5 sept. 2011

Literatura y supervivencia (7)


La voz sin rostro.
Un carrito de supermercado desvencijado, donde transportar una lona, mantas, conservas, un hornillo, un mechero, un mapa desencuadernado. Una infinita carretera desolada y, a los lados, un paisaje quemado y frío, un mundo gris, cubierto de ceniza, caníbales en los recodos del camino. Un hombre y su hijo sobreviviendo.

CORMAC McCARTHY (1933)

Cuando hubo luz suficiente observó el valle con los prismáticos. Todo palideciendo hasta sumirse en tinieblas. La suave ceniza barriendo el asfalto en remolinos dispersos. Examinó lo que podía ver. Segmentos de carretera entre los árboles muertos allá abajo. Buscando algo que tuviera color. Algún movimiento. Algún indicio de humo estático. Bajó los prismáticos y se quitó la mascarilla de algodón que cubría su cara y se frotó la nariz con el dorso de la muñeca y luego miró otra vez. Se quedó allí sentado con los prismáticos en la mano, viendo cómo la cenicienta luz del día cuajaba sobre el terreno. Sólo sabía que el niño era su garantía. Y dijo: Si él no es la palabra de Dios, Dios no ha hablado nunca.

- De La carretera.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El libro no lo he leído pero la película me impresionó bastante. Junto al Tiempo del lobo de Haneke considero que son de las dos películas apocalipticas que para mí se pueden acercar más a la realidad. En las dos aparecen la figura del niño como esperanza ante tanta barbarie. Aunque la narración de ambas son muy distintas, y la del tiempo del lobo es mucho más lenta y mantenga una mayor incertidumbre en su final ambas merecen la pena y dan mucho que pensar.

Cjm -ng-

Juan Cruz López dijo...

Gracias Curro. Tebemos que echarle un ojo a esas pelis. Nos vemos.