8 sept 2010

"Mirad a vuestros verdugos" anda suelto por ahí

Creo que cuando lo conocí leía bastante menos que yo, aunque escuchaba música por los codos y ya por aquel entonces tenía una discoteca que asustaba. Aprendí bastante de él. Aprendo todavía.

Desde que nos vimos hicimos buenas migas. Migas con chorizo y con tocino, diría yo. A las pocas semanas ya parecía que nos conocíamos de toda la vida. Así las cosas, un día se me ocurrió decirle que, a parte de leer, también me gustaba escribir, y mucho. Sorprendentemente, él me dijo que también, pero que no me iba a enseñar nada de lo que hacía. Yo lo respeté. A los amigos se les respeta casi todo, hasta la vergüenza. Desde entonces, siempre que acabo un libro le paso un borrador para que le eche un vistazo. Al fin y al cabo, se ha convertido en un lector voraz. Lo consigue aprovechando los tiempos muertos. Muchas veces, cuando veo su furgoneta aparcada por ahí, le echo un vistazo al interior para ver qué libro lleva encima de la guantera. Me complace comprobar que a veces lleva libros que le he recomendado yo (aunque ahora el flujo de influencias es bidireccional).

Hoy lo he visto sanamente preocupado, y eso me alegra y me entristece a la misma vez. La lucidez se parece a las mañanas soleadas del invierno (de una crudeza dulce).

Le presto Mirad a vuestros verdugos, de Servando Rocha. Seguro que le va a gustar.

1 comentario:

julia dijo...

como lo sssssssssssssssssssssssss..........

besos desde costa gringa...

la palabra clave es sodines...