12 sept. 2016

Otoño alemán


Un día, en el Ruhr, después de haber llovido durante mucho tiempo y después de que los panaderos llevan ya dos días sin pan, me encuentro con un joven escritor alemán, uno de esos que debutaron durante la guerra pero que no han perdido personalmente ninguna guerra debido a sus reservas espirituales. Ha podido obtener, prestado, un lujoso chalet situado en medio de un bosque, y unos cuantos kilómetros de árboles de hoja rojiza lo separan de la más brutal miseria de un Ruhr en ruinas. Es extraño salir de una de las minas del Ruhr en cuyo fondo un minero desesperado, cuyos ojos inyectados de sangre contrastan con el rostro negro, se quitó sus zapatos rotos para mostrarme que no llevaba calcetines, y encontrarme de nuevo, sin transición, en este idilio otoñal donde el hambre y el frío han sido cultivados hasta el punto de adquirir un carácter ritual. Es una experiencia espantosa el solo hecho de ver un jardín no devastado, en esta Alemania sin libros donde un libro es tan raro que uno se acerca a él con devoción solo porque es un libro.

Otoño alemán, Stig Dagerman (Octaedro. Barcelona: 2001).

No hay comentarios: