
Juarroz es distinto. Su poesía es distinta. Ya hemos hablado en más de una ocasión de él.
No es la suya una poesía fácil. Hay que tenerle paciencia. En sus poemas: el pensamiento, el hielo a veces, un universo ordenado y límpio que se levanta sobre la profundidad semántica de cada una de las palabras. La importancia del texto por encima de todo, del decir.
Muy distinto de lo que leo casi siempre. Me recuerda a Manolo Lombardo, que es otro poeta enorme, de poemas cortos y certeros donde la tensión emocional se construye sobre cimientos bien distintos a los habituales. Aquí no hay gestos ni frases hechas. Tampoco hay malos y buenos. Y si se me apura, tampoco hay amor (aunque lo hay, y mucho, pero de otra forma).
Juarroz, que era leído por Cortázar y al que descubrí gracias a un librero anarquista. Y Manolo Lombardo, al que conocí hace años, buceando en la sección de literatura española de la biblioteca de la universidad. Dos poetas del vacío y el abismo. Dos poetas abisales.
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Desbautizar el mundo,
sacrificar el nombre de las cosas
para ganar su presencia.
El mundo es un llamado desnudo,
una voz y no un nombre,
una voz con su propio eco a cuestas.
Y la palabra del hombre es una parte de esa voz,
no una señal con el dedo,
ni un rótulo de archivo,
ni un perfil de diccionario,
ni una cédula de identidad sonora,
ni un banderín indicativo
de la topografía del abismo.
El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia.
El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.
La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.
Roberto Juarroz
2 comentarios:
Este poema de Juarroz me ha recordado estos versos de Lombardo Duro:
Aún me queda
despalabrar espacio y tiempo,
destruir el lenguaje
y su mentira inmensa
MANUEL LOMBARDO DURO
Un beso,
Yolanda
NADA ESPERO
Porque no espero,
porque no espero volver,
porque no espero volver jamás,
ahora voy más y más lejos:
he decidido
no moverme de aquí,
quedarme quieto
en este desamparado lugar
cuyo nombre he olvidado
y que sólo sé que se encuentra
allá en el centro de ninguna parte.
Manouel LOMBARDO DURO
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