11 ago. 2016

Sociofobia

Con el ciberfetichismo el consumismo ha adquirido autoconciencia, ya no es sólo el ruido de fondo simbólico del capitalismo sino un proyecto social y cultural. El ciberfetichismo es la mayoría de edad política del consumismo. Para los ciberutopistas, al fin hemos dejado de estar solos en la ciudad, condenados a encontrarnos esporádicamente en la cola de los supermercados. Creemos haber superado el malestar de la prosperidad material, los dilemas del individualismo fordista y sus formas de alienación. Nos pensamos como racimos de preferencias, ocasionales pero intensas, a la deriva por los circuitos reticulares de la globalización posmoderna. Somos fragmentos de identidad personal que colisionan con otros en las redes sociales digitales y analógicas.

El precio a pagar es la destrucción de cualquier proyecto que requiera una noción fuerte de compromiso. Para el ciberfetichismo no hay nada en nosotros más allá de nuestras apetencias actuales: sociales, gastronómicas, musicales, sexuales, cinematográficas o incluso políticas. La modernidad había vivido esa disolución de las subjetividades en sus contenidos volitivos como una forma de nihilismo que, al menos a largo plazo, generaba malestar y sufrimiento, como les ocurre a esas amas de casa de clase media anestesiadas con tranquilizantes de Mad Men. El medio digital nos proporciona una especie de muletas tecnológicas que dan un sucedáneo de estabilidad a nuestras preferencias esporádicas. Internet genera una ilusión de intersubjetividad que, sin embargo, no llega a comprometernos con normas, personas y valores.

Por eso nuestra época es al mismo tiempo la del fracaso científico de las ciencias sociales y la de su triunfo cultural. 

Sociofobia. El cambio político en la era de la utopía digital, César Rendueles (Capitán Swing. Madrid: 2013).

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