10 mar. 2011

En la mesita, quieta y estática, una línea de agua


En la mesita, quieta y estática, una línea de agua duerme tranquila en su vaso.
El reloj camina, con sus pies de aguja, un goteo de segundos perdidos.
Ella dormía en sus ojos verdes, verdes, verdes.

No despertó y no fue necesario.
Tatuados los gestos en la materia del recuerdo.
Abrasada, a ratos ausente, la mirada.
La baba se precipita desde la comisura
sobre su pecho pálido sin retorno.

El gesto de placer se tuerce ante el dolor obligado.
La muerte anestesia el abandono de un cuerpo
que como un edificio a pedazos cae desde sus cornisas.

Ángel Rodríguez

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