1 sept. 2016

Hablando de Carl Einstein

Reivindicar hoy en día la figura de Carl Einstein (1885-1940) es una actividad necesaria pero, cabe reconocerlo, doblemente peligrosa. Si por un lado sacar a la luz implica siempre sacar de contexto y exponer lo inédito a procesos de distorsión y desgaste, no menos arriesgado es considerar la Modernidad como una especie de vía de escape de sí misma, como un catalizador de actitudes, teorías y prácticas –así las de Einstein– que vendrían a superar sus propias carencias y que sin embargo la llamada Posmodernidad apenas ha tomado en cuenta, empeñada como está en servirse de una víctima chata y monocorde, es decir, de su modelo de Modernidad. En este sentido, el aura de originalidad que rodea a los llamados estudios visuales se atenúa considerablemente al cotejar su propuesta con la llevada a cabo por Einstein casi cien años atrás, motivo suficiente para ver en él a un precursor de corrientes que irrigan hoy el campo analítico de la imagen y a un pionero en la formulación de alternativas a la historiografía y la estética convencionales. Su espíritu cohesivo, su ansia desmitificadora o su voluntad de rescate de cuanto suele quedar en los márgenes del discurso hegemónico debieran ser valorados por quienes, en su calidad de inopinado antecesor, tanto le deben; solo por promover ese reconocimiento merece ya la pena desvelar la empresa einsteiniana, pero lo cierto es que da para más. Mucho más. 

- Carl Einstein o la historia casi imposible, José Mª de Luelmo (Piedra Papel Libros, Jaén:2016)

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