23 jun. 2011

Diario, Hélène Berr


Empiezo por su mirada. Hélène, inteligente y viva, apasionada y a la misma vez tan reflexiva... Le debía una reseña. Me hundo en el terror a través de sus páginas. El diario de Hélène Berr es una casa poblada de fantasmas. La de la mirada inteligente era una mujer que se comía la vida a grandes bocados, una joven de veintitrés años que amaba la literatura y disfrutaba de sus días con una ferocidad incuestionable. Ni siquiera la ocupación nazi de Francia, su país, pudo restarle capacidad de amar. Su lucidez escuece, nos pone la piel de punta. Su cuestionamiento permanente de la altura moral del ser humano estremece, tambalea nuestros cimientos, nos ayuda a empatizar. Sus últimas palabras, escritas curiosamente en un idioma en el que ella habitaba de prestado, el inglés, fueron: ¡Horror! ¡Horror! ¡Horror! Esas fueron sus palabras... Puente directo hacia El corazón de las tinieblas. Y es precisamente así, horrorizados, como nos sentimos al saber que una mujer como ella acabaría muriendo apenas unos días después de haber escrito esas palabras. ¿Cuánta injusticia pudo caber en un siglo como el pasado? ¿Cuánto dolor? No, la literatura y el amor no pueden nada contra la pesadilla hecha real. De nada vale la palabra ante el fusil.


Ahora siento los balbuceos de Hélène, sus inseguridades, también como las mías. A veces tengo la sensación de no haber aprendido nada; ni en la vida ni en la literatura, sentirme de repente como ella, plantado sobre el papel en blanco, dudando del coraje necesario, dudando, por supuesto, de mi capacidad de entrega y de eso que Hélène llamaría talento. Arenas movedizas. Ella lo sabía bien... Ella nunca se dejaría derrotar. ¿Cuánta muerte arrastra una muerte como la suya? ¿Cuántos futuros rotos? Hélène Berr es su nombre. Por nosotros, que su memoria no se pierda y sirva nuestro gesto de homenaje.

Diario, Hélène Berr. Anagrama, Barcelona: 2009.

1 comentario:

Susan Urich dijo...

Me ha encantado esta reseña. Lamentablemente aquí no consigo el libro, pero lo quiero leer desde que supe que existía.