28 abr. 2014

Lo despierta temprano y le sujeta el pie...




Lo despierta temprano y le sujeta el pie
que asoma por la sábana,
en el borde  de la cama.
Él lo sabe y saborea el sueño.
Luego vendrá sacarle el zumo a las cabras
y coger el matrancho
que tanto le gusta a padre con el guiso.
Pero ahora es su madre quien le acaricia
su pelo de romero y despierta;
los ojos se le han preñado de legañas y ve poco,
sólo una figura en el espejo de la jofaina.
Cuando se sienta a la  mesa,
un plato de leche con pan en remojo
le calma el hambre de la mañana
y se mete en la boca un trocito de tomillo
para parecerse mayor en el reflejo del agua.
La leche aún huele a ubre.
Hace frío en el corral y el postigo se ha helado esta noche.
El niño es sincero
y mira como un canto rodado a su rebaño;
le huelen las manos a campo y a vida,
una cabra ha parido hoy junto a un risco
y se carga el choto tras el cuello pues hay prisa,
este viento madre dice que trae agua.
Vuelve a casa sobre la punta de las alpargatas
y tocando el birimbao cuando no arrea.
Se le acaba el día con un ramal de leña al hombro,
y hay más palos que hombre,
tan niño,
tan falto de juego,
tan lleno de dolor en los huesos.

Ángel Rodríguez

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