6 abr. 2009

A COMPLETAR... Venta de billetes en la Biblioteca


A Completar es el nombre que recibe el nuevo proyecto del Colectivo de Animación a la Lectura y a la Escritura Guy Montag al que desde Nueva Gomorra les invitamos a participar.


No sean tímidos, remánguense las camisas y tomen su instrumento, completen, destruyan, modifiquen o alteren la historia que se propone bajo el título «Venta de billetes en la Biblioteca», a tal fin pueden utilizar los espacios destinados a las reflexiones que se encuentran debajo de esta entrada.

Dentro de unos días publicaremos íntegra la historia colectiva que resulte.

Como diría Luc Besnard: Amusez-vous, chers lecteurs-créateurs.


VENTA DE BILLETES EN LA BIBLIOTECA


La Biblioteca fue antaño un lugar sagrado. Pero eso fue hace mucho, mucho tiempo.

Mi nombre es Linda, mi apellido Durán. Hace unos días alguien me pidió que me presentara. Pues bien, aquí estoy. Soy uruguaya y rondo la cuarentena. Estoy aquí y aunque soy yo la voz que narra ,esta no es mi historia (a estas alturas no hay nada que pudiera provocarme más aburrimiento que contarles precisamente a ustedes las desventuras de una mujer que una vez lo tuvo todo para perderlo todo).


Veníamos pues diciendo que la Biblioteca fue un lugar de culto, un lugar donde una vez reinaron el respeto y el entendimiento. Un lugar lleno de humanidad. Ahora son otros tiempos. Las polillas están por todas partes y los libros los devoran las termitas.


Esto lo escribo desde un país incierto, un país rico, riquísimo, un país donde no faltan recursos materiales, ni políticos infames, un país donde las cuencas pueblan los rostros de sus habitantes. Ni un indigente en la ciudad. Nunca. Ni siquiera uno. Llegué a Luxilandia hace más de 10 años y nunca vi a ninguno en la ciudad. Hay quienes dicen que el Gobierno los encierra en campos de trabajo y aventuran que si este es hoy el país más próspero del mundo es gracias a sus manos deshechas de tanto trabajar para el preciado bien común de las Comunidades. Los hay que aseguran que los sin techo viven debajo de la ciudad, en una red de galerías subterráneas donde campan a sus anchas, sin la mirada obscena de una sociedad que no soporta su fracaso. También hay quien sostiene desaforadamente, en tono apocalíptico, que lo peor está por venir, que esa lacra es endémica y que un día.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Se levantarán en masa y armados hasta los dientes acabarán con todo para instalar un nuevo orden social. Los que manejan esta última hipótesis lo hacen con un temblor que sale desde dentro, un temblor en la voz y las pupilas, que deja translucir su deseo de perpetuación de una supuesta comodidad que se limita, como es obvio, a lo material. Y sin embargo, esta tampoco es la historia de la injusticia social que reina en Luxilandia, aunque un poco sí, pero no completamente, es decir, que lo que quiero contar es cómo la biblioteca pasó a ser un mero quiosco de venta de billetes de todo tipo. Billetes de metro y autobús, primero, tarjetas de teléfono, billetes de amor prefabricados para el terrible día de San Valentín (terrible, no porque sea una escéptica del amor, que también, sino porque este día los habitantes nos vemos obligados a soportar unos niveles de presión inauditos: la ciudad huele a perfume imitativo de rosa, es decir, a chicle de fresa, las mujeres se contonean adornadas con lazos rojos y enormes bolsas de papel llenas de algo que suponemos relojes carísimos para sus mariditos o lo último de Armani, pero horrible, sobre todo, porque no se nos permite mostrar indiferencia ni despecho, el desamor queda ficticiamente abolido y una estúpida sonrisa de alelado adorna las caras de los habitantes), aparte de los boletos o billetes de amor, en la biblioteca puede comprarse lotería y...


Plat Metheny -NG-

Anónimo dijo...

De todas formas, en ocasiones contadas, algunos investigadores nocturnos han advertido como en algunas periferias, por llamar de alguna manera a los barrios donde la flor del dinero no crece en abundancia, se dejan ver por algunas esquinas pandillas de mercenarios buscando no se sabe que pieza de caza mayor. Hay algunos de estos investigadores (buscan poetas dormidos en las aceras, mujeres de ojos negros y zapatos rojos que caminan sin rumbo pensando en historias para relatos, investigadores de sectas órficas, etc.) que señalan, incluso, que hay una secta no necesariamente neonazi que promueve la creación de una ciudad subterránea para todos los no-puros que, si alguno de nosotros buscase bien, es probable que tuviera conexiones con las redes de alcantarillado de Nueva Gomorra (incluso de Nueva...). Y...

Lotarino -NG-

Anónimo dijo...

Y, por supuesto, de Nueva Espartápolis.
Como la Biblioteca de Babel, la red de cañerías es infinita e ilimitada. Empezó siendo un pequeño poblado junto al río, a las afueras de la ciudadela, donde hace siglos vivía el vulgo, que debía pagar un tributo para poder franquear la puerta que daba entrada a la ciudadela. Los márgenes siempre fueron terreno fértil para las revoluciones.
En esas estamos. Los banqueros empiezan ya a sospechar, cualquier mujer hermosa de pelo negro, cualquier niño en monopatín, cualquier poeta de parques es una posibilidad de inversión que no pueden consentir, que no piensan consentir.
Fue entonces cuando se crearon los campos para outsiders, centros de internamiento hipermodernos situados en la campiña luxilesa. Allí hubo motines, revueltas y quemas, que, por supuesto, las autoridades se cuidaron bien de silenciar.
Pero ahora es otro tiempo. La revuelta se huele, espera a la vuelta de la esquina.
Las bibliotecas se despiertan.
Si no me creen, no tienen más que escuchar con atención la historia que sigue. Hace unos días, justo cuando la pasión de Thunder Lord, una niña angoleña osó lo inenarrable:


El Gran Plachomsky -NG-