15 ago 2012

Con dos barajas: corazones y espadas


SAMURAI

Está en la muerte
todo lo que te falta
y las mentiras que te sobran,
esas palabras que hacen
los sucesos y las cosas
más importantes que el silencio.

Hay que saber callar,
dejar sencillamente
que las cosas sucedan
despacio en el silencio,
de la manera más hermosa.

Hay que saber callar.
Cada día, sin excepción,
considerarse muerto
en lo más alto de la vida,
vivo en el centro de la muerte,
como afirma el samurái.


Manuel Lombardo Duro


HARAQUIRI 

Tus besos son afilados
como el cristal.
Tu saliva
mansa, como un río calmo,
corta mis labios.
Tarde o temprano
mis palabras te sabrán a sangre.

No te puedo soportar.
Ni a ti ni a tu fantasma,
lo que me queda detrás
de cada última partida.

Tu cuerpo, ese reloj de arena,
mide mi tiempo
y ya me agosta.

Me abriste la piel la noche
que sacaste a pasear / tu lengua
por mi espalda antaño yerma.

No sé ni cómo
vivir sin el dolor.

Me coso las heridas
para que la sangre no te manche
y no te vuelva triste.
Porque te quiero limpia
y afilada / como la espada
de un samurái.

Pues fui yo quien te eligió
y yo quien te usará
para darse un final digno.

Juan Cruz López

2 comentarios:

julia dijo...

bueno bueno bueno... el poema del señor lombardo duro excepcional, por aquí se lo he dado a leer a algún amigo... y el harakiri, que poema más realvisceral juaneti...

un beso...

Juan Cruz López dijo...

ya me conozco yo ese "bueno, bueno, bueno" (labios de pato)