28 jun. 2016

En el café con Malatesta


Ambrosio - Usted concluía el otro día que todo depende de la voluntad [...] ¿cómo harían si no hay un gobierno que determine e imponga los deberes sociales?

Jorge - Si hay gobierno, triunfa la voluntad de los gobernantes, de su partido, de los cointeresados, y el problema, que es satisfacer la voluntad de todos, no es resuelto. Al contrario, la dificultad es agravada, ya que la fracción que gobierna no solo puede ignorar o violentar la voluntad de los demás con medios propios, sino que dispone, para imponerse, de la fuerza de todos. Es el caso de la sociedad actual, en donde la clase obrera proporciona al gobierno los soldados y las riquezas que sirven para tener esclavizados a los obreros. Creo haberlo dicho ya: queremos una sociedad en que todos tengan los medios para vivir como les parezca, pero en que ninguno pueda obligar a otro a someterse a su voluntad. Aplicados estos dos principios: la libertad para todos y los instrumentos de producción para todos, todo el resto viene naturalmente, por la fuerza de las circunstancias, y la nueva sociedad se organizará del mejor modo que convenga a los intereses de todos.

Ambrosio - ¿Y si algunos quieren imponerse con la fuerza material?

Jorge - Entonces serían el gobierno, o los aspirantes a gobernar, y nosotros los combatiríamos con la fuerza. Usted comprende que si queremos hacer la revolución contra el gobierno, no será para someternos dócilmente mañana a nuevos opresores. Si ellos vencieran, la revolución sería vencida, y habría que volverla a hacer.

Errico Malatesta (En el café. Conversaciones sobre comunismo anárquico. Descontrol. Barcelona: 2015).

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