pozo
de agua envenenada
(aunque ahora es cristalina).

El sol se postra.
Lo miras de frente,
mientras aprietas el puño.
Dentro de él,
el lápiz
con el que dibujas lo que parece
el mapa de un lugar
donde poder habitar
lejos de los fantasmas.

Anochece.
Te miras las manos
y suplicas al vacío
que en vez de un mapa
no estés trazando
el contorno
de una trampa perfecta.

Juan Cruz López -NG-

14 may 2010

Piedad, de Miguel Mena


Me ha gustado, sí señor. Y da la casualidad de que el libro fue cabeza de cartel de uno de los programas de Pagina 2. Curiosamente, uno de los pocos que no he visto. Un libro que me ha recordado ligeramente a 50 pasos para dar el salto... A pesar de que el mío tenga relatos mucho más largos y justo la mitad de los que tiene Piedad. También los dos libros tienen relatos con el terrorismo como telón de fondo y otros donde los personajes son escritores tan reales como mis manos. Ejemplo.

RENGLONES TORCIDOS

Tras una vida complicada, de inmigración y malos empleos compaginados con un ingente esfuerzo literario, el escritor chileno Roberto Bolaño alcanzó un gran éxito con sus novelas y poco después murió. Por el contrario, el norteamericano John Kennedy Toole se suicidó por la frustración de ver su manuscrito varias veces rechazado y no llegó a conocer el gran éxito internacional de su obra. A los cien años de edad, gran parte de ellos rodeado de intelectuales y artistas, el aragones Pepín Bello apenas había emborronado unos folios y gozaba de magnífica salud.

...

Y ahora vamos a darle otra vuelta de tuerca a una de las paradojas a las que es tan aficcionado el autor. Os dejo su microrrelato y ahora os sigo contando.

SCALA 78

Al acabar la manifestación por los derechos de los trabajadores, varios cócteles molotov volaron contra la gran sala de fiestas, convertida en símbolo del capital. Después, entre los escombros calcinados, los bomberos encontraron un camarero, un electricista y dos operarios de limpieza.

...

Da la causalidad de que conozco personalmente a Xavier Cañadas Gascón. Hace no demasiado tiempo estuvo en Jaén presentando su primer libro. Pasó ocho años en la cárcel condenado por haber sido uno de los causantes del incendio del Scala. Esa manifestación fue convocada por la CNT y dos de los trabajadores que murieron eran afiliados de la anarcosindical. El fuego de los cócteles molotov se extinguió poco después de que explotaran en la fachada. Todo el mundo vio que allí no había pasado nada. Al fin y al cabo, los chavales que los lanzaron, pues eran unos críos, no los sabían hacer bien. No penséis en Grecia. Luego, y como por arte de magia, el Scala salió ardiendo. Y curiosamente, el fuego empezó por el lado contrario al sitio donde habían explotado los cócteles molotov. Al día siguiente, en todos los periódicos y en el telediario, el siguiente titular: 4 trabajadores muertos en un incendio provocado durante una manifestación de la CNT. Y Martín Villa tan contento... Os recomiendo el libro de ahí abajo y esta pequeña reseña si queréis saber de qué va esto del Scala.

13 may 2010

Sueño profundo, Banana Yoshimoto


-Yo ahora, ¿sabes?, por las noches no puedo dormir. Porque si la persona que descansa a mi lado se despertara durante la noche y me econtrara durmiendo a pierna suelta, ¡ya me dirás qué valor tendría mi trabajo! Eso no sería profesional, ¿entiendes? No puedes dejar que se sientan solos. Todas las personas que vienen, absolutamente todas, lo hacen recomendadas por alguien, todas son personas respetables. Y a todas las han herido de maneras muy sutiles, todas están exhaustas. Tan exhausas que ni siquiera se dan cuenta de que lo están. Y todas esas personas, todas sin excepción, se despiertan durante la noche. Y en estos momentos es importante que, en medio de una luz suave, yo le sonría.

8 may 2010

Desconsuelo

¡Habla!
¡Aquí y ahora!
En esta misma mesa
donde millones de espermatozoides
invadieron tus entrañas
con ese lúbrico sabor mentolado,
fresco...
¿Que no eres asceta?
¿Y qué?
Yo hace mil años que no soy águila
y no lloro
y sigo meando en las esquinas
y sigo quemando el cielo con gasolina.

Curro Jiménez Melero -NG-

Viejas casas

A mí, lo que realmente me encantaría sería
volver una noche cualquiera,
cuando los gatos pueblan impasibles las plazas de la ciudad
y vagan a sus anchas por las bolsas de basura
cenando sus despojos cotidianos,
a las casas que he habitado y ver,
o intentar ver con mi ser hecho sombra, cómo han cambiado.
Darme cuenta del paso vacuo del tiempo (monstruo despiadado)
y sentarme donde descansé en su momento,
beber agua del grifo como si fuera la misma de hace años,
imaginando bajo el lavabo un circuito cíclico
que elevara un átomo de la saliva que en él me dejé olvidada,
buscaría las cucarachas que rondaban las baldosas de la cocina
y las llamaría por su nombre
o les preguntaría por sus acorazados progenitores.
Haría mil estupideces pero nunca,
nunca,
me acercaría a la cama
pues no soportaría oler otro cuerpo en la sábana.
Saber con la certeza de los sentidos
que otro hombre tan crápula y falso como yo
ha descansado junto a las mujeres
que cobijaron mis huesos, engañadas y felices.

Ángel Rodríguez López -NG-

Philip Rogina, poeta de la Generación Ausente


Philip Rogina, de padre estadounidense y madre croata, conoció cuando tenía apenas 20 años a Nicolai Goldorak. Lo sabemos por una carta que llegó a manos de Paz Gómez, investigadora de la Generación Ausente. A dicha investigadora yo la conocí en Literadura 09, unas jornadas a propósito de la literatura y la muerte que organizó, con gran éxito de público y crítica, el famoso colectivo poético Nueva Gomorra.

Lo que más nos llama la atención de la biografía de Philip es la tormentosa relación que mantuvo consigo mismo y con los que le rodeaban, especialmente con su mujer, una hipster canadiense que había conocido a Jack Kerouac y que incluso llegó a militar en The Black Panter Party (aunque era más blanca que la leche).

Philip Rogina murió a los sesenta y cinco años, apenas unos meses después de la desaparición en aguas del golfo de México de su amigo Nicolai. Sus poemas, amargos y desencantados, nos hablan de un tipo de mirada languida y enmarañada que jamás fue capaz de perdonarse su propia inteligencia.

Os dejamos con él.

Lothar Matthäus, investigador de la Generación Ausente.

YO Y TUS AMIGAS

No voy a convertirme
en quien no soy.

No voy
a transformarme en un imbécil
sólo
y exclusivamente porque
te lo demanden tus amigas hipsters,
tan visceralmente identitarias
ellas.

No.

Primer paso para ganarse el respeto:
marcar
el contorno de quien se es
con lápiz blando
y no borrar.

No borrar
hasta que te borren
o te odies a ti mismo.

De Poetica Seminarii

Hoy recupero una de las cartas lanzadas en forma de avión desde el balcón que jamás tuve. Hoy me reafirmo en mi torpeza y me arropo con todas mis dudas. Ir más allá es lindo pero doloroso. Desecho las tardes de domingo y las prisas, el fucsia y tanto sin sentido. A veces me falta el aire y no es culpa ni de mi creciente asma, ni del humo que a ratos se hospeda en mis pulmones. Como el loco que mira al abismo y no sabe si lo que ve es lo que es, o si es el abismo quien le está mirando a él, casi sólo puedo sentir perplejidad. Una era de vacío y de disfraz, de banalidad y de miedo que alimenta a un mundo tan aséptico. ¿Cuánto miedo somos capaces de soportar? Llega a resultar sofocante levantarse todas las mañanas en un pretendido entorno tan bienpensante, limpio, racional, ordenado, cerrado, perfecto, muerto... Tanta asepsia me enferma. Pronto nos daremos besos con mascarilla y pediremos una analítica completa para comenzar una relación. Dejaremos de saltar en los charcos, de practicar el noble arte del respeto y hasta los sentimientos vendrán precintados al vacío... Todo esto, es de reclinatorio decirlo, no nos interesa.

Ramón Picatoste (Poetica Seminarii, mayo-junio 2007)

6 may 2010

A propósito de Miles Davis

Su jazz -se dice a veces- es frío y cerebral. ¿En verdad es frío y cerebral? ¿O simplemente calculado e intelectual, a pesar de aquella anécdota que se le atribuye al principio de su carrera? En uno de los teatros en donde iba a debutar, el empresario le dijo a Miles entre bambalinas:

-Bien, Mr Davis, en este programa usted y su grupo permanecerán en escena los siete minutos y medio que siguen al primer entreacto.

A lo que David Contestó con aire escéptico:

-Querido amigo, cuando yo empiezo a tocar, lo olvido todo absolutamente.

Estuvo tocando, sin parar, más de una hora. Lo hizo calculadamente, con simplicidad y tristeza. Es austero, áspero, dolido por el dolor del mundo. Toca sin adornos ni concesiones. Frío, seco, adusto y celoso de su verdad musical, Miles Davis es casi monástico:

-Para los hombres blancos también hay segregación -confiesa a sus amigos-. Hay pobres y ricos. Falta de acceso a la verdad. Y la angustia que nos brinda un mundo regido por la hipocresía y el cinismo. Sin verdad no hay más que soledad. ¿En quién confiar? ¿A quién prestarle nuestra fe?

Variaciones sobre el jazz, de Julio Coll. Guadarrama. Madrid: 1971.

5 may 2010

La poesía

La poesía no vale
para nada -dice
quien no ha escrito un poema
en toda su puta vida.

Juan Cruz López -NG-

3 may 2010

Apunte callejero

EN la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.

Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...

Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.