19 nov. 2009

Encadenados


Se fue muriendo todo,
pero ellos no murieron.
La madera del hombre
duró más que sus sueños.
Lo que muere del hombre
vivió más que lo eterno.
Se murió la esperanza
y siguieron viviendo.
Sólo los perros mueren
al morirse su dueño.

José Hierro (Quinta del 42) 1952.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

solo quería dedicar un pequeño espacio al poeta de la mesa de al lado en el bar de la esquina, al que cantaba una nana para dormir a un preso, al buscador compulsivo de colillas encendidas (fumador ocular desprevenido), al forzudo que escapó de un circo francés en busca del arte total. gracias por tus versos, pepe, me hubiera gustado echar un rato contigo.

ben goraled

tr(a)nshistoria dijo...

Claro que sí. Intento volver a José Hierro siempre que puedo. A mí me recuerda a un levantador de peso de los de los circos de principios del XX. Quizá le falte el bigotillo de la época, pero la fuerza la tiene, y toda. Ese Currata!

John Table dijo...

-madera- Grandes palabras!!
la foto por cierto es de un palmera canaria( o eso me parece)

Anónimo dijo...

mi buen John: se trata de la palmera de La Glorieta, barrio obrero y señero de Nueva Gomorra. Tristemente desaparecida tras caerle un rayo hace un par de meses. La instantánea fue tomada momentos después del impacto. Aunque la tormenta vertía cubetazos de lluvia, no conseguió apagar el fuego, de modo que fue necesario avisar a Guy Montang para rematar el trabajo. Esto daría para una pequeña tentativa realficcionalista, pero estoy tan ocupado...

nueva gomorra dijo...

Una lástima el tiempo, Ben, eso, que estés ocupado y que nos vayamos a marchar. La instantánea eres tú mirando al mar. José Hierro una necesidad en la ciudad.

Bramina -NG-

nueva gomorra dijo...

La palmera ardiente, bajo la tormenta... Bíblico, como nuestros orígenes gomorros... Te voy a echar de menos, Currata!!!

Juan -NG-