29 may. 2009

Marqués de Bradomín



¿Por qué se merece el Marqués de Bradomín ser salvado de ese otoño de 1902?, bien podría ser esta la pregunta que les ronda en este justo instante. La respuesta no es simple, por ahora solo puedo decirles que lo rescatamos por cara dura, por bandido y mequetrefe, por falsario y descarado, porque su doble moral encarna el estado de ánimo de un cambio de época, de un principio de siglo XX en el que confluyen múltiples corrientes estéticas literarias.


El Marqués de Bradomín es un modernista entrañable en sus contradicciones, un donjuán trasnochado al que no le tiembla el pulso ante la condena capital que le espera en los fogones del infierno, doblemente, por impío y por pío, por católico de postín, por no ser capaz de sentir la pérdida de su dulce, sensible, enferma, devota y mariana Concha más que como la extinción de una religión (o de una especie) de la que él es el único objeto de culto, por frecuentar el lecho de otra mujer acto seguido de la muerte de su prima Concha, por su inclinación hacia las castas jovencitas, por su gusto por las perversiones, por pensar que las mujeres han de ser (muy en la línea de los decimonónicos finales) ideales y carnales, marías y evas a una, un compartimento estanco muy del gusto de las artes finiseculares del XIX y principios del XX.


Lo rescatamos porque nos divierten esas contradicciones endémicas que aqueja el individuo, por eso y porque Valle-Inclán, ese personajazo de largas barbas y capa misteriosa, no nos dejaría tranquilos si no lo hiciéramos.


Acabo de salir del baño de su Sonata de otoño, la primera de una tetralogía que retrata las distintas edades del Marqués de Bradomín, primavera, estío, otoño, invierno, unas cuatro estaciones modernistas muy sui generis y no podía menos que compartir con ustedes mi resaca.


Sin más nos despedimos, no sin antes recomendarles vivamente el provechoso contacto con este noble Marqués de Bradomín y el conocimiento de las contradicciones de su época-¿la nuestra? (baste pensar que el rescatado buscaba nada menos que una amante casta y enferma, sin fuerzas, un desdibujo de mujer que lo idolatrara como a un dios, sino fíjense como llora la muerte de su ¿amada? Concha en la última frase de Sonata de otoño: «¿Volvería a encontrar otra pálida princesa, de tristes ojos encantados, que me admirase siempre magnífico? Ante esta duda lloré. ¡Lloré como un Dios antiguo al extinguirse su culto», que no por Concha).


¡Qué viva el pecado-todos-los-pecados y las transgresiones y visiones que es capaz de engendrar! Hermanos y hermanas, oremos por el alma de este donjuán catoloquísimo que arde en el parnaso de los modernistas.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Marqués de Bradomín, enorme rescate, el original "feo, católico y sentimental", si el último antiheroe del XIX fue el grandioso, histriónico y degenerado Pére Ubu de Jarry, no os quepa la menor duda que el trono de rey sin reino fue heredado por Bradomín, primer antiheroe del XX. Aunque, ahora que lo pienso, Ubu es completamente siglo XX y Bradomín puro XIX. Benditos desfases cósmicos, anacrónicos, aracnofóbicos... ¡Viva el rey sin trono!

C. Ben Goraled (N.G.)

Bramdomín dijo...

Concuerdo con usted, Sr. Goraled o Gorillard, Bradomín es puro XIX irónicamente destruyéndolo desde dentro y ya apuntando al XX. En cuanto a Ubu, un gran maestro, dos grandes antihéroes, sin duda.
Por cierto, la "Sonata de otoño" es una joya desde el punto de vista metaliterario, es increíble el uso subversivo de los topos literarios de la época, qué se yo, el culto al engaño de los decadentes, la atracción por lo sacrílego, la perversión y la enfermedad, esa religiosidad de lo sensual católico o más bien esa pose estética del catolicismo sensual, esa burla de los presupuestos teóricos del modernismo literario. Cuando se publicaron las sonatas Valle-Inclán recibió una manta de palos por parte de los críticos (siempre tan acertados) y aunque se vendió muchísimo (su éxito se debió en parte a la pluralidad de lecturas de las sonatas) no se terminó de entender la ironía de su obra, y eso a pesar de que el texto introductorio era ya una verdadera declaración de intenciones:
"Estas páginas son un fragmento de las "Memorias Amables" que ya muy viejo empezó a escribir en la emigración el Marqués de Bradomín. Un Don Juan admirable. ¡El más admirable tal vez!
Era feo, católico y sentimental".
¿A quién se le ocurriría tomar en serio a un antidonjuán, ¡feo católico y sentimental!?
Cada vez me fascina más este personajazo.

Un Bram resacoso, resacoso y contentín -NG-

Anónimo dijo...

lo de las contradicciones es lo mejor

Lotarino dijo...

Me ha dado un mntón de ganas de leerlo,por lo de sinvergüenza y por sus contradicciones, que como el anónimo de arriba, también me resultan de lo más interesante.

¿Cuántas propuestas de lectura neogomorriles llevamos? ¿Cuántas nos quedan?

Marqués de la Vida de Zutísima, brindo contigo y te pienso descubrir en breve.

-