22 dic. 2012

Un poema de Elena Fernández Treviño


Si te mezclo con agua
y te meto en pellejo de cabra,
me mezclo en universo de hechicera.
Suenan los vidrios tristes
y me vuelvo serpiente,
de discursos a Eros y Afrodita,
y trato de escanciarte
con mi lengua infinita
que se muerde la cola.

De trincheras cansadas,
mudo hasta la cintura.
De miradas de vidrio,
diseño la ceguera,
salpico la frontera,
de racimos salaces...
Y abro toda la boca,
dipsómana impaciente
me emborracho de ojos,
me asombro de fluidos,
me aspaviento de pieles,
me aletargo de sueños.
Tienes carne de uva,
tienes nombres de bar
y cualquier cosa...

Cuando me bebí tus vientos,
recogí en soledad
mis tempestades.

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