3 oct. 2012

Luciana



Hay un escalón agrio ya de suelas sobre él
en el mercado de Matadero.
Donde se sienta mientras el reloj aguante Luciana,
la pequeña de la casa cansada de la esquina,
con su olor a pena saltándole de los ojos.
Tras ella se abre la puerta del baño
del que es la alguacil de lo sucio,
la policía de la orina ajena,
de las manos salpicadas y la bragueta oronda.

El urinario es un agujero que  no mantiene limpio,
sólo cobra en la puerta del baño,
ni un ejercito conseguiría que recobrara el brillo,
huele a descomposición desde la calle.

Un peso, en el borde del tigre hay que poner un peso
donde Luciana mira con asco a los clientes.
Hace frío en esta mañana de agosto en Buenos Aires,
un frío que hiela los cimientos de un continente,
que entra por la puerta y le corta la espalda.
Cada día se le mete en la boca el olor a lejía barata,
a papel áspero entre las uñas,
a preguntas limpias sobre pantalones mojados.
Pasa el Río de la Plata entre sus ojos,
un bandoneón grita lejos, en la pista de baile
y ella escala los vientos
sin saber aún cuando acaba este día que empezó tras ella.
Cuánto queda para que las mujeres dancen
entre el jabón que chorrea de las ollas
y los hombres beban vino viejo y carne nueva.
Cuánto le falta para dejar de ver caras sin cuerpo,
piernas sin cielo,
cucharas torcidas,
tenedores mellados,
servilletas sin bocas que las besen.
Cuánto tiempo te queda, Luciana,
para llegar a casa con el sonido del vidrio metálico en el bolsillo,
con el reloj parado, sin cuerda donde agarrarse.

Ángel Rodríguez

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué gran poema, Ángel.

Roque

nueva gomorra dijo...

Uno de los que más nos gustan de sus poemas de mujeres.

Anónimo dijo...

¡Gran poema! Me ha encantado.

Marga.