26 nov. 2012

Reencuentros sepultados en las tripas de una comPUTAdora

Y ahora cómo me saco este dolor de dentro...

No, no es una afirmación retórica, ni mucho menos. Algunos amigos saben el tiempo que llevaba sin escribir. Tiempo perdido, tiempo vacío, tiempo sed y hambre, tiempo sin tiempo, tiempo estrecho.... El sábado cogí un ordenador portátil, abrí un documento de texto y me puse a escribir. No sé muy bien de qué iba la historia. Sé que contaba muchas cosas, que era un texto fragmentario donde hablaba del silencio y del espacio, de las vidas rotas por el fracaso y de la belleza de las ruinas. De nuevo las ruinas y ese personaje de cuarenta y tantos años que a veces me visita en sueños. Ese tipo que vive en un poblado de caravanas y usa pantalones vaqueros negros, camiseta blanca y es serio y a la vez amable y vive con su perro. Un tipo que no tiene sombra y que encontró su sitio tras la renuncia y la huida, tras darle la vuelta al pastel de la soledad. Un tipo sin gafas que también lee, aunque solo sea novelas de aventuras.

¿Y el texto? Volvamos a él. Llevaba cinco páginas (quizá esté escribiendo de esta manera casi automática para exorcizarme) de letra menuda y apretada, no sé cuantos miles de caracteres, aunque eso poco importa, cuando una mujer abrió la puerta de la habitación donde estaba escribiendo y entonces ya no más texto, ya no más tiras y afloja con ese personaje del que huyo como la peste cada vez que me lo encuentro. 

¿Y después qué? Sí, lo peor de todo: un ordenador que se rompe sin saber muy por qué y mis palabras perdidas entre tanta basura virtual. Eso me pasa por olvidarme del papel y por pensar que las máquinas son inocentes. Y ahora quién vuelve a escribir... ¡Quién! Mascar silencio como un vaquero. Mascar silencio como el personaje que vive en el poblado de caravanas, el que barrunta los confines del desierto antes de caer la noche, tan solo acompañado de su perro, sin dolor y ya sin marcas en la piel tostada por el sol del medio-oeste. Ese personaje que...

Solo me queda tatuarme a fuego la cita de Tabarovsky.


2 comentarios:

Juan Cruz López dijo...

Es un texto que encaja mejor en La banda... Pero ya no lo muevo.

Amaroq dijo...

La literatura continúa, sí...