11 sept. 2016

Una familia de árboles

Jules Renard (1864-1910)
Los encuentro después de haber atravesado una llanura caldeada por el sol.

Por causa del ruido no habitan a la orilla del camino. Viven en los campos incultos, junto a una fuente que solo conocen los pájaros.

Parecen impenetrables, desde lejos. Apenas me aproximo, sus troneos se desenlazan. Me reciben prudentemente. Puedo reposar ahí, refrescarme; pero adivino que me observan con desconfianza.

Viven en familia, los más viejos en medio y los pequeños, aquellos cuyas primeras hojas acaban de nacer, un poco diseminados pero sin apartarse nunca.

Su muerte es prolongada y conservan a sus muertos en pie, hasta que caen hechos polvo.

Se acarician con sus largas ramas, para asegurarse de que todos están allí, como los ciegos. Gesticulan coléricos si el viento se insufla para arrancarlos. Pero entre ellos no hay ninguna disputa. Si murmuran, lo hacen de acuerdo.

Los tengo por mi verdadera familia. Pronto olvidaré a la otra. Me adoptarán poco a poco estos árboles y, para merecerlo, aprendo lo que es necesario saber:

Ya sé mirar las nubes que pasan.

Sé quedarme en mi lugar.

Y casi ya sé callarme.

- En La linterna sorda, de Jules Renard (Baile del Sol. Tenerife: 2011.

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