4 may. 2011

Solo sabemos arar la tierra con alquitrán

Solo sabemos arar la tierra con alquitrán
y sabernos felices de no mancharnos las suelas con su sangre.
Hemos sellado la tierra con la ceniza del dinero y ella,
en sus silencios, se deja morir sobre su eje bajo nosotros
(una
vuelta
y
otra
y
otra más).
Sabe que su fin será un amasijo de carne aún tibia
donde cada uno de nosotros haremos flor en su enorme corona de difuntos,
seremos crisantemos pinchados en barro
con los brazos en alto,
la frente quemada al sol, abrasada sin remedio en un baile sin freno de túnicas cárdenas y abriremos tanto, tanto la boca
que se desgranarán nuestros dientes dejando en muestra muerte
un sonrisa macabra y desdentada.
Luego, en el mañana, un perro escuálido
en el que legiones de chinches serpentean sobre su lomo,
paciente y feliz,
desgarrará ya su carne de nuestro hueso con su baba ácida e infecta
mientras muerde ojos y lame vísceras que, por suerte, no respiran.
Sobre las montañas de escombro en las que terminarán tantos respirares inocentes, cagará sangre en agradecimiento.

Ángel Rodríguez López

4 comentarios:

nueva gomorra dijo...

Ángel, perdona que no haya podido conseguir el efecto que tú querías en algunos versos, pero es que no domino blogger tanto.

Anónimo dijo...

no te preocupes, eso no pasa nada de todos modos se ha quedado muy bien el poema

BaBel dijo...

guau!

Anónimo dijo...

Excelente poema, Ángel.

Roque