22 feb. 2011

Polvareda


El polvo que ya no cesa, la mugre que te envuelve
al doblar cualquier esquina, la voz resquebrajante
mordiendo en cada hueso, la veta de aire limpio
que aguarda en la miseria.

Sombras que ya no enfrían, aliento que se posa
en la húmeda espesura, boceto arquetípico
de la muerte anticipada, herida en carne muerta
que ya no cristaliza.

Una suerte de fosa ingobernable, alimaña que devora
aquello que yo escribo, fortaleza derribada
por pálidas certezas, oscuro resplandor
que abraza al desvalido.

Los pasos ya se acercan. Restriega de una vez
tu baba pestilente, golpea sin pudor tu cara amoratada,
desanuda con cuidado tu cerebro corrompido.

Así y sólo así, derrotado de antemano, evitarás tu precipicio.

Alfonso J. Molino

1 comentario:

J. G. dijo...

pero es la polvareda la que te empuja al abismo