16 nov. 2009

El hombre en el castillo, Philip K. Dick

Imaginad que la Segunda Guerra Mundial la hubieran ganado los alemanes y los japoneses. Imaginad que una parte de los Estados Unidos de América estuviera ocupada por los japos y que el resto del mundo, como quien dice, estuviera en manos de los nazis (liderados por el jerarca Martin Bormann). Imaginad que la carrera espacial estuviera monopolizada por los alemanes y que los nazis empezaran a colonizar los planetas del sistema solar... Imaginad el Mediterráneo seco, convertido en un inmenso campo de cultivo para el III Reich. Imaginad, por ejemplo, a los colonos alemanes ocupando el este de Europa, casi limpia de eslavos. Imaginad todo eso y mucho más (la cacería de los últimos judíos sobre la tierra, el proyecto de arrasar con África, a Hitler encamado gracias a la sífilis...) y os daréis de bruces con esta historia suculenta de Philip K. Dick. Una historia interesante hasta el final, con buenos personajes e historias cruzadas que pivotan, algunas, sobre las páginas de otros dos libros que son claves en la historia: uno real, el I Ching, también llamado El libro de los cambios, al que Dick acudía recurrentemente, y otro ficticio, que sostiene buena parte de la novela, La langosta se ha posado, un libro donde se cuenta lo que en la novela resulta una ucronía: que los aliados habían ganado la Segunda Guerra Mundial. Un libro leído por millones de personas casi en secreto y cuyo autor vive encerrado en un castillo de alta seguridad, temeroso de que algún sicario nazi pueda asesinarlo. Distopía y metaliteratura de ficción, buena mezcla entonces. Imprescindible para transhistóricos y fabuladores diletantes (como nosotros).

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