10 ene. 2013

Inés




Mara, la mujer de Fabio,
vende pan relleno en el mercado de Recoleta los domingos en la mañana.
Hoy hace frío
y la gente se embute en sus chaquetones  
y hunden sus manos en los bolsillos
y agarran el aire caliente que de su cuerpo sale.

Todos los domingos,
todos y cada uno de los domingos desde hace quince años
se mete el sueño en los ojos y amasa
la radio canta a lo lejos sobre la ventana de la cocina.
Mara tiene una hermana,
Inés,
a la que de pequeña se le agolpó la locura entre las sienes.
Cada domingo, bajo el mismo árbol,
con su misma silueta tatuada sobre el mercado,
sobre la misma canasta de mimbre ya cocida,
ella muerde, se cuelga el bolso y lo muerde,
lo ata y lo desata con esos dientes enlutados que son bridas rancias.
Su saliva huele a bilis,
las encías son un telar ,
el ácido de su boca te hiela los ojos,
la melena sin viento
que se atreva a tocarla cae varada sobre la nuca,
tantas veces sus dedos pasaron por cu cuello
que una herida sujeta su cabeza.
Nunca habla, mira perdida a Mara,
muerde
cuida el pan
muerde
oye la música a lo lejos
ata
un vagabundo canta con el mentón partido I wish you where here,
desata
el público aplaude,
espera
bailan pesos en un sombrero chato
muerde
otro domingo,
ata
sin tangos para Inés.

Ángel Rodríguez López

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