7 ago. 2009

Rituales, de Cees Nooteboom

No sabes elegir. Es la falta de clase de siempre. Por eso eres un chapucero. El que todo lo encuentra bonito. Para eso es la vida demasiado corta, muchacho. La condition humaine no lo tolera. Sólo puede parecerte esencialmente bello aquello de lo que entiendes. Quien no escoge perecerá en el pantano. La cenagosa vertiente del diletantismo se llama descuido, chapuza, falta de atención e ignorancia total. La segunda mitad del siglo XX. Más oportunidades para todos. Más gente que sabe menos sobre más cosas. Distribuir conocimientos sobre una superficie lo más grande posible. Y quien quiera patinar se hunde en el hielo delgado que cede... Así hablo Bernard Roozenboom.

3 comentarios:

nueva gomorra dijo...

MITOMANÍAS

Hablábamos de diletantismo. Decíamos (De la Rogne) que si por algo se podía definir a NG era por su acérrimo diletantismo. En ese momento, un instruso cruzó un par de plabras, sin duda insidiosas, con nosotros, interfiriendo en nuestra pletórica comensalidad. No nos quedó más opción que destrozarlo, golperarlo, tirarlo por los suelos y hacerle morder el polvo sin apenas inmutarnos. Algunos miembros de NG tomaron forma de Steven Seagal. Nos retiramos, esta vez sí, victoriosos, habiendo arrasado todo a nuestro paso. Seremos recordados por lo mismo.

nueva gomorra dijo...

Mitomanía compartida. Esa noche una mujer dejó en aquel lugar una apacible mesa inmersa en una de esas conversaciones pausadas, pero sostenidas. Esa mujer llegó a casa, leyó unos cuantos artículos del Antisistema que Lot le guarda religiosamente cada tanto, cerró los ojos y cayó rendida, y sin embargo, esa mujera también estuvo allí, observando el placaje, deseando con todas sus fuerzas que no hubiera heridos de los suyos (en realidad, que no hubiera heridos a secas, ningún herido), que DelaRogne fuese investido de repente con superpoderes postapocalípticos y comenzase a volar a la velocidad de la luz, que Lot tuviera la espada sagrada que no utilizaría sino como método disuasorio y que Francamente emprendiese uno de esos largos parlamentos sobre el origen de las drogas y las costumbres de los gomopitas, mientras que Sarima hacía de las suyas tras haber conseguido el don de la invisibilidad. Mitomanía compartida.
Por mi parte, con vosotros iría a la guerra, sobre todo después de comprobar las dotes bélicas de los rebecas negras.


Linda Durán-NG-

tr(a)nshistoria dijo...

esta historia, además, ha quedado convenientemente inmortalizada, esperemos, en uno de los párrafos del club de los poetas hiperviolentos, relato que da nombre el libro de relatos que tenemos entre manos: El Club de los Poetas Hiperviolentos y otros relatos... Esxs!

P.D.: Hay que recordar que en el momento de los hechos los beligerantes llevábamos nuestras pegatinas de Nueva Gomorra, visbles, como banderas de guerra al aire