16 jul. 2009

En el café Gijón, de Mercedes de la Casa

Con el mismo color del mármol en la cara, tragaban el aire y decían esperar a otros cuerpos que como ellos palpitaban.

Ni una gota de café que lamer, el desamor rompía sus almas. No quedaba ninguna mesa libre. La enorme paciencia de camareros y clientes en la barra a la espera de poder sentarse proyectaba su destrucción virtual.

Ni esperaban a nadie ni iban a tomarse ese café que nunca pidieron, tres horas más tarde y ante la crispación de unos y otros, se dignaron por fin a abandonar el local. Una zanja encubierta de la conducción de gas ciudad a la puerta de la calle los tragó sin aviso, zaassss!

Ni siquiera los seres huecos evitan su destino, justo antes de salir dos ráfagas de viento se colaron en el café Gijón y borraron las huellas de su aliento.

3 comentarios:

nueva gomorra dijo...

Me dijiste que era muy surrealista, pero insisto, precisamente por eso nos gusta. Tienes las puertas de la ciudad abiertas, para cuando quieras volver a entrar.

Un abrazo

Bram dijo...

Nada...
sombra, tierra, polvo, nada...
gracias por esta historia de corte quevediano, Meme.

Bram Stoker -NG-

Luis Tomás dijo...

Esa nota aguda que posee la belleza y que sólo es perceptible por los que deambulan por la noche, como murciélagos, presos de su hechizo.
De oquedades y destinos hemos compartido tiempos.
Luis