9 jul. 2015

Stoner, o el gusto por las historias sin fuegos artificiales

Cada vez me cuesta más trabajo leer por recomendación. Quizá tenga que ver con el hecho de haberme llevado unos cuantos chascos en el último año, y uno empieza a sospechar de cada libro del que nos hablan bien, tal vez demasiado. Afortunadamente, ahora vuelvo a la inocencia. Stoner me lo regaló Yolanda Ortiz. Sabía del libro porque es la obra señera de la colección de narrativa de Baile del Sol, la editorial canaria con la que Yolanda y yo vamos a publicar de forma inminente, o eso esperamos, nuestros siguientes poemarios.

Se nota que John Williams escribió esta novela en el tiempo en el que no era cuestionado ese formato, en la cresta de la ola de aquella narrativa norteamericana a la que, yo particularmente, le debo tanto. Y ahora sí, Stoner como una obra que acompaña a las de Bellow, Salinguer, Capote, McCullers... Un libro mayor que cuenta una historia sencilla pero redonda, muy bien narrada, que deja los silencios justos y abre espacio para la imaginación; una novela, digo, con un protagonista a través del cual podemos asomarnos a la historia mundializada de los EE.UU., la potencia hegemónica de ese siglo XX que acabó con tantos sueños en las trincheras de Europa.

Recomendable, pues, pienso que mucho. Un libro para reconciliarnos con las historias pequeñas, sin fuegos artificiales, de las que está preñada la narrativa norteamericana de mediados del XX.

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