24 jun. 2012

Nuevas palabras, viejas voces


Cierro los ojos. Hay una voz que me acompaña desde hace millones de años... Ahora la noto algo más grave, menos melosa, con más pasadas, pero es la misma voz. Sí, es él, me lo recordaste hace poco: el tipo que salía en aquel cuento que leíste con los ojos prendidos en llamas; también el que perdía las noches trabajando en aquella gasolinera del extrarradio y el mismo al que veías surfear a las seis de la mañana en aquella playa fría, en pleno invierno. El músico de las pupilas abisales y la sonrisa pícara, aquel que no pudiste imaginar de otra manera que no fuera viviendo

Vuelvo a él a cada tanto. Siempre me descubre una sonrisa... Qué extraño, ya no queda nada de aquella devastadora sensación, ese mareo. La madeja pareció desenliarse fácilmente. Su voz cambió, claro, y se nos pudo ver sonriendo cuando dejamos de buscarle las orejas del lobo. Después de aquello paz, luego celebración. Esa guitarra me lo vuelve a recordar... Como el personaje del cuento: no esperar nada y conseguirlo todo, solo preocuparse de saber estar presente. Solo por esta vez me pongo en la boca la palabra tranquilidad.

1 comentario:

julia dijo...

la tranquilidad de la voz de eddie, ese timbre apaciguante... yo también lo escucho, rats, jeremy, oceans... mermelada de perla... un besoooooooooooooooooooooooooooooo